Agasajar a la clientela con un vaso de cuerva, a las puertas de un típico comedor manchego, no solo es un signo de hospitalidad sino un adelanto del servicio y la buena comida que aguardan dentro. Quien recibe en su casa, igual ahora que hace 44 años, es Fernando Martínez, propietario y alma de Nuestro Bar. Da igual que la persona que traspasa el umbral sea un premio Nobel -como así ha sucedido en varias ocasiones, una periodista o un albañil: todos son bienvenidos y a todos se deben quienes trabajan en este establecimiento que es ya un referente de la capital albaceteña.
Lo explica el propio Fernando ante las innumerables fotografías de personalidades ilustres que pueblan las paredes de su local, que abrió junto con su hermano, y las mujeres de ambos, gracias al préstamo de 350.000 pesetas de una marca de cerveza: «Lo importante es que nuestros clientes se sientan como en su casa», afirma. Está convencido de que ese es el secreto de su éxito, junto al hecho de que nunca, en todo el camino que llevan recorrido, han dejado de ser «fieles a la tradición y a los platos de nuestra tierra».
A sus innumerables reconocimientos se ha sumado, recientemente, una medalla de oro a la calidad de sus gazpachos, otorgada en el marco del Congreso Lomejordelagastronomia.com que patrocina la Diputación de Alicante. Esta distinción, que muestra con orgullo mientras en la cocina se preparan los platos que les hemos pedido que elijan para ilustrar este reportaje, es un nuevo acicate y algo que atribuye «a la suerte de estar en un sitio como Albacete», de donde proceden las carnes de caza o las setas que dan forma a muchas de sus propuestas culinarias, como las famosas 'angulas de monte'.
Gazpachos, atascaburras, ajo 'mataero'... Recetas de siempre, contundentes, que garantizan que «nadie se vaya con hambre», según explica Manola Jiménez, jefa de cocina, que lleva 23 años dando su toque particular y serrano -es de Yeste- a los guisos de 'Nuestro Bar'. Dice Manola que «quien va a comer no va a ver una exposición», en referencia a esa cocina «moderna» de pocas cantidades y donde prima la estética, aunque Fernando expresa su total respeto por quienes «plasman su arte» en un plato.
Con la gastronomía manchega como bandera, los vinos de la Región ocupan, como no podía ser de otra manera, un lugar preferente en una bodega con más de 200 referencias. La premisa, más allá del precio y la procedencia, es que el caldo en cuestión «resulte bueno al paladar», al igual que ocurre con el resto de productos que diariamente surten la cocina de un restaurante que, con 24 empleados, funciona con una logística perfecta.