El choque de las dos fuerzas socialistas no ha librado en ningún momento una batalla de ideas; y finalmente solo es una batalla cuerpo a cuerpo, voto a voto, como en la guerra de trincheras. Para medirse andan recontando cada día los rubalcabistas y chaconistas cazados. «La única prueba válida de que una táctica es equivocada son los cadáveres de los soldados», razonaba el general Mireau en 'Senderos de gloria'. Aunque ambos ensayan el minué de las buenas maneras proclamándose su respeto mutuo y todo ese blablablá, cada mañana se levantan en los cuarteles generales con las ideas claras parafraseando a Kubrick: «¿Qué tal soldado? ¿Dispuesto a cazar rubalcabistas?». En el otro bando anotan los objetivos que son carne de Chacón. Como en las trincheras, la proximidad afectiva les pesa -en aquellos agujeros que bautizaban Trinchera Bitter añorando sus pubs en Inglaterra o Villa Salchicha, se oían cantar villancicos, rezar, llorar y después se mataban entre sí- pero los socialistas han roto ya la barrera. Vale todo.
El choque no ha servido para confrontar dos reinterpretaciones de la socialdemocracia, dos proyectos de futuro, dos discursos... solo es una confrontación. Y acabado el Grand Tour recorriendo cada ciudad para colocar su mensaje, en esa variante del 'tupper sex' que consiste en ir vendiendo eslóganes consoladores a grupos de socialistas desencantados, ahora toca la caza del delegado a la americana, uno a uno, con la oferta más persuasiva. El microclima se les ha envenenado. En un bando llaman al otro PSOE S.A., y estos aumentan las filtraciones de trapos sucios. Rubalcaba ha declarado no creer en la mano tendida de Chacón, a la que ha despachado parafraseando la letra de La Lupe: «teatro, lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro...». Han tratado de contener las hostilidades, pero están rompiendo las hostilidades. Los dos aspirantes ya saben que, escamoteados los debates, al final esto va a ser un duelo de ellos dos, frente a frente, como pistoleros del western clásico. Rubalcaba en el rol de sheriff de Tin Star susurrando «un hombre decente no desea matar, pero si tienes que disparar ¡dispara a matar!»; y Chacón mimetizando a la Vienna de Johnny Guitar, aunque no le salen frases grandes sino lemas de feminista ultrasur como «a por ellos».
El problema final es que a ambos, para un duelo así, les falta pólvora. Chacón vende renovación, pero es la esencia del zapaterismo; y el veterano Rubalcaba vende futuro. Son mensajes débiles. El PSOE quizá aspire a acabar así con la hemorragia autodestructiva, pero esto mal va a servir para reconciliarse con la ciudadanía. De aquí seguro sale un perdedor, pero difícilmente un futuro ganador.