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El Sky abusa en el Tour

CICLISMO

El Sky abusa en el Tour

Froome gana la etapa y Wiggins se coloca líder en el primer final en alto, donde flaquea Samuel y pincha Valverde

08.07.12 - 00:38 -
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Que vienen los bárbaros. Hace cuatro siglos, las doncellas subieron hasta esta montaña gala huyendo de los bárbaros. Los mercenarios habían pasado a cuchillo a todos los hombres del poblado. Y querían más: un festín con las mujeres. Ellas lo impidieron. Eligieron su muerte. Se arrojaron al lago que corona el pico. Silencio en las aguas negras. A este lugar lo llamaron La Planche de las Belles Filles. Por ellas.
Que vienen los bárbaros. A partir de ayer lo dirán por ellos: por los bárbaros gregarios del Sky. Por Hagen, Rogers y Porte, que ahogaron con su ritmo, sus manos y sus piernas a Menchov, Schleck, Samuel (perdió minuto y medio) y Valverde (más de dos minutos). Lo dirán por Froome, el africano del Sky que le tuteó a Cobo la Vuelta 2011 y que ayer batió a Evans en la cima del monte de las doncellas. Y, sobre todo, lo dirán por Wiggins, el jefe de los bárbaros, el nuevo líder de este Tour que habla una lengua del norte, inglés. Wiggins quiere ser Induráin, su ídolo. «Soñaba con vestirme como él, de amarillo», dijo ayer sobre la Planche. En el agua flotaban los cadáveres de la mayoría de sus rivales. «El Tour es cosa de tres: Evans, Nibali -los únicos que le aguantaron junto a Froome- y yo», sentenció a falta de dos semanas largas de carrera. Bárbaro líder.
En el Tour nunca se pisa tierra firme. La guillotina acaricia siempre las nucas. Ayer, en el primer final en alto, en apenas cinco kilómetros de subida, la Grande Boucle tuvo tiempo de sobra para decapitar dorsales. Los candidatos iban desapareciendo monte arriba. Doncellas al lago. Wiggins no mira la carretera, no escucha el bullicio. Pedalea en su burbuja de datos. «Iba mirando mis vatios», dijo. Leyendo dígitos de potencia en su ordenador de a bordo. Les gustaban las cifras que veía. Tenía un plan: «Coger el maillot amarillo, mi sueño». Mandó apretar a Hagen. Luego a Rogers. El Tour cambiaba de velocidad. Demasiado alta para Leipheimer. Al lago. Para Gesink. Otro al agua. Y para Valverde, que braceaba cabreado por su mala suerte. Había pinchado justo antes del puerto. «Esto es una mierda. Ayer me caigo y hoy pincho. Nunca tengo fortuna en esta carrera», bramaba. Ya está a cinco minutos de Wiggins. En el fondo del lago.
«El ritmo del Sky era inaguantable», suspiró Zubeldia. Y eso que él casi lo soportó. Sexto en la etapa, a 44 segundos de Froome, y sexto en la general, a 59 segundos de Wiggins. Se libró del baño. «Era un tren increíble», admitió Samuel Sánchez. A 3 kilómetros del final comenzó a echar humo. Gripado. Así de simple: «No podía ir más rápido». Sabe bien cómo pedalear cuando está en apuros. Redujo pérdidas, pero vio cómo sus opciones de podio se hundían en las aguas oscuras de la Planche. El campeón olímpico cree que aún puede rescatarlas. Se consoló: «El año pasado iba peor a estas alturas. Todavía queda Tour».
En 2011, tal día como hoy, Wiggins maldecía en un hospital de Châteauroux por los huesos rotos en una caída masiva de aquel Tour. «No lo olvido». Ayer, cuando Rogers reventó, ordenó a otro de los suyos, a Porte, apretar la soga. Los puso a todos rojos. Asfixiados. Samuel, Frank Schleck y Brajkovic boqueaban. Para cuando Froome, el último de los bárbaros de Wiggins, dio relevo a Porte, el Tour eran cinco dorsales: Froome, a rueda Wiggins, y como lapas, Evans, Nibali y Taaramae. Escabechina.
Menchov, tibio otra vez, Zubeldia, Rolland, Monfort y Brajkovic fueron los únicos que perdieron menos de un minuto. El resto estaba ya en la plancha para arrojarse al lago, huyendo de los bárbaros. Insaciables. «Froome tiene un gran físico y un gran sentido del deber», ensalzó Wiggins. Su gregario no es su rival. «Wiggins va mejor que yo contra el cronómetro», zanjó Froome. Fiel. Aun así, permanecerá en la recámara por si el Tour se le hace largo a su patrón, en forma desde marzo. Una barbaridad. «Froome me hace el trabajo más fácil», agradeció su líder y el de todos. Cierto. Justo antes del kilómetro final, al tallo africano ya sólo le soportaban Wiggins, el rostro torcido de Evans y la cara angustiada de Nibali. «Mi cabeza quería atacar, pero mis piernas no podían», confesó el italiano.
Arranca Evans
El dúo del Sky esperaba la respuesta de Evans, el australiano. Los bárbaros querían la piel del canguro. Evans arrancó en la curva llana que daba acceso al muro final, una escalera al 20% de desnivel. Evans es duro. Puso la barbilla y el alma sobre el manillar. Wiggins controló con la mirada. Y dio permiso a Froome para replicar. Una voz manda y otra responde. Froome, codos abiertos, agarró a Evans y lo tapó.
Al entrar con dos segundos sobre Evans y Wiggins, y siete sobre Nibali, levantó sus tres brazos. Dos eran suyos. Y el tercero de Wiggins, que así, mano en alto, celebró el milimétrico cumplimiento de su plan. «Queríamos ser líderes ya. No es demasiado pronto», soltó con suficiencia. En este Tour sin las arrancadas de Contador, el Sky empieza a blindar el triunfo de Wiggins. Salvo Evans y Nibali, ayer todos sus rivales acabaron tirándose al lago. Huyendo de los bárbaros.
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Froome gana la etapa y recibe el abrazo del nuevo líder del Tour, Bradley Wiggins. :: EFE / AFP

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