Una vez compré un contador en un expositor de esos que hay en los bares. Es uno de esos que se pusieron de moda a raíz de un anuncio de desodorante en el que un fulano, poco agraciado, iba marcando el número de chicas que se llevaba al huerto a causa de la presunta fragancia que lo envolvía por usar el mencionado producto. ¿Lo recordáis? Pues bien, yo utilizo el aparato para conteos estadísticos, muy frecuentes en mi trabajo, pues soy ingeniero forestal y cuento árboles, marras en las repoblaciones, bichos en los censos de los cotos de caza, etc.
Resulta que cuando volví a Albacete a pasar la última Navidad, ahora resido en Zamora, llevaba mi artilugio el bolsillo. Durante los paseos diarios que me pego por la ciudad y los alrededores, ante la multitud de saltitos, cambios de paso, quiebros y rodeos (slalom), que hay que dar en las aceras para esquivar las mierdas de perro, me he decidido a publicar el siguiente documento, un estudio basado en datos reales apuntados durante los días 25, 30, 31 de diciembre y 1 de enero. Características de la 'muestra':
1ª.- Cuatro paseos de 12 kilómetros (2 horas a 6km/h. más o menos), siempre por aceras y veredas, en general utilizadas por ciclistas y peatones, suman un total de 48 kilómetros.
2ª.- Sólo conté las plastas que no fueron mancilladas. Las zurraspas o berretes, que son las marcas procedentes de los intentos vanos de deshacerte del premio arrastrando los zapatos sobre el pavimento, cuentan 1/6, es decir, cada seis zurraspas equivalen a una mierda.
3ª.- No contabilicé las meadas y detritus varios. De ser así, mis paseos de esta Navidad se hubiesen ceñido a idas y vueltas a la manzana donde vive mi suegra, ya que el conteo sería infinito debido a que todas las señales de tráfico, farolas, árboles, ruedas de coche, papeleras, contenedores, esquinas, dinteles y, en general, protuberancias dignas de micción, están siendo agasajadas convenientemente con la visita diaria de docenas de perros. En verano, con 40º C a la sombra, será menester andar con mascarilla para capear el hedor.
4ª.- Las cacas difícilmente pisables, las deyecciones depositadas en los alcorques, césped, jardines, macizos y, en general, lugares por los que una persona normal no caminaría, son también contabilizadas, ya que son indicadores fehacientes del gran problema de educación que tenemos.
Resultados: En cuatros días contabilicé la cifra de ¡235 caprichos perrunos!, lo que arroja una mierda de perro cada 204 metros recorridos. La cadencia de pasteles disminuye en el centro de la ciudad y en las zonas de paseo periféricas, por ejemplo por las sendas del canal de Mª Cristina, o por detrás del Campus hasta La Pulgosa. Sin embargo, supone un verdadero problema en los barrios.
De todo esto saco tres conclusiones: 1) aparte de guarros, los amos de los perros son vagos y maleantes ya que no les gusta andar más allá de las aceras de su barrio; 2) que la gente que sale con su can fuera del casco urbano es más cuidadosa; 3) que el Ayuntamiento tiene más celo en la limpieza del centro, cosa comprensible, aunque no la comparto.
Por último, me gustaría reseñar que si salgo con mi niño de 8 años, príncipe del despiste (el rey soy yo) desde casa de mi suegra hasta casa de mis cuñados, unos 700 metros de trayecto, la probabilidad de que el chiquillo ensucie las zapatillas en este camino hostil es del 17,56%, ya que topamos con una densidad de trufas de casi 125 puntos por encima de la media. Es decir, teniendo en cuenta dos paseos por cada vez que vamos (hay que ir y venir) el resultado es de una mierda cada 2 visitas. En este caso, los guarismos estadísticos se ven desvirtuados porque tanto mi esposa como yo nos sabemos la copla y siempre vamos haciendo slalom por la acera con el niño. Pero si lo dejas a su bola no falla: 2/3 visitas y premio.
En fin, que tenemos una ciudad minada de mierdas de perro, que nadie pone remedio, ni siquiera lo intenta, y que algunos se dan puñetazos en el pecho anunciando que Albacete es una ciudad limpia y modélica. Pues hombre… ¡no! Y estoy dispuesto a prestar mi aparatito contador al que dude de lo que acaba de leer.