Con el título 'El llanto de la vieja Hilda y otros relatos', Miguel Ángel Molina Jiménez, madrileño de nacimiento y albaceteño de adopción, presentó ayer en la Librería Popular de esta ciudad su primera recopilación de una serie de relatos cortos que ha escrito en los últimos diez años. Cuentos con diferente extensión y temática que nos conducen por el género costumbrista, de ciencia-ficción e incluso de intriga y drama. Miguel Ángel Molina desempeña su actividad laboral como funcionario de carrera en la Universidad de Castilla-La Mancha.
-Lleva diez años escribiendo relatos cortos y ahora nace esta publicación. ¿Qué le proporciona tener su libro entre las manos?
-Pues una alegría grande porque toda persona que escribe quiere que la lean. Encontrarme con mi libro físicamente es impresionante, sobre todo porque puedo ofrecerlo al lector para que sepa que en Albacete hay gente anónima que también escribe.
-¿Uno empieza a escribir un día cualquiera, de un mes cualquiera, por un motivo cualquiera?
-Hace diez años empecé a escribir y no sé por qué. Me surgió una idea en mi cabeza sobre un relato, fui incubándola y la escribí. El relato lo presenté a un concurso y lo gané. Esto me animó mucho a seguir escribiendo y ahora se ha convertido en una necesidad.
-El libro contiene 19 relatos de la más variada temática y técnica. ¿Cómo le surge la inspiración para cada historia?
-La inspiración me surge de muchas maneras, no tengo un patrón común. Lo primero que tengo claro es la temática del relato y luego empiezo a elucubrar hasta que lo escribo. La mayoría de las veces, no en todas, me surge primero el final y como el relato es corto, casi lo construyo en mi cabeza.
-¿Y a qué géneros se dedica?
-Los relatos son de ciencia-ficción, intriga, terror... Hay costumbristas, y los que se acercan al realismo mágico, a las historias oníricas... No tienen un hilo conductor, cada relato es autónomo y único, surgido en un momento concreto y escrito con técnicas diferentes.
-¿Cree que para ser un buen escritor previamente hay que ser un buen lector?
-Yo he leído muchísimo y sigo haciéndolo. Creo que sin leer no se puede escribir nada. Al margen de asistir a talleres de escritura o leer algún libro sobre técnicas narrativas, leyendo a los clásicos y a los autores consagrados es como realmente se aprender a escribir.
-Ya que habla de autores, ¿cuáles son sus preferidos?
-Muchos, pero si tengo que elegir me gusta mucho Pío Baroja y, por la parte americana, Cormac McCarthy. Y de los clásicos me quedo con Chéjov. En cuanto al género, el de ciencia-ficción y el de terror me gusta, pero prefiero el género clásico español más costumbrista.
-¿El título del libro coincide con algún relato?
-Sí. 'El llanto de la vieja Hilda' es el último relato del libro. Se trata de una anciana que vive en el altiplano peruano y que se coloca en la puerta de la casa de un vecino para llorar. Uno de los hijos de ese vecino se encuentra enfermo porque las últimas inundaciones han viciado el agua... A partir de ahí va sucediendo la historia hasta el desenlace final.
-¿Son todos de ficción?
-Todos, menos 'Tres novilleros en busca de una luna'. Es el único basado en hechos reales, escrito a propósito, con un toque literario de lo que podía haber ocurrido aquella noche. El resto son todos inventados.
-Una década da para mucho, ¿le ha sido costosa la selección de estos 19 relatos?
-La selección ha sido muy selectiva porque había que ofrecer relatos muy dignos. Yo soy muy crítico conmigo mismo y no todas las historias tenían la calidad necesaria para ser publicadas. Hay algunos que tenía muy claro que se tenían que publicar, y otros con los que he tenido más dudas.
-Después de pasar por todo el proceso, ¿qué es hoy la escritura para usted?
-Al principio, escribir era una afición que luego se convirtió en necesidad. Ahora siempre que me ronda una idea por la cabeza tengo la necesidad de plasmarla en el papel. Tener un libro también da más respeto, es como desnudarse en público, es exponerte a la crítica que antes no tenías por la benevolencia de la gente más cercana. Pero la publicación de este libro no acaba con el deseo de seguir escribiendo; esto es un primer paso para hacer otras cosas.
-¿Una novela?
-Ya hay una idea embrionaria, creo que es hora de dar el paso.