
De momento, los tres matones que pegaron a los dos agentes inmobiliarios para obligarles supuestamente a pagar una deuda a Aitor González no han sido detenidos. Son una pieza clave de la investigación para confirmar quién les contrató. En cualquier caso, el ex ciclista estuvo en la inmobiliaria al mismo tiempo que los matones, según confirmó ayer un amigo de los dos agredidos que se encargó de atender a los clientes a lo largo de la jornada laboral.
Esta persona precisó además que «Aitor González y los hermanos Noguera tenían inversiones conjuntas». Insistió en que, además de dedicarse a la compraventa y alquiler de viviendas, son promotores y constructores. Su campo laboral se centra actualmente en la Vega Baja y en los alrededores de Alicante. Aitor González vive precisamente en San Vicente del Raspeig.
A falta de conocer la versión de las víctimas, que no quisieron hacer declaraciones ayer, la supuesta deuda o comisión no abonada por los hermanos Noguera podría rondar los 300.000 euros, según habría dicho el ex ciclista. El método expeditivo empleado parece apoyar la teoría de que el desacuerdo entre las partes tiene que ver con una importante suma.
La empleada del quiosco que colinda con la inmobiliaria, María José, fue testigo auditiva de la paliza. Afirma que el tabique de separación es «de cartón», lo que le permitió oír lo que sucedía en el negocio de al lado, sobre las once de la mañana del lunes. «Oí unos golpes muy fuertes y creí que el edificio se venía abajo», relata la joven. Dice que no pensó en ningún momento que se trataba de una agresión porque, entre otras cosas, nunca había pasado nada en la inmobiliaria y porque «nadie habló, ni gritó».
El ruido de los golpes, según María José, se prolongó cerca de un minuto y «luego se hizo el silencio». Salió de su establecimiento para comprobar lo sucedido, pero los matones y González ya se habían ido. Con la llegada de los policías se enteró de que habían dado una paliza a sus vecinos.







