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El Tourmalet en Urkiola

CICLISMO

El Tourmalet en Urkiola

Cobo mantiene su ventaja respecto a Froome y se convierte en virtual vencedor de la Vuelta

11.09.11 - 01:19 -
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«¿Dónde va este?». De repente, Chris Froome suelta un latigazo. Sin ton ni son. Ve una pancarta y lo da todo. «¿Dónde vas?», le grita Cobo, el líder que le lleva 13 segundos. El británico, claro, ni le escucha. Va a lo suyo. De pie, esprintando hasta con los riñones en busca del trapo que marca los veinte kilómetros a meta. Cruza primero esa línea delante del cántabro, se alegra y para. Cree que ha sumado segundos de bonificación en el último sprint intermedio del día. Cobo se le acerca, enarca las cejas y le saca de su error. «Te has equivocado un poco», le suelta. Algo más que un poco. Un error de dos kilómetros. La pancarta de verdad estaba en Arroiabe, a 18 de la meta en Vitoria. A Froome le sientan mal las bonificaciones. Solo ha rascado los veinte segundos de la etapa que ganó en Peña Cabarga. Cobo, el 'bisonte', ha hecho de hormiga: ha ahorrado 52 segundos en total. Y con un puñado de 13 segundos será hoy el primer cántabro que gana la Vuelta. «Bueno, no es seguro. Froome me disputará las bonificaciones de La Castellana. Aún hay 32 segundos en juego», previene Cobo. Eso dice por prudencia, aunque sabe que la carrera es suya. Froome es alérgico a las bonificaciones.
«Ya he pasado los días más difíciles», respira Cobo. El de ayer, el último con montaña, no lo fue tanto. Arriba, en la cima de Urkiola, esperaba el santuario consagrado a San Antonio, el de las causas perdidas. Como la de Christopher Froome, por ejemplo. El keniano subió hasta allí en busca de un milagro: soltar de rueda al 'bisonte' que lleva desde hace días clavado en el retrovisor. Froome, obligado a atacar en el último puerto de esta Vuelta, no tuvo fe en sí mismo. Descreído. Lo había intentado el viernes en El Vivero, pero no repitió ayer. Se le acabó el saldo a sus piernas. Ni San Antonio pudo solucionar su causa, su Vuelta perdida. La que hoy será de Cobo, el inesperado y brillante vencedor de la Vuelta a España que ha regresado a Euskadi 33 años después.
Había ganas de Vuelta en Bilbao y una pregunta abrió la etapa: ¿Dejará atrás Froome a Cobo en Urkiola? Froome viene de lejos, de Kenia, donde nació. De hacerse ciclista en Sudáfrica y en pisos de alquiler en Europa. Cobo viene de más lejos aún. De tocar fondo. De la depresión, de no querer ser ciclista, de maldecir la profesión que tanto le atosigaba. Hasta que se liberó, huyó de su cárcel interior y se presentó en esta Vuelta que ha hecho suya. El Geox, equipo del 'bisonte', soltó hilo a una fuga masiva: de 27 dorsales, incluido Bennati, el que iba a ganar en Vitoria. La escuadra de Matxin quería que la escapada recaudara todas las bonificaciones. Eso pasó en el de Eibar: Roche se llevó seis segundos; Lastras, cuatro, y Txurruka, dos. Pero, a última hora, la organización trasladó el segundo sprint especial desde Elorrio a Arroiabe. Es decir, en lugar de disputarse antes de Urkiola se iba a poner en juego después. Ese tachón en el libro de ruta condicionó el final de la etapa.
Urkiola aguardaba. El último puerto de esta Vuelta. Presente desde la primera edición, la de 1935. Por allí pasó entonces el italiano Barral, delante de un cántabro, Vicente Trueba. Hasta en 21 ocasiones ha palpado la Vuelta esta montaña. Mágica. Un arcón de recuerdos: la locura de Ocaña en 1975, rebasado al final por Tamames; los brazos arriba de Nazabal y el KAS dos años después... Ayer, en cambio, Urkiola tuvo más público que batalla. La recta de Txakurzulo recuperó las escenas de un día antes en El Vivero. «Es la mejor afición», agradeció Cobo. El líder suspiró tranquilo al pasar arriba junto al Santuario. San Antonio no se había acordado de la causa perdida de Froome. El británico se rindió allí. Aunque algo tramaba. A falta de milagro en Urkiola, fio su suerte a las matemáticas: a restar segundos en Arroiabe, el segundo sprint. Con esos seis segundos, se habría arrimado a Cobo, al 'bisonte' que tiene en la chepa desde el Angliru. Froone tenía esa bala y se le disparó a destiempo. En su propio pie.
Se cierra la interrogación
Le engañó la vista. Atisbó la pancarta de 20 kilómetros a meta... Y esa no era. Sastre, gregario y guía de Cobo, rentabilizó inmediatamente ese error. Le remachó y marchó directo hacia Arroiabe, dos kilómetros más allá. Antes había pasado por allí Barredo, el último resistente de la fuga. El que recogió seis segundos. Cuatro fueron para Sastre. Y los dos últimos, para Wiggins, el compañero de Froome. La guinda para el despropósito del Sky.
La Vuelta cerró la interrogación. Ya es de Cobo. A Froome no le salen los números. En el tercer sprint, el de la meta de Vitoria, ni entró. Fue cosa de Bennati, que sí había creído en sí mismo. «No soy un escalador, así que me he metido en la fuga para subir Urkiola con ventaja. Solo así podía pasar delante el puerto», contó. Un esprinter en Urkiola. Causa perdida. O no. San Antonio, que olvidó a Froome, sí se acordó de Bennati en el regreso de la Vuelta a Vitoria, ausente desde 1972.
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