«Afirmo que estos hechos son verídicos, son episodios vividos». Así de rotundo se mostró el perito psicólogo de la Guardia Civil ayer en la última vista del juicio contra un hombre de Almansa acusado de abusar de los amigos de su hijo, al referirse al testimonio que los niños prestaron para explicar lo que el acusado había hecho y dicho.
La continuación del juicio, que se celebró en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial y comenzó con la declaración de varios y familiares y amigos del procesado, incluida su mujer, que reiteraron que era una buena persona, incapaz de abusar de un menor.
Tras su declaración, llegó el turno del perito de la Guardia Civil, que explicó como los dos niños de cinco años, amigos del hijo del acusado, le refirieron en una conversación los abusos. En concreto explicó que la niña le dijo que el acusado era un guarro, porque la llevó al baño, le enseñó «la cuca» y le dijo que se la «chupara», cosa a la que ella se negó, dejándola el acusado marchar. Por su parte, el hermano corroboró esa historia, porque su hermana se la había contado, explicando además que a él también se la había enseñado y le había dicho lo mismo aunque él no había hecho caso.
Por último, consideró que lo narrado «eran hechos vividos» y aseguró que el interrogatorio se había hecho con todas las garantías, sin la presencia de la madre, como aseguró el abogado de la defensa.
En la vista, el letrado de la defensa, también hizo referencia al informe realizado por una psicóloga de los juzgados, que decía que el testimonio de la niña era creíble y el del niño no, que sin embargo no pudo declarar en el juicio, haciéndolo una tercera psicóloga que aseguró que no encontraba error en el informe elaborado por el psicólogo de la Guardia Civil, que si vio en el de la segunda psicóloga, afirmando que no se podía decir con rotundidad que el niño no dijera la verdad.
Mayor validez
También aseguró que era normal que los pequeños hubieran olvidado cosas después de tanto tiempo y que su primera declaración (la que hicieron ante la Guardia Civil) era la que tenía mayor validez.
Por último, añadió que no existía un perfil del 'abusador' y que una persona que abusa, no tiene por qué presentar una patología, ya que puede cometer abusos puntuales.
También declaró un psicólogo llamado por la defensa, que estudió la personalidad del acusado y el caso y que dijo que veía «imposible», que el procesado fuera culpable de los hechos que se le imputaban, aunque luego precisó que no era normal que lo hubiera hecho.
A continuación declaró un especialista en psiquiatría legal y forense, también llamado por la defensa, que explicó que el acusado no entraba en el perfil de pedófilo «no se corresponde con su personalidad», añadiendo que no se podía decir con rotundidad que no hubiera cometido los hechos, aunque le parecía muy improbable, pues no había hechos externos que así lo indicaran.
En cuanto a los testimonios de los menores, dijo que el del niño no era creíble y que el de la niña era «inconsistente», asegurando que las declaraciones de los niños podían venir condicionadas por el «exceso de celo» de la madre, con respecto a los temas de abusos de sexuales.
En sus conclusiones finales, la fiscal solicitó una pena de siete años de prisión. Por su parte, el abogado de la defensa, Emilio Sánchez Barberán, pidió la libre absolución de su cliente y la letrada de la acusación particular, Estrella Toribio pidió nueve años de cárcel.