Obtener el carné de conducir tipo B es algo por lo que la mayoría de los jóvenes entre 18 y los más de 20 años pasan. Para conseguir la licencia es necesario pasar por una autoescuela; allí preparan a los alumnos para los dos exámenes a los que se tienen que enfrentar, el primero, el teórico, por el que se evalúan los conocimientos adquiridos en seguridad vial. Y el segundo, el práctico, para comprobar que los alumnos son capaces de conducir un vehículo con todas las garantías.
Para la primera de las pruebas, en las autoescuelas se imparten clases en las que, según Almiro González, director de la Autoescuela Almiro que cuenta con más de 16 años de experiencia en la profesión. Se dan conocimientos sobre señales, alumbrado, seguridad vial y mecánica del coche. Almiro asegura que «no damos las clases para que aprueben, procuramos que se adquieran bien los conocimientos porque es una garantía a la hora de subirse al coche. A la gente que, por lo que sea, no va a clase tanto, se le nota a la hora de coger el coche», asevera Almiro.
Enfrentarse a las prácticas
A la hora de enfrentarse a un alumno que no se ha puesto frente a un volante en la vida, Almiro asegura que lo más importante es que el conductor conozca la máquina que lleva; opina que conducir es similar a practicar un deporte ya que lleva implícito una técnica que cada uno aprende con el tiempo y la conducción.
Entre las prácticas que la Autoescuela Almiro incluye en su plan de aprendizaje, entran clases obligatorias en las que se aprende como bajar o subir una rampa con un gran desnivel con el freno motor, o como reaccionar ante situaciones difíciles. Almiro dice que «tenemos una pista de 7.000 metros cuadrados en la que se suele ir en un par de ocasiones para practicar las frenadas de emergencia. El profesor lanza el coche a una gran velocidad y obliga al alumno a que frene en seco, son cosas que son muy útiles para los que están aprendiendo».
El temido examen
Sobre la temida prueba en la que los alumnos se tienen que subir al coche con un examinador evaluando como conducen, Almiro asegura que los fallos que se producen siempre vienen motivados por la falta de control y destreza sobre el coche, además de por una falta importante de base. «Cuando un alumno se salta un semáforo, un paso de cebra o un ceda el paso, la culpa es de la falta de destreza, no se encuentran sueltos, no acaban de manejar bien el coche, por eso están más pendientes de la forma de frenar, de girar el volante o de meter la marcha que de lo que les rodea». Sobre este examen hay muchos mitos, como que los nervios son los que hacen que se suspenda, el profesor asevera que «si se tienen los conocimientos y el control, por muy nervioso que se esté, sale adelante».
El eterno dilema sobre si los hombres conducen mejor que las mujeres ha sido zanjado rápidamente por Almiro, que afirma tajantemente que «como mucho, hace ya bastantes años cuando los coches no tenían dirección asistida, las mujeres podían encontrar más dificultades a la hora de estacionar. Pero hoy en día puedo asegurar que son más cautas a la hora de coger el coche».
Por último, el director de la autoescuela añade que en los últimos meses se está asistiendo a un problema que viene motivado por la situación económica, y es que la gente quiere ahorrar y dar menos clases prácticas de las que necesita, por lo que muchas veces la precipitación hace que haya un indice más alto de suspensos. «Cada alumno es un mundo, cada cual necesita un número de clases, los hay que con diez clases dominan perfectamente el coche, y los que con 30 están muy verdes». Almiro entiende que la situación económica es difícil y que sacarse el permiso de conducir es un desembolso importante, pero una vez se embarca en el aprendizaje, lo mejor es completarlo adecuadamente.
Al hilo de la economía, el profesor y director de autoescuela confirma que está siendo un verano complicado por el bajón de alumnos y que la gente está intentando retrasar al máximo el pasar por la autoescuela. También confiaba en que, tarde o temprano, la mayoría de la población necesita el carné por motivos de trabajo, por lo que esta situación de incertidumbre pasará.