LOS DETALLES
Los tiempos han cambiado tanto desde entonces que los manifestantes, llegados desde distintos puntos de la Comunidad, reclamaban en esta ocasión el derecho a ver en sus casas una televisión: la televisión pública catalana, la TV3. Junto con las tradicionales consignas a favor de la unidad de la lengua y los gritos por la independencia de los Països Catalans, fue el Consell gobernado por el PP el que concentró la mayoría de las críticas por el cierre del repetidor de La Carrasqueta que permitía estas emisiones.
Casi todas las pancartas, como la de Acció Cultural del País Valencià (ACPV) que encabezaba la comitiva, reclamaban este año la «libertad de expresión y la pluralidad informativa». Los asistentes, convocados por sindicatos, partidos políticos y asociaciones cívicas de un amplio espectro de la izquierda, cargaron contra la «censura» de la Generalitat a la televisión catalana. Entre ellos destacaban el presidente de ACPV, Eliseu Climent, o algunas de las caras más mediáticas de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC): su portavoz en el Congreso de los Diputados, Joan Ridao, y su secretario general, Joan Puigcercós.
En declaraciones a La Verdad, este último arremetió contra la «mentalidad medieval» del PP. En su opinión, en un mundo globalizado «no tiene ningún sentido poner barreras a la cultura».
Todo el recorrido, desde el Instituto Jorge Juan hasta la Plaza de Toros, donde se leyó un manifiesto a favor de TV3, estuvo presidido por la música de tabals y dolçaines, banderas cuatribarradas y soflamas contra la Corona.
La manifestación discurrió sin incidentes, según la Policía, que desplegó a varias decenas de antidisturbios. Por la mañana, un muro situado junto a la estación de Renfe recibía a los visitantes con una pintada fascista que aludía a Guillem Agulló, el joven de Burjassot asesinado hace quince años por un ultraderechista en Montanejos. Por la tarde, ya había sido tachada y a su lado alguien había escrito Mort al Estat junto a un símbolo anarquista.








