Hacía tiempo que no veía a Carmen Panadero Herrero, empresaria y otrora, concejal del Ayuntamiento de Albacete. Uno de sus hijos me comentó que ahora, a sus setenta y nueve años, acudía a la Universidad de la Experiencia en el campus de Albacete. Pero la curiosidad de ver el aspecto físico actual de esta mujer de fuerte personalidad, polifacética, independiente, organizadora y arrolladora me intrigaba.
Parece que el tiempo no ha pasado por ella, pues su imagen externa es realmente magnífica. ¿Cuál es su secreto, el elixir para estar como está tras muchas operaciones, once en total, haber parido a doce hijos, de los que viven nueve y contar con esa edad, de haber perdido a su compañero de tiempos y cosas, Asensio Piqueras hace pocos años?
La respuesta de esta hellinera afincada desde muy niña en Albacete brota con una contundencia extrema. «No ha ningún secreto, la genética funciona, mis padres también fueron octogenarios. Y no hay que olvidar otra circunstancia que influye mucho como es el ánimo con el que se encara la vida. A pesar de todas las dificultadas y circunstancias de una existencia, siempre he sido una persona muy animosa». Es su conclusión, su mensaje.
Carmen Panadero expresa una dualidad existencial que le hace pensar. «He tenido la suerte tremenda de tener un marido excepcional, que me puso de inmediato al frente de una empresa sin tener ninguna idea ni conocimientos técnicos para ello. Fue un reto para mí en aquel momento. pues no tenía experiencia ni estudios para ello, pues al terminar el bachiller me quedé con mis padres bordando y aprendiendo a cocinar, como era la costumbre de entonces».
Y profundiza más en esta situación de la que se siente especialmente satisfecha. «Además, mi hermano se fue de seminarista y mi hermana de monja. Yo tenía que haber seguido por lógica con el negocio de mi padre, pero no quiso. Fue un planteamiento muy distinto al de mi marido. Para salir adelante con la empresa familiar apliqué sobre todo el sentido común».
No obstante, uno piensa que no fue fácil sacar aquel proyecto adelante, pese a que aquellos tiempos, años sesenta, la situación social y económica era tan distinta a la actual. «Fui de las primeras mujeres empresarias en Albacete, con plenos poderes para dirigir una empresa. De hecho, Metamöbel se dedicó mucho a la contratación con organismos oficiales y me tocaba viajar a los ministerios del gobierno de entonces o por ejemplo a la Base de Los Llanos, en la que hicimos el amueblamiento del 141 y 142 Escuadrón. Sin una osadía calculada ni el ímpetu que le ponía me hubiera costado más trabajo mantener aquella empresa», nos argumenta con una sensación clara del deber cumplido.
Uno cree que en el inicio de su actividad empresarial, su cabeza no paró de dar vueltas, su filosofía de proponer, de proyectar la convirtió en una líder familiar y social, pero le pregunto si la mentalidad de la época en la que por lo general era difícil admitir con naturalidad la presencia de una mujer en la toma de decisiones no fue una realidad, un handicap. «Ni mucho menos. La gente se queja de que los hombres no quieren a las mujeres en puestos más o menos importantes. Pero, nunca me he encontrado desde aquellos años discriminada por ser mujer empresaria, ni observé una actitud machista hacia mi persona».
Cuenta a continuación algunas vivencias surgidas en los inicios de su carrera como empresaria. «La primera visita que hacíamos los pequeños empresarios era a los bancos. El confesor social de aquella época era el director del banco. Mi estrategia pasaba por visitarlos a primera hora de la mañana para encontrarlos frescos de ideas y sin los problemas que tenía que resolver diariamente. Era un principio que cogí como norma».
Más matices, más estrategias, más argumentos: «Cuando estábamos en la antesala compartiendo el tiempo de espera, nunca consentí que me cedieran el turno de visita por ser mujer. Nunca tuve problemas de machismo. No noté jamás que me intentaran poner zancadillas por ser mujer, aunque sin darme cuenta hubiera podido suceder este hecho».
Política
Los cauces paralelos de otra de sus experiencias, la de concejal por el CDS del Ayuntamiento albaceteño invitan a nuestra protagonista a seguir con su manera de enfocar una dedicación a su gente. «Cuando entré en política no entendía nada de esta actividad. Pensé que desde la responsabilidad de concejal podía hacer mucho por los demás, por los ciudadanos. Al principio me gustaba escuchar más que hablar en las reuniones, en las comisiones, donde aprendí mucho. Me queda la satisfacción de haber cumplido con un afán de servicio, de ayudar en un proyecto», matiza esta mujer que siempre le gusta mirar la vida en positivo.
Ahora desde su sillón, el que ocupaba Asensio, su marido, ve la vida con el filtro que le proporciona su presencia en tantos ámbitos y foros. Sigue la actualidad local, regional y nacional con curiosidad y analiza la sociedad y el tiempo con ese poso tan necesaria que da la experiencia de toda una vida. Tiene la cabeza bien amueblada y una norma incuestionable: le gusta decir lo que piensa.
¿Cómo ve el mundo empresarial actual y el que usted vivió en su etapa en activo?
«Ahora está todo más difícil y complicado. Creo que uno de los factores más importantes de la crisis que estamos padeciendo es que el dinero está en los bancos, que han tenido una época que les interesaba abrir la mano y prestaban dinero con mucha alegría. Pero, todo ha cambiado y han cerrado la puerta. Por eso, el empresario actual lo pasa muy mal».
Se para a pensar, reflexiona brevemente y se orienta hacia el tiempo a tras, el recuerdo de lo que realizó en su vida, algo de lo que se siente muy satisfecha.
«Nunca se me cayeron los anillos en mi etapa empresarial. Dirigía los montajes de mis productos de venta, me iba con el personal en la furgoneta de la empresa donde hiciera falta. Volvería a hacer lo mismo», nos cuenta en uno de sus mensajes finales que quedan cerrados recordando a su familia, a su marido, «una persona excepcional».
El sentimiento impregna el momento, en el que le recuerdo un pensamiento: de nada te serviría ser una profesional exitosa, una ejecutiva triunfadora y una mujer destacada, si no hubieras logrado ser mejor señora de tu casa, mejor compañera de tu marido y mejor madre de tus hijos. Carmen lo ha logrado plenamente. Por eso, es feliz en su plenitud.