Ala Feria hay que ir 'como galgo sin amo', como quería el viejo cronista, y así es posible encontrar algo que pasó y que tal vez conviene recordar, como el suceso que les invitamos a leer.
En la 'belle epoque', de carteles, pirotecnia y zarzaparrilla, de canotiers y verbenas, de charlestón y falda larga, nos detenemos en una Feria tipo, la de 1925 que seleccionamos del almanaque burbujeante. En ese año pu Joaquín Quijada su libro 'Albacete del siglo XX'.El prólogo es muy sugerente del impulso de la ciudad de entonces. «Albacete ha dado un paso gigantesco en su historia», escribe. «Tan gigantesco que no nos atrevemos a hacer la afirmación de que no hay otra ciudad de España que haya sufrido un cambio tan radical, y sin subvenciones del Estado».
La Feria no es ajena a esa evolución; las interesantes innovaciones de esos años se refieren a la construcción del templete del círculo interior y de la creación de los Jardinillos. Son también importantes, según el cronista, las obras de reforma en el edificio, especialmente las antiguas casetas de madera y las techumbres. Se trata de arreglos prácticos para favorecer el desarrollo comercial, que es intenso.
La Feria del 25 es muy representativa de su tiempos inauguró con la solemnidad acostumbrada. A las cinco de la tarde se abrió el mercado en la Sartén; a las diez de la noche ofrecieron una serenata a la Patrona. Al día siguiente, un Albacete madrugador fiel a su condición rural se tiró de la cama para asistir a la misa de campaña en el Parque; la imagen de la Virgen había sido trasladada desde la iglesia de San Juan: terminado el acto fue devuelta a su templo donde se ofició una función religiosa horas más tarde.Por cierto, que el desfile no fue tan brillante como solía, y así lo hizo constar 'El Defensor'.
Un curioso incidente se produjo en cuanto a la participación de las Bandas de música; tocaron en la plaza de Mateo Villora, actual de Carretas, en el Parque y en la Plaza Mayor, pero no en la apertura. «¡Vaya lógica!», se quejaba el periodista. El origen del conflicto se atribuyó a la intolerancia de los músicos y sus diferencias con la Comisión de festejos. La banda de Tarazona de la Mancha intervino de forma decisiva, y el alcalde, Paulino Cuervas, explicó a los vecinos lo ocurrido. Entretanto, 'El Liberal' de Madrid dedicó una página a la Feria de Albacete, destacando su interés mercantil y festivo. Aquel año, la Cruz Roja organizó los Juegos florales. Algunas chicas afortunadas en el sorteo de un baile popular cedieron los cinco duros del premio a la Beneficencia. Hay una nota curiosa en los sucesos: el joven José Raya Catalán se lesionó mientras disfrutaba en 'Los tubos de la risa'; aquel muchacho con sería con el tiempo un gran Alguacil Mayor del Ayuntamiento..
Abono taurino
El abono taurino empezó mal. Los toros, de Moreno Santamaría, no pudieron desencajonarse. En la primera corrida toreó Saleri II que sustituyó a Cayetano Ordóñez; Sánchez Mejías estuvo medroso, Algabeño salvó el festejo cortando una oreja. En la siguiente, Mejías se mostró más animado, Zurito, sustituto de Litri pasó sin pena ni gloria. Otra vez Sánchez Mejías en la tercera con Algabeño y Agüero. Todo muy aburrido.
Sin embargo hay que reseñar un acontecimiento que sería histórico; en una becerrada torearon los hijos de 'El Papa Negro', Manolito y Pepito Mejías. Se llenó la plaza para ver a los Bienvenida, que eran dos críos.
La ciudad, sumergida en su bullicio ferial característico, parecía vivir lejos de los conflictos preocupantes de Marruecos, tema común en las tertulias de los casinos y los cafés, con una trascendencia menor en la calle, y mucho menos en la Feria, cuya trepidación anulaba, como ahora y como siempre, otras sensaciones. La Comisión permanente municipal había telegrafiado al Ejército del Alto Comisario por las que llamó «felices operaciones» del desembarco de Alhucemas, que coincidió con la ceremonia inicial de la Feria.
Los periódicos no perdían su pulso habitual; una carta de un vecino de Pozo Cañada protestaba contra la blasfemia, mientras otro en Madrid afirmaba que los camareros no querían propinas. 'El Defensor' publicaba una receta de cangrejos y el folletón 'La ciudad misteriosa', de Carolina Invernicio.
Teatro
El teatro fue una vez más importante durante las jornadas feriales. María Palou representaba 'La de San Quintín' en el Teatro Circo y en el Cervantes había un revista, con Blanquita Aensi, 'La mujer chic'. Hubo también una Feria del automóvil de ocasión, tirada de pichón en el Club Cinegético y una exposición de maquinaria agrícola. Vino el cartelista taurino Ruano Llopis, las bandas de La Roda, Madrigueras y Casas Ibáñez dieron pasacalles y conciertos y se sortearon abanicos en la verbena.
Un diario madrileño titulaba «Los turistas españoles en Francia gastan quinientos millones de pesetas», Benidorm era un pequeño pueblo de pescadores y en el Círculo de Bellas Artes exponían sus obras Benlliure.
Se anunciaba una vacante de veterinario en Corral Rubio y celebraba su asamblea la Federación de Maestros de Levante. Había llovido torrencialmente el día 9; no cayó ni una gota el resto de la Feria. Lo peor habían sido los toros. «Nada con la izquierda en todo el abono», decía el crítico Pepe Barreda. Y añadía «Qué vulgaridad».
Y es que del éxito en la plaza dependía mucho la brillantez de la fiesta.