
A las 10.53 horas salía de la Basílica la imagen de la Virgen de la Asunción, a los sones del Himno Nacional, entre el disparo de la cohetería, el repique de campanas y el lanzamimento de aleluyas desde lo alto del campanario. Realmente estaba fijada la salida para las diez y media de la mañana, pero hubo que retrasarse debido a que se prolongó la misa que estaba teniendo lugar en el primer templo de la ciudad.
Ya desde el inicio, toda una odisea llevar el Estandarte, misión que le correspondió a la tripleta de la Trencà del Guió, y en la que los hermanos Víctor y Alfredo Sánchez Tormo hubieron de ir alternándose para sostener dificultosamente el mástil, pasándolas en ocasiones realmente canutas cada vez que les cogía una ráfaga fuerte, en el cruce de puentes, bocacalles y otros puntos propicios para que el viento soplara a sus anchas. Como parte positiva, la auténtica gozada de la gente al contemplar el vuelo de las aleluyas, realmente impresionante a lo largo de todo el recorrido.
En las presidencias, tras el trono de la Patrona, la Corporación Municipal, con el alcalde, Alejandro Soler, y la representación del clero presidida por el obispo de la Diócesis, Rafael Palmero Ramos, que una vez más, gozó de verdad en esta singular procesión. En la de Jesús Triunfante, el presidente de la Junta Mayor y otras personalidades. Al frente, en ambas procesiones, centenares de cofrades de todas las cofradías y hermandades, con sus vestas, sin cubrirse, en franca alegría, repartiendo caramelos, así como fieles con cera, que en esta ocasión, aunque muchos pretendieron encender las velas, tuvieron que dejarlo por imposible, debido al viento.
Al llegar la procesión de la Virgen a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús fue recibida la imagen de la Patrona, delante de la puerta mayor, cantándose una salve y con una oración a cargo del vicario de la misma. Siguió la procesión por la calle Chapí y en la confluencia con Reina Victoria, se encontró con la del Cristo Resucitado, y a las 11.34 horas se llevó a cabo el acercamiento de ambos tronos con el consiguiente Encuentro, a los sones del Himno Nacional, el disparo de una potente cohetada y la suelta de palomas, jalonados por los ¿vivas! a la Virgen y al Cristo Resucitado, y el cerrado aplauso de la gente.
Animada comitiva
El público había ido colocándose en el lugar, tras las vallas preparadas al efecto, pudiéndose desarrollar el acto con plena nitidez. Eso sí, la presidencia de la Virgen tuvo que presenciarlo desde atrás, al igual que muchísima gente que venía acompañando en la procesión, y después hubo que esperar muchos minutos para que fuesen pasando delante para seguir a la procesión de Jesús Triunfante que marchaba en cabeza.
Reina Victoria fue todo un poema, multiplicándose los lanzamientos de aleluyas, y nada digamos de la Plaça de Baix, en que desde lo alto del Ayuntamiento, donde eran lanzadas, las estampitas formaban una auténtica nube, esparciéndose por toda la plaza, al tiempo que una fuerte cohetada anunciaba la llegada de la Patrona.
Y una vez llegados a la Corredora, una auténtica gozada, ya que por la estrechez de la calle, la condensación era más efectiva, y como el viento las mantenía en vuelo, presentaban unas escenas deliciosas. Otro tanto ocurrió al llegar a Puente Ortices, en que desde los pisos altos, los lanzamientos se sucedían con un resultado fabuloso.
La llegada de la Virgen a la Basílica fue acogida, al igual que la salida, con el himno y lanzamiento de aleluyas desde lo alto del campanario, gracias a la dotación que para el efecto había realizado la Sociedad Venida de la Virgen, y el disparo de cohetería.
Atraparlas
Una auténtica gozada y un brillantísimo espectáculo la procesión de las Aleluyas, que hizo salir a las calles ilicitanas a más de cuarenta mil personas, participando y presenciando el colorido cortejo, según cálculos de la Policía Local. El viento, que a la sombra se dejaba notar por el frío que traía, y que de no haber soplado hubiese deparado una mañana auténticamente primaveral, pero como contrapartida, sirvió para dar mayor lucimiento al lanzamiento de aleluyas.
La calzada, a lo largo de todo el itinerario era un auténtico manto de marcado colorido, y los niños, afanándose en coger las aleluyas, mientras los mayores daban rienda suelta a sus cámaras fotográficas y trataban asimismo de atrapar las huidizas estampas.









