Por qué tanta gente se encandiló con el 15-M desde el principio, como si de un amor a primera vista se tratara? Sus activistas han conectado con la mayoría social reivindicando una democracia menos aparente y más real, menos falsaria, más radical. Se han ganado un gran afecto social, en la sociedad española y en otras partes de Europa y del mundo, a pesar de que esas cosas ya las decía mucha gente hace mucho tiempo. No voy a abundar en las razones de su éxito en estos momentos. Casi en tiempo real se han ido publicando miles de comentarios y análisis que explican el surgimiento de un fenómeno social que irrumpió en nuestras vidas cuando en muchos lugares solo se escuchaba la algarabía vacua e impostada de unos políticos en campaña electoral. Bendito sea, porque desde entonces cesó el ruido de las frases altisonantes y empezó la música de los debates y los eslóganes interesantes. Sus activistas han sabido conjugar valores compartidos y repertorios de acción a base de no violencia y de utilización inteligente de las redes sociales y los recursos de la sociedad informacional. Las explicaciones de las causas de ese movimiento rápidamente se solaparon al análisis de los resultados que estaba provocando.
Detengamos la mirada en una consecuencia sociocultural muy relevante del 15-M: pareciera que en tan solo unas semanas se han roto en España los umbrales de la aceptación social hacia la hipocresía política e institucional; se diría que el 15-M ha logrado, más que denunciar la hipocresía, que la hipocresía política acabe siendo sencillamente intolerable. Solo por eso, entre otras cosas, habrá un antes y un después del 15-M. Desde ahora la gente tendrá menos tragaderas con las coincidencias hipócritas de las derechas y las izquierdas realmente gobernantes. Es verdad que todo el mundo percibía, al menos desde hace un año, que ZP estaba respondiendo ante la crisis con sus propias torpezas pero de la misma forma que habría hecho Rajoy, con recortes y medidas antisociales impuestas por los mercados. Esa denuncia, que efectivamente no era nada novedosa, desde el 15-M se está asimilando por la ciudadanía de una forma muy distinta, y aún no sabemos con qué derivaciones a medio y largo plazo. Podemos, eso sí, tener en cuenta algunos indicios. A la luz de la lógica de los valores democráticos que se han reivindicado como nunca durante estos días, la hipocresía política va a ser mucho menos disculpable en las coordenadas de las políticas de izquierda: aunque lo hayan repetido sin cesar muchas personas antes de que sobreviniera el 15-M, es ahora cuando se ha creado la atmósfera que está haciendo insoportable el hecho de que el PSOE aplique políticas de derecha; y todo indica que ya no se va a seguir aguantando bien la presencia de nuestros propios Strauss-Kahn en la primera línea de la política y las instituciones, es decir, esos miles de cargos políticos que, blindados bajo las siglas del PSOE, se han hecho de oro, no solo con sus sueldos y dietas (a veces tan escandalosas), sino con verdadero afán plutocrático, a base de inversiones favorables para sus bolsillos y los de sus familias, a través de negocios tal vez legales, tal vez corruptos, en cierto sentido, qué más da. Con el repudio moral hacia todo ello han simpatizado muchísimas personas que no han participado en las acampadas y concentraciones del 15-M. ¿Han tomado nota los políticos?
A tenor de algunas declaraciones, ciertos políticos del PSOE lo han detectado. Incluso hemos podido oír a Felipe González hablar en contra de los dictados de los mercados. Pero otros muchos siguen a la suya. A algunos se le ha vuelto a llenar la boca de imposturas institucionalistas y no han mostrado ninguna sensibilidad ideológica que pudiera habernos hecho recordar que a fin de cuentas se autodenominan de izquierda. Así las cosas, gracias al 15-M, aún los hemos podido ver más nítidamente adscritos a ese socialismo de caviar tipo Strauss-Kahn, como ocurre con José Bono, entre otros. La hipocresía duele ahora más que nunca en los maltrechos corazones de las gentes de izquierda. No quedan tragaderas.
¿Y por parte del PP? CiU en Cataluña ha empezado a dar pistas de lo que podría hacer el PP en toda España cuando Rajoy arribe a La Moncloa. Pero por ahora lo más destacado es su aparente despreocupación y falta de seriedad a la hora de encarar el reto planteado por el 15-M. Siguiendo su inercia de verlas venir y de esperar sentados a ver pasar el cadáver de su enemigo, quizás sea verdad que en sus filas nadie ha percibido todavía la 'bomba de relojería social' que se está fabricando en España, la que podrían tener enfrente cuando gobiernen sin haber aprendido a desactivarla.