
EN CAMINO
Kati Parra tiene una tienda de golosinas y chucherías en la localidad murciana de Totana y lleva a sus espaldas tres trabajos publicados: Acordes de soledad, «el primer libro que nunca se debiera publicar»; Síntomas de Olvido fue su segunda obra y Espejos para huir hacia otra orilla es el tercer volumen de la autora, con el que consiguió el Premio Nacional de Poesía, además de alguna obra inédita.
En Coma idílico hay temas sociales, amor, desamor, desencanto, en dos partes. La primera son Posturas imposibles, «en tono sarcástico, algo que no puedo evitar, ya que intento escribir un poema romántico y me sale así». La segunda opción se llama Colorín, colorado, «donde recupero paisajes de la infancia, de la adolescencia, y una elegía a mi padre, que falleció hace poco».
Kati Parra llevaba dos o tres años sin escribir, y se decidió a recuperar Coma idílico del cajón, para apostar fuerte, por un galardón como el que ayer consiguió.
El libro nació hace cuatro años. «Casi todos los poemas están inspirados en situaciones que me han pasado a mí o a personas cercanas, amor, desamor y mucho sarcasmo». El jurado adivinó ayer en su trabajo frecuentes guiños a Neruda y las canciones de Serrat de fondo. «Soy una gran enamorada de Serrat, es el único ídolo mortal de carne y hueso que tengo, sigo toda su biografía, su discografía». Respecto a Neruda no es tan explícita: «No sabría que decir, me gusta pero no lo incluiría entre los tres o cuatro que más me gustan, me gusta más Miguel Hernández», afirma.
Además, el poeta oriolano referencia del galardón es imprescindible para la totanera. «Es una de las grandes figuras, hecho a sí mismo y que ha conseguido enamorar a muchas generaciones, por lo que estamos obligados a conocerle».
Permanente vocación
Catalina empezó a escribir muy pronto, «cuando no sabía que lo que hacía eran poemas, y después siempre he llevado esa curiosidad, esa inquietud, hasta que fui descubriendo autores». Mira hacia Miguel Hernández, hacia Becquer, a Lorca, «es el que mejores metáforas escribió», pero también a muchos contemporáneos «de los que prefiero no dar nombres porque tengo amistad con muchos de ellos, y no quiero herir sensibilidades», esgrime.
Ante la odiosa pregunta de si sólo los poetas leen poesía, la creadora reconoce que «somos los que más la leemos, pero vivimos ahora una época positiva para la literatura y para la poesía, aquella hermana pobre que poco a poco consigue el lugar que se merece».
Sus cifras son reveladoras. «Hace unos años había pocas convocatorias de concursos de poesía y ahora hay más de dos mil, y mucha gente colaborando». A la autora de Coma idílico, definida por José Luis Ferris, presidente del jurado, como «un ajuste de cuentas con la vida y acaso con el desamor, y una dulce e inteligente venganza con ironía», le gusta estar informada de tendencias, ofrece algunos talleres para adultos y niños, pero «no hay nada en concreto que me incite a escribir, puede surgir en cualquier momento, aunque sí procuro ser exigente con la forma y el contenido».
Difícil, muy difícil, «aunque se puede conseguir», vislumbra Catalina llegar a vivir de la poesía: «Sería mi sueño», reconoce sin ambages.
Al día
La ganadora ha cofundado los grupos literarios Espartaria y Jitanjáfora, además de colaborar en prensa, radio y en varias antologías de ámbito regional y nacional. «En Murcia hay bastante actividad literaria y sigo en contacto con un grupo, además de una serie de contactos ocasionales con Carlos Marzal o García Montero, entre otros muchos».
Es muy pronto para pasar página tras Coma idílico, pero Kati Parra ya ha terminado un nuevo poemario infantil y se encuentra trabajando en otra obra que todavía no tiene título, «sólo genérico».
«Los premios son un gran estímulo, porque si no existieran ni tampoco las publicaciones ¿qué haríamos los poetas?», concluye la poetisa que además de embolsarse los 12.000 euros, conseguirá ver su obra publicada por la prestigiosa editorial madrileña Hiperión.









