Hoy en día existen, a mi juicio, tres grandes prototipos de mujeres en la sociedad española: un primer grupo de mujeres que desean tener una relación que se consolide en un vínculo amoroso estable para posteriormente casarse, tener hijos y formar una familia. Este modelo es el que, de manera tradicional, ha seguido nuestra sociedad prácticamente desde su formación. En un segundo lugar se sitúa el grupo de mujeres que deseando una pareja estable con quien compartir su vida, prefieren no unirse legal o religiosamente a través de la institución del matrimonio. Formando así una relación estable que termina sin papeleo tan pronto como acaba el amor. En tercer y último lugar se encuentra el grupo de mujeres que huyen del término pareja, sea estable o no y deciden libremente mantener relaciones esporádicas con compañeros también esporádicos. Ante este panorama, los hombres han tenido que ir cambiando los modelos de referencia imperantes hasta hace pocos años. Su aceptación de los cambios y la adopción de los nuevos roles femeninos en la sociedad van desde la adaptación a la nueva realidad a la negativa del cambio. Pero es que las mujeres que han adoptado estos nuevos modelos de relación provienen, en su mayoría, de una educación donde ha prevalecido siempre el modelo tradicional, así es que unos y otras deben adaptarse a la nueva dinámica y no todos lo consiguen en el intento. De modo que nos encontramos inmersos en un período de adaptación a la nueva estructura en las relaciones de pareja. Piensen, queridos lectores, que el esquema tradicional poco a poco está aprendiendo a compartir terreno con maneras alternativas de entender la pareja. Cuesta definir claramente los roles porque precisamente hoy en día no está tan clara la frontera entre ellos, no están tan diferenciados como lo estaban en otra época. Hay un claro solapamiento de funciones en ambos sexos y este hecho dificulta su categorización, lo cual no tiene por qué ser necesariamente negativo. Simplemente hay que aceptar y entender la nueva realidad que nos rodea y vivir con ella lo mejor que podamos dentro de nuestros propios esquemas y sin renunciar a nosotros mismos.
Son varios los factores sociológicos, laborales e históricos que han promovido todos estos cambios: el hecho que la mujer haya empezado a trabajar como opción primordial y no alternativa al sustento familiar, alejándola paulatinamente de la exclusividad del cuidado del hogar; la píldora anticonceptiva ha relegado la función reproductora de la sexualidad a un segundo término, facilitando el goce y disfrute sexual femenino; la presencia de la mujer en ámbitos sociales claramente masculinos y muchos otros factores han contribuido al establecimiento de los nuevos modelos imperantes.
Las relaciones de hoy en día se establecen más en términos de iguales donde ambos miembros no presentan una diferenciación de roles tan clara como lo hacían generaciones anteriores. Las mujeres trabajan y no se dedican exclusivamente al cuidado del hogar e incluso hay hombres que cursan baja laboral por paternidad. Hombres y mujeres comparten muchas más actividades que han estado determinadas en función del género durante mucho tiempo.
Creo que hay una clara tendencia a formar parejas sucesivas, de segunda e incluso de tercera y cuarta generación. Las personas se enamoran y se comprometen pero cuando el vínculo se desvanece la mayoría opta por volverlo a intentar. En la sociedad occidental se convive con alguien mientras la cosa funciona pero posteriormente siempre suele iniciarse una nueva cuando la cosa deja de funcionar, estableciendo así una monogamia sucesiva.
Apuesto por las relaciones de pareja simétricas basadas sobre todo en el amor y en la madurez personal. Si estamos bien con nosotros mismos, seremos y haremos felices. Creo que la adopción de estos nuevos roles nos puede beneficiar a todos, tanto hombres como mujeres, si creemos que se abren nuevos horizontes ante nuestros ojos. Considero que son modelos mucho más dinámicos y flexibles que los anteriores, donde cada uno de nosotros puede ejercer distintas funciones de acuerdo con nuestras propias necesidades personales, independientemente de nuestro género. Sin duda alguna, saldrán perjudicados quienes se empeñen en luchar por el mantenimiento de un estatus inamovible o aquellos que se sientan amenazados en su feminidad o masculinidad por los nuevos cambios. Porque, como decía Goethe, si tenéis confianza en vosotros mismos inspiraréis confianza en los demás.
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Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.








