Bajo su fachada de empresario serio se esconde una persona muy divertida y algo coqueto. Apasionado del footing corre no menos de cinco días a la semana y es un ávido lector. Otra de sus pasiones es el mar. Emprendedor inquieto tiene empresas en Brasil, Uruguay y en Marruecos.
- El día perfecto.
-Final de mes, cuando le pago a mis trabajadores. En 34 años que llevo no le ha faltado nunca la paga a ninguno de los trabajadores de las nueve empresas de las que soy administrador. Cuando les pago es el día que mejor duermo.
- Un lugar para perderse.
-Ibiza. Estoy enamorado de Ibiza. Llevo yendo desde que era hippie en el año 74, cuando aún vivía Franco.
-¿Fue hippie Artemio Pérez?
-Sí. Llegué a ser hippie. Tengo fotos por ahí de esa época. En segundo de carrera llegué a pensar en dejarla y quedarme en Ibiza. Otros compañeros se quedaron. Menos mal que no me quedé allí a estar viviendo en las cuevas del Castillo. Dormí allí y en el cementerio de San Antonio.
-Un vicio.
-¿Un vicio, una debilidad? (Medita un rato). Trabajar. Yo empecé a trabajar a los once años. Mi padre me decía «los hombres no están enfermos, están vivos o muertos». En una ocasión mi catedrática de Literatura me dijo «los hombres se merecen la vida si cada vez se la juegan». Ésas dos frases son las mías. Esa reflexión de mi padre me ha permitido que con 57 años no haya faltado ni un día a trabajar, ni a la universidad ni a clases en bachillerato.
-¿El último capricho que se ha dado o tiene pendiente?
-Navegar por los mares del Sur de Brasil hasta el Mar de la Plata. Tengo ese capricho pendiente. Llevo un año allí con temas laborales y no dejo de pensarlo.
-¿Existe el famoso yate del que siempre se hablaba en las concentraciones ante Feda?
-Empecé con una moto de agua y un barquito pequeño. Ahora tengo uno, es pequeño ya que tiene 13 metros, que solo puede navegar por el Mediterráneo y lo llevo yo. Cada cuatro o cinco años, si me ha ido la vida bien, el capricho que me he dado ha sido cambiar de barco. Pero pasito a pasito, no como otros que han hecho saltos espectaculares. Tengo el mismo barco que hace seis años. Me podría permitir un barco diez veces más grande, pero no. Yo de cada tres euros que he ganado siempre, uno lo he pagado a Hacienda, otro lo he repartido a los socios y yo como soy mayoritario me he llevado una buena parte, y otro lo he dejado en la empresa. Mis empresas le han pagado el equivalente a 30 barcos a Hacienda así que porque tenga uno yo...
-El último libro que ha leído.
-Estoy leyendo 'El prisionero del cielo', de Carlos Ruiz Zafón. Leo mucho. Me gusta la literatura de intriga con algo de historia.
-¿Qué música prefiere?
-Soy un clásico. Llevo siempre a Julio Iglesias en el coche (se ríe). Mi hija, con 19 años, me dice que se lo ponga para que se duerma porque de pequeña se dormía en el coche así. Pero también me gusta la música moderna y escucho Los 40 principales. Pero Julio Iglesias me relaja.
-¿Y de películas?
-No voy mucho al cine pero me gustan las de intriga. La última que vi fue 'El discurso del rey' y me gustó porque es histórico y de superación humana.
-Le conocen como el Chuck Norris albaceteño, ¿le molesta?
-En Paraguay y en Uruguay me han confundido también. En los 80. Ni me sienta bien ni mal. Pero yo creo que soy más joven y más alto, porque en las películas siempre lo hacen todo más grande. Él es más duro que yo, gana más que yo, pero yo soy un poco más alto y no tan chulo. Soy una persona muy sensible y muy humana. Pero me han confundido con él y en la provincia con Siro Torres.
-¿Ha tenido hipoteca?
-Sí. He comprado y vivido en tres viviendas de protección oficial, en Hellín, Torrevieja y Albacete. En Hellín viví también de prestado y estando casado compartiendo vivienda. Ahora tengo varias casas y tendré una en Brasil, que estamos construyendo con la empresa que tengo allí. Podré ir en 2014 a ver el Mundial.
-¿Cómo es la casa de un constructor?
-Es normal. Un poco grande, de 200 metros. Pero es muy normal y está en un barrio normal del centro. Tiene algún detalle en el salón. La hice hace 20 años. Podría cambiar, pero yo no mando. Ahí manda la mujer. Bastante tengo con mandar en mis empresas.