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La soledad impuesta
16.04.08 -

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Con el título del presente artículo se podría resumir la situación vital de un colectivo cada vez más numeroso en el seno de la sociedad occidental: el soltero sin vocación. Fruto también de las sociedades más desarrolladas es la preferencia por el uso de anglicismos para definir cualquier fenómeno y el tema de hoy viene definido por el término single, refiriéndose al colectivo de personas que viven solas (solteros, viudos, separados y divorciados). Ahora bien, desde la propia definición del término, el single lo es porque prefiere la soledad y la libertad al compromiso y las ataduras que implican la decisión de vivir en pareja o formar una familia. Muchos de ellos están contentos con su estatus y con la independencia implícita a su condición, pero algunos de ellos conviven con una soledad impuesta por una situación no deseada. Hace catorce años, en España había unos cuatro millones y medio de personas adultas sin pareja; a día de hoy la cifra ha aumentado hasta los siete millones y sigue creciendo. Paradójicamente y lejos de la supuesta libertad e independencia que conlleva la soltería, ocho de cada diez solteros españoles admiten estar buscando pareja, de manera que su situación de soltería no parece así un estatus del todo deseado. No es de extrañar, en este contexto, la aparición y propagación de portales en Internet dedicados exclusivamente a la búsqueda de pareja on line, pues a la pregunta de si creen realmente que existe algún soltero que sea completamente feliz en su situación, ocho de cada diez responden que no. Las mujeres, por un lado, echan de menos el apoyo emocional en su condición de solteras y los hombres, en cambio, añoran el contacto físico.

También es cierto que hay muchas personas solteras que se encuentran plenamente satisfechas en su situación y no echan de menos la compañía estable de otra persona. Porque es una soledad voluntaria, que no impuesta, y están absolutamente convencidas de las ventajas y aceptan sus inconvenientes.

De esta manera, nos encontramos ante un colectivo que tiene en común la vida en solitario, pero hay una clara diferencia entre la soledad de cada uno de ellos: hay quien está solo porque realmente quiere estarlo, como hemos apuntado anteriormente; en segundo lugar, hay quien está solo porque no encuentra alguien con quien estar; un tercer grupo de solteros conviven con su soledad porque no pueden hacerlo con una compañía adecuada y un cuarto grupo, que no estando solos físicamente, se sienten así aún compartiendo su vida con alguien. Este último no entraría en la definición de single como tal, pero viven una soledad similar o quizás más acusada que aquellos que no tienen compañía física.

El soltero por convicción, o vocación, diría yo, es aquel que decide libremente convivir con sí mismo y con su soledad deseada que no obligada. Porque lo prefiere a cualquier otra forma de convivencia y porque está convencido de que su situación es una realidad decidida voluntariamente, ya que las necesidades afectivas y las relaciones de pareja no forman parte de sus prioridades. Si bien es cierto que no es una opción normal (estadísticamente hablando), ya que la mayoría de individuos lo que realmente desea es establecer un vínculo estable junto a alguien, siguiendo ese precepto que afirma que no es bueno que el hombre esté solo, ya que la tendencia natural está en el goce de vínculos amorosos estables que nos permitan la consumación de dos necesidades humanas básicas: el amor y la sexualidad.

El soltero del segundo grupo, el que está solo porque no tiene compañía, sufre una soledad impuesta, ya que en realidad su situación actual no es la deseada por él, aunque muchos de ellos se escuden en los preceptos que guían al primer grupo de solteros y acaban convenciéndose a sí mismos de que están solos porque realmente lo quieren estar. Un buen ejercicio de autocrítica les permitirá encontrar las razones de su soledad averiguando cuáles son las razones por las que no tienen compañía. Muchos de ellos, en pleno proceso de autovaloración, empiezan a mejorar aspectos de su propia personalidad que les desagradan e intentan el acercamiento a otras personas para salir de su soltería.

El tercer grupo de singles hace referencia a aquellos que no encuentran compañía adecuada a sus necesidades y prefieren estar solos antes que mal acompañados, como suele decirse. Y este argumento se convierte en la fuerza principal que les impulsa a vivir la vida en solitario. Están convencidos de que el esfuerzo que implica vivir en pareja o asumir responsabilidades compartidas es motivo suficiente para no implicarse en relaciones. Este tipo de soltería es el que menos daña el autoconcepto, porque la mayoría de ellos pasa de un primer pensamiento del tipo no encuentro la persona adecuada a prefiero estar solo, aunque muchas veces el término adecuado se traduce en alguien dispuesto a aceptarnos.

Por último, aunque no esté estrictamente incluida en la definición de single, se encuentra la peor de las soledades: sentirse solo estando acompañado. Ésta genera un gran vacío afectivo planteando grandes conflictos éticos y de conciencia, ya que quien se siente solo porque lo está físicamente siempre tiene la alternativa de buscar a alguien con quien compartir su vida, pero aquel que ya la comparte con alguien y se siente solo no dispone de esta opción, ya que se encuentra comprometido, aunque la relación le provoque un vacío emocional.

Con todo esto se nos plantea un nuevo panorama en el que la vivencia en solitario es una opción cada vez más frecuente, ya sea impuesta o no, en la que será mucho más productivo aprender a vivir solo y saber convivir con uno mismo, a pesar de que no es del agrado de la mayoría, porque son pocos los que declaran estar a gusto en esta situación. Quizá sea cierta la creencia de que el hombre es un ser social, ya que, como decía Arthur Schopenhauer, el instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.

www.soniacervantes.com

Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.
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