El mundo tiene un problema medioambiental muy serio: la población occidental está produciendo más basura de la que el planeta puede absorber sin ser dañado por culpa de un consumismo irracional, que está abocando a los expertos a inventar y diseñar nuevas fórmulas con la que gestionar de manera eficiente estos residuos que originan una preocupante contaminación a la atmósfera y al suelo. Solo en Albacete, cada habitante produce 420 kilos de basura al año, 35 kilos al mes y 1,17 kilos al día, último dato éste que se sitúa por debajo de la media nacional, establecida en 1,5 kilos/habitante/día.
Esto significa que hasta el centro de tratamiento de residuos sólidos urbanos de Albacete -comúnmente conocido como vertedero- donde se depositan las bolsas de basura de 39 municipios de la provincia (incluida la capital) y 21 de Cuenca, el pasado año llegaron 131.950 toneladas de desechos, a pesar de que esta planta fue diseñada para recibir una media de 107.000 toneladas/año. ¿Qué significa esto? Pues por lo pronto, la necesidad de acometer en los próximos tres años una ampliación de las celdas de vertido a juzgar por la cantidad de toneladas de más que están llegando cada año a este vertedero que gestiona el Consorcio Provincial de Medio Ambiente. Una planta de tratamiento que se inauguró en 2003 y que está comprobando cómo a partir de 2007 se está produciendo una tendencia a la baja en la entrada de basura. Tanto es así, que en 2010 se recogieron 137.478 toneladas, 5.528 más que el pasado ejercicio. ¿El motivo? La crisis y el continuo descenso del consumo, estrechamente ligado con la producción de basura.
Si todo fuera como es debido, hasta el vertedero de la ciudad de Albacete debería llegar de forma exclusiva materia orgánica y residuos no reciclables, de tal forma que se pudiera elaborar compost para el campo y el denominado 'resto' se enterraría en el vertedero ante la imposibilidad de ser aprovechable.
Un poco de todo
El problema es que en una sola bolsa de basura doméstica se puede encontrar de todo, tanto materia orgánica como residuos reciclables, hasta incluso productos tóxicos y peligrosos como pilas, bombillas, pinturas..., pero al ir mezclados tienen mucha dificultad para ser recuperados.
Así al menos lo corrobora Rafael Martínez, técnico del Consorcio Provincial de Medio Ambiente (órgano autónomo encargado de la gestión de los residuos urbanos), quien cita como mejor ejemplo las bolsas de plástico mezcladas en la basura en masa, primero porque son muy volátiles; segundo porque son difíciles de reciclar al estar mezcladas con el resto de desechos; y tercero porque en el mercado tienen un precio negativo, es decir, «tenemos que pagar para que vengan a llevárselas». Su destino final e inexorable: el vertedero, es decir, que las bolsas de plástico que llegan a los contenedores verdes acaban enterradas, mientras que si se depositaran en el contenedor amarillo de los envases sí que entrarían dentro del sistema de recuperación y reutilización.
Solo el pasado año, hasta el centro de tratamiento de residuos urbanos llegaron 129.047 toneladas de basura en masa -o 'todo uno'-, a las que se suman 2.903 toneladas de envases que deberían haber sido depositados en el iglú de color amarillo.
Separación por turnos
Hasta 2005, esta planta de tratamiento contaba con dos líneas que separaban la basura en masa y los envases. A partir de ese año, el centro se automatizó de tal forma que redujo a un circuito que ahora se separa por turnos, para que de la basura en masa se puedan recuperar los residuos orgánicos con los que hacer compost y se puedan hacer balas con los envases que posteriormente se lleva Ecoembes.
Si seccionáramos una bolsa de basura casera, encontraríamos que el 40% de ella es materia orgánica y el 60% restante productos retirados que se podrían reciclar pero que, sin embargo, se tiran al cubo de la basura sin realizar la preceptiva selección en origen.
Según datos del Consorcio, el 48% de toda la basura que llega al centro de tratamiento acaba en el vaso de vertido, es decir, que otro 52% se consigue recuperar. Además, del 40% de materia orgánica que se recibe se obtiene un 11% de compost, porque el resto «se pierde en el proceso», según Rafael Martínez, quien indicó que este compost se vende a los agricultores.
Además de medioambiental, unos buenos procesos de selección en origen y reciclaje producen beneficios económicos, especialmente a los ayuntamientos, dado que éstos pagan un canon en función de las toneladas de vertidos que se depositan en los contenedores tradicionales. La operación matemática es sencilla: a mayor reciclaje, menos basura urbana en el contenedor verde, con lo que la factura final del ayuntamiento en cuestión también será menor. También aliviaría bastante la marcha del llenado de los vasos de vertido pues, de seguir a esta marcha, el Consorcio se tendrá que plantear en no más de tres años la ampliación del vertedero. De los cinco vasos que se construirán en total, ya se están trabajando en el tercero.
15 y 20 metros
Para evitar el temido impacto ambiental, el Centro de Tratamiento de Residuos Urbanos de Albacete profundiza entre 15 y 20 metros -dependiendo del nivel freático- y sella cada vaso cuando alcanza una altura en superficie de 15 metros. En un solo vaso, los residuos que se entierran se echan a granel y cuando alcanzan los dos metros, después de ser compactados, se aplica una capa de 20 ó 30 centímetros de tierra. Este proceso permite recoger los lixiviados -resultado de la putrefacción de la materia orgánica- que, a través de un sistema de tuberías, se depositan en una balsa para su tratamiento. La descomposición de los lixiviados produce biogás que el Centro de Tratamiento utiliza como combustible para el funcionamiento de una turbina productora de electricidad que el vertedero vende a la red nacional. Una parte de estas ganancias se destinan a amortizar la inversión realizada en la planta de biogas; otro porcentaje se dedica al beneficio industrial del gestor de la planta; y el tercero se ingresa al Consorcio Provincial de Medio Ambiente, que lo utiliza para comprar contenedores y camiones y desarrollar campañas de educación ambiental. Con los vasos ya sellados, el Consorcio tiene en cartera realizar hidrosiembra para recuperar la zona paisajísticamente hablando.
En la provincia de Albacete, la basura orgánica se gestiona en dos centros de tratamiento, el AGES 1 que da cobertura a 310.121.000 habitantes de 42 municipios de Albacete y 21 de Cuenca; y el AGES 2, formado por la unión de Hellín, Sierra de Alcaraz, Peñas de San Pedro, Tobarra, Sierra del Segura, Almansa y Campo de Montiel. El pasado año, en este centro de tratamiento concreto se gestionaron 49.784 toneladas de basuras, lo que supone 1,04 kilos por habitante al día.