Hace unos días Julián Ros, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de la capital desde el año 2000, recibió la noticia de que sería trasladado a la Catedral para relevar a Luis Marín, anterior párroco, que falleció el pasado 10 de mayo.
Mantiene que fue el propio obispo quien tomó la decisión, que le llegó a «modo de petición» y que, «como tenemos promesa de obediencia, se obedece». Aunque lo vive como un mero traslado de parroquia, es curioso que regresa a la Catedral, donde comenzó como vicario parroquial en el año 1992 , y sí que vivirá algunos cambios en sus competencias.
Hasta el momento había sido vicario judicial y canciller secretario general en el Obispado; en este último cargo lo sustituirá Antonio Abellán, hasta ahora párroco de Alcaraz y que también lo suplirá en la parroquia del Sagrado Corazón. Además, y aunque considera la de San Juan Bautista como «una más del conjunto de 18 parroquias» repartidas por la ciudad, sí que mantiene que, de alguna manera, podría considerarse a la Catedral como «la casa de todos», por contar con «la particularidad de estar custodiada por la imagen de la Virgen de los Llanos». Por lo que, ésta debe estar, si cabe, «más abierta a todos» los ciudadanos.
Como ocurre cuando se inicia una etapa, Ros afronta su nuevo cargo con «el sentimiento de esperanza e ilusión» propio de «una nueva tarea», sin pensar en otra cosa que «hacer las cosas bien, servir a las personas y acercar la parroquia a cuanta más gente mejor».
Y es que, asegura el que ya es nuevo párroco de la Catedral, aunque espera que su traslado se haga efectivo a primeros de agosto, que «no vamos a traer nada nuevo». Pero sí es consciente de que las circunstancias cambian y, con ellas, el modo de actuar. Por ello, su labor irá encaminada a que «el mensaje de la iglesia llegue a más personas y, si las circunstancias son distintas, habrá que hacerlo de manera distinta a la de otras épocas».
Nuevo reto
Sea como sea, Ros asegura que vive este momento como un período «apasionante para anunciar el evangelio; pues se trata de un momento de muchos cambios que «no dejo de entender como un reto».
Julián Ros mantenía una relación de «amistad, pese a la diferencia de edad», con el recientemente fallecido Luis Marín, pues además de haber coincidido con él en el obispado, donde Ros ha trabajado desde el año 1997, «desde que tengo conciencia, ha sido secretario general de la Diócesis de Albacete».