Marta se ha encontrado en Londres con varios compatriotas, que no han tardado mucho en atar cabos para darse cuenta de que doblan ropa, codo con codo, junto a una dependienta archimillonaria. «Está muy rubia y con el pelo muy largo, más delgada de lo que parece en las fotos», relata una de las empleadas. «Y encima de incógnito, con una coleta. Me lo comentó otra compañera: '¿A qué no sabes quién trabaja aquí? ¿La hija de Amancio Ortega!'».
Según los testimonios de sus compañeras, Marta es «súper tímida». «A veces no levanta la mirada del suelo. Un día, cuando todavía no sabía quién era, me fijé y observé en su muñeca un pedazo de Rolex de tres kilos. En Zara, todas podemos ir con los últimos modelitos de ropa, pero ese reloj no lo lleva cualquiera», explica una española que trabaja con ella.
«Otro día nos tocó hacer inventario y allí estaba Marta, contando como yo. Intercambiamos algunas palabras. Marta siempre con la voz muy baja, casi como si fueran susurros. Ella está atenta al almacén, sale, mira etiquetas, dobla la ropa. Lo del inventario es muy duro, pero ahí estaba, etiqueta para arriba y etiqueta para abajo. Es una chica muy discreta, muy normal. Excepto por el reloj, claro», desvela una compañera.
Según comentan los dependientes del Zara londinense cercano a Sloane Square y King's Road, Marta emprenderá en los próximos días un viaje a Singapur y Japón, donde seguirá imbuyéndose del funcionamiento de un imperio que está llamado a heredar. Esta gira mundial acabará en el mismo punto donde comenzó: el Zara de Chelsea. Entonces Marta ya sabrá lo que es pasar por los distintos departamentos del gigante: desde las ventas hasta labores financieras o de diseño.Y no olvidará lo que supone realizar un inventario o doblar ropa. Es lo que hizo su padre, que comenzó desde la base.





