Pasados los días festivos, la ciudad vuelve a imbuirse en la normalidad con las miras puestas en la vendimia que incluso este año parece que va a venir adelantada a merced de las altas temperaturas que han permitido una temprana maduración del fruto.
Mientras tanto, la ciudad se despereza y vuelve a la actividad salpicada a veces en curiosidades que nos recuerdan a otros tiempos.
Es el caso de Miguel Tenorio Oliver, quien nos sorprende con un oficio tan cercano en el afecto como lejano en su origen como es el de afilador ambulante de cuchillos. Una prueba de ello es que la presencia en la ciudad del 'afilaor', siempre supone un motivo para una sonrisa y la curiosidad.
Miguel podría llevar 20 años jubilado - tiene 84- pero todavía recorre los pueblos de la Mancha, Andalucía y a veces Levante y tiene a gala autoproclamarse como 'el afilaor más viejo del mundo'.
Como buen profesional de su campo es gallego, cumpliendo con una regla no escrita que dice que todos los que se dedican a este oficio deben ser gallegos. Es natural de Pontevedra, aunque ya esta afincado en la Mancha.
El oficio ha evolucionado y en la actualidad lo realiza en una furgoneta, preparada en su parte de atrás con esmeriles y máquinas que permiten que realice su labor, una de aquellas que nos retrotraen a otros tiempos en los que no faltaban en ninguna calle profesionales que trabajaban a domicilio, desde vendedores hasta reparadores de diversos utensilios.
Evolución del oficio
Hoy quedan algunos de ellos, aunque modernizados y su llegada sigue marcada como siempre por el sonar de una flauta, heredera de la zampoña andina, hecha de plástico y que parece haber sido inventada para ellos, pues todo el mundo asocia su sonar con la presencia de un 'afilaor', pese a que hoy en día es una grabación.
Miguel habla de su trayectoria y su oficio al que lleva la friolera de casi 80 años unido, pues empezó a trabajar en él con sólo 7 años. Desde entonces recuerda como ha cambiado todo, pues ahora con la furgoneta es muy cómodo; si bien anteriormente se realizaba en una pequeña motocicleta, y antes con una bicicleta. La fuerza del motor o de la rueda servía para mover la piedra que afilaba cuchillos y navajas. Claro que ahí donde no llega nuestra memoria nos ilustra que antes de la bicicleta utilizaban un armazón - carrillo, lo define - de madera giratorio que en este caso llevaban a pie y que servía para realizar un trabajo que en esencia sigue siendo el mismo.
Miguel visita Villarrobledo dos días a la semana y tiene una serie de clientes habituales, como bares y restaurantes. Uno de ellos, el círculo mercantil, lo recibe con agrado y uno de sus responsables, también de nombre Miguel, nos cuenta su relación con él, «antes venía en bicicleta y entonces no llevaba ni furgoneta ni sombrilla», mucho ha evolucionado la cosa y especialmente en agosto se agradecen las comodidades.
Negocio
Acompaña al maestro, José Tomás, valenciano y, según asegura, pariente del famoso torero. Habla de temas variados, como la crisis, que no parece afectar a este tipo de trabajadores y en especial de Miguel, todo un personaje en tierras manchegas, donde ya es muy famoso y muy querido en los lugares que visita. Sin embargo, ambos nos recuerdan que el negocio es el negocio y hay que fomentarlo.
De hecho, ambos trasladan una queja que quieren hacer a las administraciones pues pese a contar entre sus clientes con bares y restaurantes, hay una excepción como son los paradores nacionales de turismo, donde no le permiten la entrada. Me sumo a esa reivindicación y pido que dejen a Miguel entrar a afilar en los paradores nacionales, no obstante su actividad tiene tanta solera e interés cultural como los edificios más emblemáticos de nuestro patrimonio.