Sin tiempo suficiente para que el nuevo equipo de gobierno municipal haya modificado la ordenanza cívica con la que pretende prohibir el consumo de alcohol en las calles (una de las promesas electorales de la alcaldesa, Carmen Bayod), el botellón multitudinario vuelve a ser una imagen común en las noches de la Feria de Albacete.
Los aledaños de la Plaza de Toros vuelven a estar literalmente 'tomados' cada noche por numerosos jóvenes que durante horas ponen en práctica este fenómeno social que está reñido con el descanso de los vecinos y, lo que es peor, con la salud de muchos de estos jóvenes que toman cantidades desmesuradas de alcohol en muy poco tiempo y que, en demasiados casos, son menores de edad.
Mientras el Ayuntamiento advirtió que para este año ya no daba tiempo a poner en marcha la ordenanza que regule estas prácticas, los vecinos y otros colectivos se muestran escépticos con las posibilidad de que realmente se vaya a poder frenar este multitudinario botellón que desde hace unos años se viene repitiendo cada noche de Feria en la zona de la Plaza de los Toros.
En este sentido, la presidenta de la Asociación de Vecinos del barrio La Feria-Noria, Carmen Sánchez, reconoce que «veo difícil que se vaya a poder controlar este tipo de botellones» y lamenta que «lo peor de estas prácticas es ver toda la cantidad de alcohol que beben los jóvenes, ver que hay muchos menores y saber que esto les perjudica gravemente en su salud».
Apunta que, eso sí, desde el Ayuntamiento este año se han colocado más urinarios en la zona y se ha intensificado la limpieza pero lamenta que esto no impide «que los jóvenes sigan haciendo sus necesidades en los portales y las puertas de los garajes» o que «cuando comienzan a pasar los equipos de limpieza, hasta quedan todavía algunos jóvenes de botellón».
Más horas de botellón
Los vecinos se quejan de que esta práctica se ha extendido ya tanto en Feria que hasta tiene una 'pre-feria' y que algún día antes de que comenzara oficialmente la fiesta grande de nuestra ciudad ya hubo botellón en la zona. Además, señalan que los jóvenes han ampliado el horario de esta práctica y «ahora hay ya gente desde las diez de la noche, hasta por la mañana, incluso hasta a las nueve de la mañana algunos días todavía quedan aquí jóvenes bebiendo», como apunta Carmen Sánchez.
Esta amplitud de horarios del botellón hace que muchos vecinos vuelvan a cenar a sus casas con niños pequeños y ya se encuentren con jóvenes bebiendo alcohol; o que personas mayores tengan que pedir permiso para poder entrar a sus casas «porque los portales están 'tomados' por los jóvenes», como señala Carmen Sánchez que lamenta que, noche tras noche, se repite la situación de «tener que pedir permiso para poder sacar el coche del garaje o para poder salir o entrar a tu propia casa».
Una situación que se complica durante el fin de semana, cuando todavía son más los jóvenes que se suman a este botellón, que ya no se reduce solamente a la explanada de la plaza de toros «ahora es que ya 'toman' prácticamente también las calles de alrededor», como incide la presidenta de la asociación de vecinos de este barrio.
Otro de los problemas que genera el botellón para los vecinos es el del ruido. A este respecto, Carmen Sánchez señala que son conscientes de que es Feria, que viven cerca del Paseo y el Recinto Ferial y que tienen que llevar como mejor puedan el ruido de la fiesta, pero lamenta que en la zona del botellón, a medida que transcurren las horas, se suelen producir peleas «que hacen que te despiertes sobresaltado, inquieto por ver qué pasa». Apunta como otro de los inconvenientes el mal olor por el hecho de que los jóvenes hagan sus necesidades en la calle «porque por mucho que pasen los servicios de limpieza, el mal olor no se va».
Sánchez reconoce que es un problema de difícil solución e insiste en que «lo que más debe preocuparnos a todos de esta situación es el hecho de que los jóvenes estén bebiendo tanto alcohol y que muchos sean menores». «El problema de salud que conlleva el botellón es lo más preocupante», sentencia.
Diversión más económica
Mientras los vecinos, los profesionales sanitarios y las organizaciones de ayuda a personas con problemas de adicción no encuentran nada positivo al fenómeno del botellón, los jóvenes que lo practican defienden lo que consideran «una forma de diversión económica».
Cada día de Feria, la imagen se repite en las calles del centro de la ciudad y por las zonas donde residen más universitarios: jóvenes que 'procesionan' desde los supermercados 'cargados' con las provisiones para el botellón. Bebidas alcohólicas, refrescos, hielo y vasos conforman el 'kit' del botellón que los jóvenes llevan cada día hasta la zona de la Plaza de Toros.
La mayoría de los jóvenes cuestionados destacan que practican botellón porque «es una forma barata de poder beber y divertirnos»; otros, de más edad pero que también se suman a esta práctica, suelen señalar que «así sabemos lo que estamos bebiendo, no nos dan garrafón» y algunos apuntan que «así también podemos fumar mientras estamos de fiesta». Claro que este motivo es «nuevo» en esta Feria, desde que entrase en vigor la Ley Antitabaco.
Problema de salud pública
El responsable de la Fundación Sagrada Familia (Safa), Alejandro Márquez, que lleva años trabajando en beneficio de personas con adicción a las drogas y otras sustancias, advierte que «lo más preocupante» de que los jóvenes conciban el botellón como una buena forma de diversión es «que no perciben el riesgo que supone para la salud tomar esas cantidades de alcohol en tan poco tiempo». «Eso es algo tremendamente negativo», lamenta.
Además, Márquez advierte que están detectando que la edad de inicio en el consumo de alcohol «ha descendido de forma considerable y alarmante».
Señala, eso sí, que los botellones tan multitudinarios y de tantos días seguidos como los que se dan en Feria, por suerte, «no son habituales», pero insiste en que «para quienes practican botellón de forma continuada sí es peligroso para su salud».
Destaca que desde Safa han puesto en marcha esta Feria, como ya hicieran en verano por la 'zona', el programa Drogodelia, a través del cual voluntarios de la fundación recorren cada día la zona del botellón, así como la del Recinto Ferial, para recoger datos con los que elaborar un informe sobre esta práctica.
Sobre los datos que actualmente barajan en Safa, Alejandro Márquez advierte que «la edad media de inicio en el consumo de alcohol se sitúa ahora en los catorce años, lo que supone que encontramos casos incluso de niños de diez u once años que ya están consumiendo algún tipo de bebida alcohólica».
En este mismo sentido, señala que «también ha bajado el perfil de la persona que demanda tratamiento a Safa», así, si hace unos cuatro años la edad media de quien pedía tratamiento para dejar algún tipo de adicción era de 30-35 años, ahora se sitúa en los 26 años.
También desde la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) han venido advirtiendo que el problema que puede generar el consumo de alcohol en prácticas como el botellón es, junto con el propio riesgo del consumo de alcohol, que se puede «abrir la puerta» a otros problemas como el consumo de drogas más peligrosas.
Desde Safa piden, además, que se ponga en marcha algún recurso para la demanda de tratamiento cuando el paciente es menor de edad, porque «no existe un recurso específico» y están detectando cada vez más casos en este sentido.
Escuchar a los jóvenes
Cuestionado por si la prohibición del botellón es la solución que necesita esta práctica que se ha convertido en todo un fenómeno social para los jóvenes, Márquez apunta que «tratar de evitar el consumo a través de los cuerpos y fuerzas de seguridad puede ser una opción» pero insiste en que en cualquier caso «no debe ser la única».
«Esto no vale por sí solo», señala Márquez, al tiempo que incide en que la prohibición «se tiene que acompañar de distintos programas de sensibilización; de planes de ocio alternativo, etcétera» y apunta que «estos programas no tienen que salir solamente del despacho de los técnicos, tienen que salir también de los propios jóvenes, que demandan una forma de ocio determinada y que debemos escucharla».
Entre las quejas vecinales y las advertencias de profesionales sanitarios, los jóvenes avisan que no van a renunciar en lo que queda de Feria a «divertirse» en el botellón. Mientras, el Ayuntamiento ha reiterado su intención de prohibir esta práctica, aunque los trámites no han podido estar terminados para la Feria. Apuntan, eso sí, que se han tomado medidas como reforzar la limpieza en las zonas donde se lleva a cabo el botellón y la presencia policial por esta y otras zonas del Recinto Ferial y sus aledaños es constante, para evitar conflictos y garantizar la seguridad de las decenas de miles de personas que nos visitan en estos días.