El filósofo AC Grayling ha hecho estallar un polvorín de protestas con la creación en Londres de una universidad privada en el área de Humanidades que comenzará a impartir las primeras clases en otoño de 2012. El reconocido humanista cuenta con destacados catedráticos de instituciones británicas y estadounidenses, desde el biólogo Richard Dawkins y el historiador Niall Ferguson hasta el psicólogo Steven Pinker, entre el profesorado del New College of the Humanities, que impondrá tasas anuales por estudiante de 18.000 libras (unos 22.000 euros). La tarifa duplica el máximo permitido en la enseñanza terciaria pública, incluidas las prestigiosas universidades de Cambridge y Oxford.
La nueva institución ofrecerá licenciaturas reconocidas por la Universidad de Londres en literatura, filosofía, economía y derecho. Además, los alumnos deberán completar módulos adicionales en introducción a las ciencias, pensamiento lógico y crítico y éticas aplicadas.
Esto les ayudará, según explica Grayling en el prospecto de su polémico proyecto, a «adquirir anchura intelectual, comprender y manejarse en el complejo mundo en que vivimos». La calidad de la enseñanza en clases reducidas y el contacto individual con los tutores conforman el principal atractivo del New College.
Grayling justifica su apuesta por la universidad privada, un sector minoritario en Reino Unido, dada la política de recortes del Gobierno de coalición, que ha eliminado las subvenciones a los departamentos de Humanidades. El filósofo aspira a ofrecer becas, parciales o totales, al 20% de la primera hornada prevista en 200 estudiantes y aumentarlas hasta el 30% de las futuras matrículas. Intenta así responder, entre otros críticos, al profesor marxista Terry Eagleton, que ha tachado la iniciativa como «un negocio asquerosamente elitista».
Pocos catedráticos y estudiantes aceptan que la docencia privada pueda ser la mejor vía en el presente clima de recesión para garantizar un máximo nivel de calidad en los estudios de Humanidades, y advierten de que la educación terciaria quedará definida no por el talento de los jóvenes, sino por el poder económico de sus padres.
Las protestas crecen cada día. Grayling y Dawkins fueron duramente abucheados y tuvieron que suspender sendos debates en los que participaron esta semana. Además, una veintena de catedráticos activos en Reino Unido y Estados Unidos han denunciado el «vandalismo» de la nueva institución privada cuya aparición comparan con la destrucción de los monasterios en el siglo XVI. «Asistimos ahora a la disolución de las universidades como centros públicos de erudición, investigación y diseminación del conocimiento. La privatización de la enseñanza terciaria no es la respuesta a la falta de financiación pública. Grayling y sus colegas están en el lado incorrecto de la barricada», advierten en su escrito.
En blogs de Internet se fomenta el boicot a los catorce académicos que respaldan con su dinero y su servicio la creación del New College. Además, dos universitarios de Oxford piden a los usuarios de la red social Facebook que torpedeen la nueva facultad con falsas solicitudes de matrículas.
«Esperaba ciertas críticas pero nunca pensé que la reacción iba a ser tan virulenta», admitió el filósofo, que ha renunciado a su cátedra en el Birbeck College de la Universidad de Londres para dirigir esta nueva aventura. En su defensa han salido profesores de colegios privados, como Clarissa Farr, directora del londinense St. Paul Girls School.