«En algún sitio algo increíble nos espera para ser descubierto», escribió Sagan. Carl Sagan era astrónomo, visionario. Le gustaba decir que el ser humano está hecho de polvo de estrellas. Ayer, el Tour conoció y descubrió una estrella, un ciclista increíble: Sagan. Peter Sagan tiene 22 años y ya acumula 38 victorias; lleva dos días en el Tour y ya tiene una etapa. Al cruzar primero la meta de Seraing, una colina verde sobre la cenicienta Lieja, le aguardaba Eddy Merckx. Le estrechó la mano. Cruce de estrellas. Dicen que en Sagan hay algo de Jalabert, de Kelly... Quién sabe si algo de Merckx. Hay tiempo para comprobarlo. A su edad, le queda una eternidad. El ciclismo y el Tour han entrado en la órbita del 'planeta Sagan'.
Basta mirar hacia las viejas estrellas: en el Tour de 1993 un chaval americano de 21 años, Lance Armstrong, ganó su primera etapa en Verdún. Nadie, hasta ayer Sagan con su 22 años, se había acercado tanto desde entonces.
Cuando un director le vio por primera vez dijo: «Es oro en barra». Venía de ganarlo todo en el mountain bike y el ciclocross. Y le llevaron a correr a Australia en 2009. Tenía 19 años. Debutó en el criterium previo al Tour Down Under. Aquel día atacó Armstrong, ya veterano. Y el tal Sagan salió a por él. Descarado en su primer día como profesional. ¿Relevo? Días después salió a por Evans en el único puerto de la carrera austral. «Me hacía ilusión», alegó divertido, como si nada. Un chaval de mirada metálica y sonrisa pícara.
Enseguida le pusieron nombres: 'Rambo', por su fuerza; 'Saganator', por sus arrancadas destructoras; 'Sagánico', por su astucia. «Le pido perdón a Cancellara, pero es que si le doy un relevo no le gano», dijo ayer en la meta. Otra sonrisa con pimienta. Niño malo. 'Peter Pan' Sagan. Travieso. Cuando le preguntaron a qué se debía el gesto burlón con que celebró su victoria en Seraing, respondió: «Bueno, antes del Tour estaba con unos amigos sentado en el sofá y decidimos hacerlo». Cosas de chavales. Más risas. Pero en bici Sagan no bromea. Que nadie se engañe: es el campeón que viene.
El Tour cuenta historias de hombres. El navarro Pablo Urtasun, Gené, Bouet, Delaplace y Morkov quisieron contar las suyas desde el kilómetro 3. Vieron en fuga el Tour tal y como lo describió uno de sus legendarios cronistas, Antoine Blondin: 'Papá, mamá, la fiambrera y yo'. Las familias belgas coparon las cunetas. Aplaudieron la escapada, que se acabó cuando empezaron la velocidad, el estrés y, claro, las caídas. Un espectador, cámara en mano, tumbó a una docena de dorsales. Al muleño Luis León Sánchez se le hinchó la muñeca derecha. Malo. A Tony Martin lo llevaron tras la etapa al hospital. Una de sus clavículas no le sostenía el brazo y se verá obligado a abandonar. Es la tensión del Tour, la que precede a la cuenta atrás, a los 2,5 kilómetros que subían hacia la meta de Seraing.
Ataca Cancellara
Arenas movedizas. Alejandro Valverde, que también se había caído, apretaba el paso para ganar posiciones entre los primeros. A 2 kilómetros del final apareció la fuerza ciega de Chavanel. Hasta que le tosió el motor en una curva de pavés. Las piedras de la París-Roubaix, la carrera de Cancellara. El suizo, líder del Tour, se sintió en casa. Miró al suelo y vio los adoquines, su aliados. Y vio algo más. En el ciclismo las sombras hablan: él iba sentado, poderoso; los otros, de pie, lengua fuera. Sólo otro le imitaba. Una sombra joven, insolente, sentada, la única que pudo seguirle. Era Sagan.
Unos metros más allá Boason Hagen tuvo aliento para atraparles. Detrás, Evans, Wiggins, Gilbert, Valverde, Samuel, Menchov y Nibali se apretaban en el mismo grupo. A cubierto. Más lejos, Leipheimer cedía metros. Quedaba un kilómetro. El líder suizo tiraba de Sagan y Hagen. Sin pedir relevo. «Ataqué para conservar el maillot amarillo. Y cuando ataco siempre doy relevos. No me escondo», se quejó. Hagen no podía dárselos. Sagan no quiso. Iba a ejecutarle.
«Es joven. Espero que lo que Sagan me ha hecho hoy se lo hagan a él alguna vez», maldijo Cancellara. «Al menos confío en que me regale una buena botella de vino italiano», se consoló. Cancellara se acerca al final de su carrera. Sagan acaba de llegar. De lejos, de Eslovaquia, y rápido. A su padre una crisis le cerró el bar. Malos tiempos para criar a cuatro hijos. A Peter le compraron una bici en un supermercado para ir a la escuela cuando tenía 9 años. Aquella primera pedalada infantil incio el despegue hacia las estrellas.