El humor también tiene cabida en el Teatro Circo de la capital y, esta noche, a las 21,00 horas, llega de la mano de Leo Harlem y amigos. El cómico, que se inició en esto de los monólogos de manera casual, hará un repaso en la ciudad por sus monólogos más clásicos en un espectáculo en el que interactúa con uno de sus compañeros a lo largo de cerca de 90 minutos, tiempo en el que no faltarán risas, ni carcajadas. Leonardo González Feliz, más conocido en el mundo del humor como Leo Harlem, habló sobre cómo ha cambiado su situación profesional a lo largo de los últimos años.
-¿Cómo se inició en los monólogos?, porque hay algo curioso...
-Fue a raíz de una broma que me hicieron unos amigos que tenían un local, en Valladolid, y me apuntaron para una actuación. Creí que la cosa seria en broma y al final se convirtió en algo serio. Yo no me dedicaba a nada de esto y, afortunadamente, la cosa salió muy bien. Trabajaba de camarero, y un 'amiguete', Mariano se llama, me lanzó a la primera actuación.
-Aquella actuación ha provocado que ahora esté en pleno auge. Desde esta perspectiva, ¿se puede vivir de hacer reír a la gente?
-Sí, sí, y muy bien la verdad. Hay mucha gente que está trabajando mucho y muy bien.
-Oficio, cuanto menos, bonito...
-No me puedo quejar. La gente lo pasa muy bien y esto hace que a mí me ocurra lo mismo.
-Echando un vistazo a su calendario, aparece repleto de fechas ¿es momento de agudizar el ingenio?
-Hay que trabajar mucho, desplazarse mucho... este trabajo es así. Mucho viaje, mucho monólogo pero, también se hacen muchas cosas más. Yo colaboro en prensa, en radio, y esto hace que estemos todo el día dándole a la cabeza, cada trabajo tiene lo suyo.
Aprendizaje
-Pese a que no se dedicara a ello de manera profesional, ¿ya iba con usted el hacer reír a la gente?
-Sí, eso se lleva. Siempre se tiene una cierta facilidad para que la gente se ría. Ahora, lo que ocurre es que se hace de una manera algo más seria, más estructurada. Sacas más el potencial que llevas dentro pero, al final, esto es una cosa que no se aprende.
-¿Cómo han evolucionado sus monólogos desde aquella primera intervención en 'El Club de la Comedia'?
-Se aprende mucho con las actuaciones. La experiencia te da tranquilidad en el escenario. Cuando participé en 'El Club de la Comedia' llevaba tres o cuatro actuaciones, ahora llevo miles. Todo eso se va notando mucho, la experiencia es vital. Vas cogiendo mucho dominio y eso te da la tranquilidad en escena para que las cosas salgan mejor.
-Todo cómico se encuentra en Albacete con grandes competidores de la talla de Joaquín Reyes, Raúl Cimas, Ernesto Sevilla...
-Los conozco personalmente y son una gente muy maja, grandes profesionales que han creado un estilo propio dentro de esta zona. Creo que nadie los ve como competencia. Todo el mundo trabaja, un día lo hace uno y otro día otro, pero lo bueno de este trabajo es que hay mucha variedad y mucha gente de calidad. Esa es la clave de que las cosas sigan adelante.
En la ciudad
-¿Tendrá algo que ver esto con que Albacete acoja con gusto el humor?
-Sí. Los cierto es que hay un público acostumbrado a ver este tipo de espectáculos y eso crea un buen criterio y, además, son seguidores muy fieles. Yo llevo sin visitar la ciudad desde que hacía monólogos hace cerca de 4 o 5 años... pero habrá gente que me recuerde, otros me verán por primera vez.
-¿Puede adelantar el tema escogido con el que hará reír mañana a los espectadores?
-Voy con un compañero y haremos un espectáculo de entre 1 hora 30 y 1 hora 40 minutos. Cada uno tenemos una parte propia y una parte final en la que interactuamos pero, básicamente, son textos propios de cada uno. Yo cuento algunos de los clásicos, conocidos por la gente, porque además luego me los piden. La gente si no le cuentas el que quiere ir a ver, después parece que se enfada. Va a ser un espectáculo de humor muy divertido que, además, estamos llevando por toda España y funciona muy bien.
-Leo Harlem no llega solo a Albacete. ¿Qué tal son sus compañeros?
-Será una agradable sorpresa porque, aunque la gente va a ver a quien es conocido, los compañeros con los que voy son extraordinarios y van a ver algo fuera de lo normal, muy divertido.