
Con esas historias de esos lugares, esas calles, esas plazas y esas gentes tan peculiares que son los oriolanos. Y trae en sus páginas recuerdos, anécdotas, dichos, lugares, muchos de ellos que ya no existen. Colomina ha sido siempre un hombre estudioso y, sobre todo, enamorado de su «Orihuelica del Señor» que lo vio nacer y crecer, aunque un día tuviera que abandonar por razones profesionales. Pero fue un hasta luego, porque regresó y ahora desde Alicante, su residencia habitual, no pasa fin de semana que no visite sus calles, sus plazas y las gentes que todavía viven allí. En su niñez, en su adolescencia, en su juventud, Colomina Riquelme -apellidos arraigados en su pueblo- fue acopiando recuerdos y tradiciones orales transmitidas de padres a hijos y nietos, que ahora ha decidido llevar a la imprenta, para que aquello que escuchó o vio de niño, de adolescente y de joven, no se pierda, como ocurriría si no existieran personas como él.
El pasado año, Ediciones Club Universitario (ECU), que es una solución para autores alicantinos, le editó su primer volumen y en vista de la buena acogida, Colomina pensó, y ECU le secundó la idea, de editar un nuevo libro, que es el que nos ocupa, Costumbrismo, paisajes, anécdotas, la mayoría no escritos por nadie jamás, que han configurado esta nueva publicación, impresa en Gamma, de San Vicente del Raspeig, y que consta de 198 páginas, con infinidad de fotos de casas, lugares y personas.
A lo largo de sus veintiséis capítulos, Colomina nos cuenta historias de la calle Mayor, de la Plaza del Carmen, de la calle la Meca, de la esquina del Pavo, de la calle San Juan donde nació Miguel Hernández y la calle de Arriba, a donde se trasladó la familia para estar más cerca del monte donde pastorear el ganado, El Rodeo, donde iban los mozos para no ser vistos en su tropelías. Casas de lenocinio, como la de Lola la Carbonera, en Triana, La Lucía, en la calle las Flores, o la del callejón. Y poniendo otro ejemplo, la calle La Meca, donde nació el famoso Arzobispo Loazes, fundador del Colegio Santo Domingo, y que tanta dignidad alcanzó dentro de la prelatura.
Al final, el interesante libro de este escritor oriolano de nacimiento recoge un completo vocabulario panocho habitual entre la gente del campo de Orihuela, entre otras voces, Abrecoque (Albaricoque), Abonico (hablar muy bajo), Fallito (estropeado), etcétera. Colomina me pidió que le prologara tan bello libro creyendo, erróneamente, que le iba a dar cierta categoría. Pero, una vez leído, intuyo que la categoría me la ha dado él a mí.







