«Bájate, Gorka, que ya no vale la pena». Gorka Verdugo pedaleaba rezagado contra sí mismo, contra una herida abierta de diez centímetros que deja a la vista su tibia. Reptaba para llegar a la meta y soportar el dolor hasta el martes, día de descanso. Luego, quizá, podría empezar a trabajar en lo suyo: ayudar a Samuel Sánchez, su líder en el Euskaltel-Euskadi. «Bájate, Gorka, que Samuel se ha caído y ha tenido que retirarse», le dijeron. Y paró. El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Ya no había motivo para el calvario. Al Euskaltel-Euskadi, como al Garmin o al Movistar, este Tour le ha acribillado. Samuel y Verdugo ingresaron ayer en la enfermería donde están desde el viernes sus compañeros Astarloza y Txurruka, y sus rivales Erviti, Freire e Iván Gutiérrez. El Tour sigue dándole a la manivela de su ametralladora.
Mirando nada. Así, con los ojos en blanco, se quedó Samuel Sánchez en el kilómetro 99 de la octava etapa. Acababan de pasar el col de la Douleur. Un nombre que avisaba. La etapa iba a doler. Este Tour es asesino. El campeón olímpico se desequilibró por un frenazo. Voló. Y de repente, apareció desparramado en el suelo, con Valverde encima, y sin brazos. No le respondían. La mano derecha rota y la clavícula zurda, seguramente también. Echó a llorar. Con el cuerpo roto, el alma lloró por él. Ni Tour ni defensa de su medalla de oro en los Juegos. Su equipo, en el que sobreviven cinco dorsales, queda desmantelado. ¿Quién logrará ahora los puntos para obtener plaza en el Pro Tour? El kilómetro 99 fue letal. Y también es ya la última etapa de Samuel en este Tour, una jornada trepidante, descosida.
Wiggins, escoltado por su fiel Froome, sostuvo el liderato sin apuros en el ascenso del col de la Croix, el último del día, y mostró temple en el descenso ante los retos de Nibali y Evans. Menchov, Schleck y Zubeldia, ciclista de goma, se unieron a ese grupo de élite. El guipuzcoano, silencioso y cauto, ya es quinto en la general. Pero es como si no quisiera que nadie se enterada. 'Shhhhhh'. «El líder de mi equipo es Kloden», insiste. ¿Kloden? El alemán está ya a más de cuatro minutos de Wiggins. Kloden es pasado en las edades del Tour.
Aunque hay otros ciclistas sin edad. Voigt, por ejemplo, que ya tiene 41 años y las mismas ganas de un debutante. Lo que el más viejo del Tour comenzó con sus ataques en el inicio de la etapa lo terminó el más joven: el francés Thibaut Pinot. Apenas 22 años. Escalador francés nacido a una hora de la meta suiza de ayer, la de Porrentruy, la que le vio ganar.
Pinot no tenía que haber vencido ayer. No estaba inscrito en el Tour. Demasiado pronto para él. Pero la lesión de un compañero le abrió la puerta. De rebote hasta la victoria. En 2000, a su hermano mayor, un prometedor ciclista, le bajaron de la bici. Sufría una hipertrofia cardiaca. El corazón demasiado grande. Julien Pinot se dedicó entonces a su hermano pequeño, a entrenar a Thibaut. Lo hizo bien. Él y Gallopin (24 años) suenan a esperanza en Francia.
En el grupo
Los dos se metieron en el grupo que iba recogiendo las migas de pan que dejaba Voigt. También estaba allí Kessiakoff, el sueco que se lanzó luego a por la etapa. Le van bien los puertos de segunda como los de ayer. Pero el último era de primera. Y Pinot le cogió y le dejó. Quedaba bajar a Porrentruy. Suiza es el país de la puntualidad. «Han sido los diez kilómetros más largos de mi vida», confesó Pinot. Los disfrutó. Entró solo. La victoria del benjamín. Un nombre a recordar. Suya era la etapa. El Tour estaba en juego un minuto más atrás. Wiggins y Evans subían la Croix espiando sus pasos. Hoy les espera el duelo reloj en mano: la crono de Besançon. Ayer les puso a prueba el belga Vandenbroeck, que no ha dejado de caerse en este Tour. Cuesta arriba, aceleró. Y le quitó la cortina a la carrera. A la vista quedó el nivel de los favoritos: a Vandenbroeck le siguieron Wiggins, Froome, Evans y Nibali. A unos metros, Zubeldia, Menchov y Schleck. Faltaba Taaramae, el estonio que pagaba los esfuerzos del día anterior en La Planche des Belles Filles.
El Sky de Wiggins y Froome domó la subida. Mandan. Intimidan en esta primera mitad del Tour. A Nibali, según replica, no le asustan tanto. Es siciliano. Si no puede cuesta arriba, pues cuesta abajo. Eso hizo el italiano volador. Pero tampoco. Evans, que ataca de viejo lo que no atacó de joven, lo probó ya en el llano, con la meta a la vista. Tampoco. Los que se jugarán el Tour entraron en el mismo segundo. Un poco por detrás de un chaval que seguirá coriendo cuando todos ellos están ya jubilados, Pinot. Buena cepa. Mientras, en el hospital de Belfort, a Samuel lo llenaban de vendas. «Sabes que es lo peor de esto. Lo peor es tener que ver el Tour por la tele».