Sin comer y sin beber agua, en uno de los meses más calurosos del año. Los musulmanes se adentraron ayer en el Ramadán que este año, por capricho de la luna, les ha caído en pleno mes de agosto, por lo que las horas de ayuno son más y además en una condiciones más extremas. Se estima que cerca de mil quinientos fieles viven en la provincia de Albacete en estas fechas, pues muchos de los temporeros subsaharianos y marroquíes que están trabajando ahora en el campo profesan la religión de Mahoma.
Todo buen musulmán tiene prohibido, hasta el día 29 de agosto, -o posiblemente el 30, todo dependerá de la luna-, comer, beber y mantener relaciones sexuales desde el alba hasta el anochecer, unas 16 horas de abstinencia. Esto último puede ser más llevadero, pero ¿cómo soportar el ayuno, incluso de agua, cuando se está trabajando en una obra o recogiendo ajos en el campo?
«Quien tiene la voluntad lo puede soportar», dice Ahmed Bousseis, un mauritano de 35 años, que lleva más de media vida ya en España y que hoy preside el Centro Islámico de Albacete, aunque admite que en determinados trabajos y con estas temperaturas no es fácil sobrellevar el ayuno. Por eso, explica, «quien se siente incapaz de cumplirlo, porque el trabajo del que vive no se lo permite» no lo hace. O tiene la posibilidad de recuperar en otro momento los días que quebrante la abstinencia.
Acostumbrados desde niños
Aún así, asegura este joven que el Ramadán se sigue «mayoritariamente» porque es uno de los cinco pilares del Islam, «incluso en condiciones tan duras como puedan ser las de este año». Tener fe, rezar cinco veces al día, ayudar económicamente a quienes menos tienen con una aportación que llaman 'zakat', peregrinar a la Meca si es posible y seguir el ayuno en el mes del Ramadán, cuya celebración cambia de fecha cada año, al ser su calendario lunar, son estos cinco pilares
«Estamos acostumbrados, porque nos entramos para el ayuno desde los 12 o los 13 años», argumenta Abdeharrahim, un marroquí que lleva muchos años en Albacete. Eso sí, admite que es más fácil soportarlo aguardando turno en una peluquería de la calle Cid, con aire acondicionado, que es donde lo encontramos, que cogiendo ajos en el campo. Aún así, insiste, «el ayuno no puede faltar, nacemos para esto que nos da salud y nos permite estar más cerca de Dios».
«En el sur de África las condiciones tampoco son fáciles y allí también cumplimos el Ramadán, es cuestión de acostumbrarse», insiste el joven llegado hace dos años de Ganha, Mohamed Hassan, dispuesto a alimentarse tras salir de la oración en la mezquita.
Los niños que no han llegado a la pubertad, las mujeres que están en la menstruación o las embarazadas, igual que los enfermos, están libres y pueden quebrantar el ayuno. Quienes sí lo secundan inician su jornada sobre las cinco de la madrugada, hora a la que se levantan para hacer la primera oración del día. Tras unos rezos «especiales», hacen la comida que les dará sustento el resto del día. Hay quienes prefieren hacer una comida ligera, a base de queso, pan, huevo, leche o zumo, aunque cada cual elige qué alimentos ingerir. Otros prefieren aprovechar esta última oportunidad, antes de que salga el sol, para hacer una comida mucho más fuerte.
Con el amanecer entra en vigor la prohibición de comer, beber y mantener relaciones sexuales. La abstinencia, explica Ahmed, es una forma de mantener la «concentración espiritual», de acercarse más a Dios. Y es que el tiempo de Ramadán es un tiempo de «reconciliación, de solidaridad, de pedir perdón a los demás, de zanjar polémicas», explica Admed.
Cuando cae el sol, allá por las 21.20 horas, llega el momento de romper el ayuno. Todo un ritual que se suele hacer primero con una comida ligera, como pueden ser dátiles, agua o leche, y después con 'harira' una especie de sopa. Hay musulmanes que les gusta vivir este momento en la mezquita, donde además ofrecen comida a los más necesitados. En la ciudad de Albacete ya hay dos, una en la calle Virgen del Pilar y otra en la plaza Miguel Ángel Blanco. También muchos pueblos de la provincia cuentan con lugares para el culto islámico, Tobarra, Hellín, La Roda o Almansa son algunos de ellos. Tras las oraciones de la caída del sol, son mayoría los que se sientan a la mesa para hacer una comida fuerte, la principal del día.
Y así un día tras otro hasta cumplir un mes de ayuno que les sirve para purificarse, al abstenerse de las 'comodidades mundanas', y que despiden con la fiesta de 'Aid al Fitr', donde abunda la comida y es momento de encuentros y reconciliaciones.