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El Premio Nadal y Álvaro Pombo

ELOGIO DE LA SOMBRA

El Premio Nadal y Álvaro Pombo

En sus inicios consiguieron el premio, además de la citada Carmen Laforet, Miguel Delibes, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Álvaro Cunqueiro, García Pavón, Ramiro Pinilla...

08.01.12 - 00:37 -
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La lotería literaria del año, coincidiendo con el sorteo del Niño, ha comenzado con el premio Nadal, que en su 68 edición ha otorgado al veterano escritor Álvaro Pombo (Santander, 1939) el galardón más añejo de nuestras letras, otrora el de más prestigio dado que los que sobrevivían a su alrededor se devaluaban por esa alternancia de concesiones establecidas de antemano. El Nadal, que comenzó con buen pie en 1944, ya que la jovencísima escritora Carmen Laforet, 23 años, sorprendió al mundo de las letras con una novela que todavía hoy se mantiene intacta, 'Nada', tenía como soporte el semanario Destino -no en vano tomó para el premio el nombre de uno de sus redactores jefes, Eugenio Nadal- que le servía por aquel entonces, sin TV ni Internet, junto al diario La Vanguardia de promoción social y cultural, y nació, como dije, con buen pie, pues se prefirió apostar por una escritora desconocida, pero de enorme talento, y romper el acuerdo de otorgárselo a César González Ruano, escritor en esos años todopoderoso y factótum del franquismo. Acierto, por esa no contaminación ideológica ni comercial, que en su andadura y larga trayectoria supuso el descubrimiento de nuevos narradores que con el tiempo se convertirían en lo mejor de nuestras letras. En sus inicios consiguieron el premio, además de la citada Carmen Laforet, Miguel Delibes, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Álvaro Cunqueiro, García Pavón, Ramiro Pinilla... Y posteriormente escritores tan acreditados como Francisco Umbral, Fernando Arrabal, Manuel Vicent, Juan José Millás, Lorenzo Silva, Andrés Trapiello, Antonio Soler, Francisco Casavella y la almanseña Alicia Giménez Bartlett, última galardonada el pasado año con esa inquietante novela de título 'Donde nadie te encuentre'.
Es pues, por los escritores que lo han obtenido, un reconocidísimo trampolín para catapultar a talentos con una obra 'en marcha', o primeriza, como sucedió con Carmen Laforet, autora de una de las novelas más importantes de la literatura española del pasado siglo, o a un Miguel Delibes con la celebérrima 'La sombra del ciprés es alargada', o a Ana María Matute con 'Los Abel', o Rafael Sánchez Ferlosio con 'El Jarama', o Carmen Martín Gaite con 'Entre visillos'&hellip jóvenes, posteriormente maestros, que buscaban su hueco con obras diferentes y experimentales en el mundo intelectual de la época, tan convulso y servil con la inanición cultural del estado vencedor, y que por los títulos que hemos citado sabemos que hoy esas obras son lectura obligatoria en cualquier plan de estudios contemporáneos. Pero como todo, el premio Nadal también está sujeto a leyes de mercado y de promoción, y con el tiempo ha ido perdiendo frescura en eso de descubrir a jóvenes novelistas y este año el jurado ha convenido premiar a un escritor que, como él mismo dijo en una corta entrevista tras concederse el fallo, ya está al final de su carrera y el éste supone un cierre. Carrera, por otra parte, la de Álvaro Pombo, brillantísima y sin concesiones a la galería, pues libro a libro, y entre premio y premio, siempre ha mantenido su línea, tan fenomenológica y existencialista como poco comercial, y persuadido por su yo filosófico llevó hasta último término su conducta ética y hasta en el mismísimo premio Planeta, que le concedieron en el 2006 y quizá sea uno de los menos vendidos, 'La fortuna de Matilda Turpin', Álvaro Pombo se mantuvo en la línea iniciada por aquellos doce cuentos que componían el texto 'Relatos sobre la falta de sustancia', donde ya se vislumbraba aquel realismo psicológico que no abandonó en toda u obra, es más, que perfeccionó en libros tan sugerentes como 'El héroe de las mansardas de Mansard' (Premio Herralde de Novela 1983) o 'El metro de platino iridiado' (Premio de la Crítica 1991). Cuando yo le conocí, allá por el 88, con el poeta malagueño Rafael Ballesteros, Álvaro Pombo ejercía más de poeta que otra cosa y su descuidado dandismo oxfordiano, a lo T. S. Eliot -no en vano estudió en el Birbeck College de Londres y residió en Inglaterra de 1966 a 1977- le acreditaba como un destacado miembro del Círculo de Bloomsbury, circunstancia que reforzó en nuestro país con su amistad con Juan Benet y otros modernos del momento.
Con su obra, también en su inicios poéticos, penetró en oscuros laberintos del alma humana, combinando el lenguaje culto y popular con un trasfondo filosófico para indagar sobre la conciencia humana, sobre el dolor y las carencias afectivas, la homosexualidad como reivindicación de normalidad social y, sobre todo, una búsqueda constante, a través del misterio y de un elegante sentido del humor, del ser humano arrojado en un mundo tan confuso como carente de verdades absolutas. Álvaro Pombo ha obtenido los más importantes galardones de nuestra literatura y también en su actividad pública ha hecho política al lado de UPyD junto a Fernando Savater y Rosa Díez. Asimismo ha ejercido el periodismo con ánimo incendiario y provocador, pero no exento de rigor, en los diferentes formatos actuales de comunicación. Es, hoy por hoy, un intelectual imprescindible en nuestro país con más de veinte libros publicados y reconocido por la crítica más exigente, y aunque todavía no conocemos el contenido de la novela ganadora del Nadal 2012, 'El temblor del héroe', apunta a ser un relato incómodo y crítico con el momento actual que vivimos. Él ya hizo su propósito de intenciones cuando fue nombrado académico de la Lengua en 2004; entre otras cosas, y en su línea moral, subrayó: 'Toda mi caminata, desde mi juventud hasta este instante, ha sido determinada por una firme voluntad de verdad.' Enhorabuena.
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