Recién llegado a Albacete y con el teléfono móvil echando humo por las continuas llamadas, el profesor de la universidad valenciana Jaume I habló de su última y la que abre las puertas a una nueva trilogía
-Todo un referente en novela histórica, ¿mucha presión?
-La presión que vivo se debe a que la promoción supone tener menos tiempo para escribir. En lo referente al buen funcionamiento o no de mis novelas intento transformarlo en algo positivo. Antes partía de la base de que no me iba a leer casi nadie, ahora sé que tengo la responsabilidad de intentar hacerlo lo mejor que pueda ya que probablemente me lea bastante gente. Me lo tomo como un estímulo para mantener el nivel de autoexigencia en dos sentidos; que la novela no deje de ser entretenida y no por eso abandone el rigor histórico.
-¿El éxito de la trilogía de Escipión le llevó a abrir la puerta a otra más?
-El éxito provoca un interés editorial y eso hace que te puedas embarcar en proyectos de gran envergadura. Tenía idea de hacer varias novelas sobre Trajano y sabiendo que parece haber interés por lo que pueda contar o cómo lo cuento, sí que pensaba que Trajano se merecía una trilogía, porque es un grandísimo personaje olvidado de nuestra historia y una persona a la que adornan mucha virtudes de buen gobierno, y en un momento donde podemos decir que tenemos la sensación de falta de liderazgo, por ejemplo a nivel europeo, una persona carismática y capaz de gobernar desde el golfo Pérsico hasta Escocia, desde más allá del Danubio hasta Egipto o desde Hispania hasta el Rhin y hacerlo bien, es interesante.
-Habla de aspectos extrapolables al día de hoy, ¿se asemejan los tiempos de Trajano a la actualidad?
-La historia siempre se repite, hay muchas relaciones con hoy día. El hecho de que fuera una persona que luchara contra la corrupción, honesta, austera, que predicara con el ejemplo... es muy importante. Hoy no se trata de hacer recortes a la gente y tú no aplicártelos. Y en el caso de Trajano, marcha a pie cuando las legiones avanzaban; no pedía a sus legionarios más de lo que el pudiera caminar, de tal modo que caminaban juntos... Esas cosas creo que las echamos de menos hoy en día.
-Las 1,200 páginas de la novela avalan que la facilidad de palabra la tuvo pero, ¿qué fue lo más complejo?
-Sin duda la estructura. Es un engranaje de relojería, como falte una pieza todo salta. La novela arranca con una prolepsis o anticipación; el lector lee con mucho interés porque sabe donde van a terminar los personajes 33 años después. Creo que el efecto es muy impactante.
-'Los asesinos del emperador', obviamente se desvelan, ¿es ésta la historia más importante?
-Se trata de una novela coral; cien personajes y cinco historias que se cruzan: los Trajano, los Flavios, Estacio, los Gladiadores y el cristianismo, y todo es importante porque está interrelacionado.
-Cien personajes, ¿fue complicado no cambiarles el nombre?
-Es fácil hacerlo y alguno hemos corregido, pero también es muy apasionante mover a tantos personajes y si te lo pasas bien significa que también el lector se lo pasará bien.
-¿Qué situación le está tocando vivir a la novela histórica?
-El pasado siempre interesa. Es cierto que hay momentos de mayor popularidad del género, probablemente ahora estamos en uno de esos. Con la publicación de 'El nombre de la rosa', a finales de los 70, hubo un punto de inflexión al que siguieron de cerca 'Los pilares de la tierra', 'El médico'... todo eso disparó el interés. En España, Arturo Pérez Reverte o Matilde Asensi, distintas formas de hacer novela histórica, han propiciado que continuara esto.
-¿Qué lee Santiago Posteguillo en su tiempo libre, cuando no está escribiendo novela histórica?
-De esta también pero, normalmente, releo mucho los clásicos y, por necesidad de mi profesión en la universidad, los clásico ingleses pero no porque me parezcan mejor que los alemanes o los franceses.