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Guardianes de la naturaleza

REPORTAJE

Guardianes de la naturaleza

03.04.11 - 01:58 -
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Se consideran privilegiados. Su trabajo les apasiona y les regala hermosos amaneceres y puestas de sol de mil colores en la Sierra del Segura. Detrás de esa idílica estampa hay muchas horas de trabajo dedicadas a preservar el medio ambiente.
El cabo Julio Jiménez y el guardia civil José Antonio Segado conforman, junto a dos agentes más: Andrés Muñoz y Juan Antonio Ortega, la patrulla del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de Riópar.
Una patrulla que da servicio a los municipios serranos de Riópar, Cotillas, Villaverde de Guadalimar, Paterna y Bogarra. A pesar de no ser un área demasiado extensa ni poblada, apenas cuentan con unos 4.000 habitantes, el acceso y las comunicaciones complican la tarea, según explica Jiménez ya que en desplazamientos de apenas 45 kilómetros pueden llegar a invertir prácticamente una hora.
En el día a día de los integrantes de esta patrulla no hay una jornada laboral igual a otra. El abanico de actuaciones es muy variopinto y abarca desde labores preventivas o de investigación de incendios, hasta vigilancia en materia de caza y pesca, controles de todo tipo y tareas de supervisión para evitar que se construya en parajes protegidos, entre otras muchas acciones, así como la necesidad de contar con amplios conocimientos sobre un buen número de leyes, directivas europeas y normativas autonómicas en materia ambiental.
Orígenes
El Seprona fue creado en la Comandancia de Albacete con las primeras patrullas que iniciaron sus servicios hace ya 31 años. De hecho las más antiguas son las de Munera, Aguas Nuevas, Alcaraz y Elche de la Sierra que surgieron en el año 1982. Cada una de ellas atiende una vasta extensión de la provincia.
Tras estas patrullas, en el año 1989 se creó la Oficina Técnica y en el año 1995 el equipo que integran la Sección Seprona. En 1998 nacerían las patrullas de Almansa, cuyo ámbito de actuación incluye nada menos que diez municipios, y la de Riópar.
En 2002 se creó la patrulla urbana y la más reciente adhesión se produjo el año pasado cuando se constituyó la patrulla de Hellín. Tan sólo un ejercicio antes, en 2009 se creó la Jefatura de Sección del Seprona en la provincia.
Actuaciones
Sólo el año pasado los efectivos del Seprona en la provincia realizaron 2.893 intervenciones, lo que supone un incremento del 4,93% respecto a las actuaciones de 2009. Asimismo el Seprona formuló 2.871 infracciones administrativas contra el medio ambiente, es decir un 6,77 más que el año anterior.
El balance de actuaciones señala igualmente que se instruyeron diligencias por dos faltas, 20 delitos y se confeccionaron 175 informes. Además dos personas fueron detenidas por delitos contra el medio ambiente. En este sentido, el número de detenidos es idéntico al del año anterior.
En cuanto a las infracciones más habituales, desde la Subdelegación del Gobierno, señalaron que son las de tipo administrativo provocadas por cuestiones relacionadas con la caza, pesca y tenencia de especies protegidas así como denuncias realizadas por residuos urbanos peligrosos y sanitarios.
Detrás de estos números hay una ardua labor y no pocos desvelos de los agentes de la Benemérita que velan por la naturaleza y porque otros no la dañen. Un trabajo que se traduce en una gran dedicación y en no pocos kilómetros recorridos en su tarea de guardianes de la naturaleza.
De ello dan fe los 332.026 kilómetros que recorrieron con vehículos de cuatro ruedas y los 94.800 kilómetros con motocicletas, los agentes del Seprona en la provincia.
En todoterreno o en sus motos de campo los cuatro integrantes de la patrulla del Seprona de Riópar recorren todos los días esta hermosa y recóndita zona que tiene en el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima su joya.
Un Parque que recibe miles de visitantes anualmente y en el que hay que respetar una serie de normas, que en muchos casos los visitantes que se acercan desconocen. Por ejemplo, no todo el mundo sabe que está prohibido fumar o que no hay lugares habilitados para la acampada libre.
El momento de mayor afluencia, según señalan Jiménez y Segado, suele ser Semana Santa, aunque el verano y las fiestas de municipios cercanos también congregan a muchos visitantes.
Pese a todo insisten en que la gente suele tener una conciencia importante y respeto ambiental, sobre todo los propios moradores de la comarca ya que son los primeros interesados, y es que en buena medida viven de ello.
Junto a este rico paraje natural hay otros muchos enclaves protegidos. «La mayor de nuestra demarcación tiene algún tipo de protección. Si no es Zona de Especial Protección de las Aves (Zepa) es Parque Natural prácticamente», apunta José Antonio Segado, jienense de nacimiento y riopeño de adopción desde hace seis años ya.
El cabo Julio Jiménez cambió Murcia por esta comarca serrana adonde llegó hace ya doce años, recién constituida la patrulla de Riópar. Desde entonces ha visto pasar a muchos compañeros y es que, como dice, la suya es una «patrulla de paso» para la mayoría.
Vocación contra la dificultad
Las dificultades para acceder a determinados servicios, dadas por la lejanía de los núcleos importantes de población y, sobre todo, por la dificultad de acceso en cuanto a comunicaciones se refiere, hace que este destino para la mayor parte sea sólo una parada en su trayectoria profesional.
Algo que parece no sucederles ni a Jiménez ni a Segado. Reconocen que faltan algunas comodidades, servicios o posibilidades que ofrecen otros lugares, e incluso que el clima en invierno es muy duro, pero eso no les desalienta porque han encontrado múltiples pros a pesar de tamañas desventajas.
«Aquí se va la cobertura y puedes estar una semana sin móvil», relatan añadiendo que han llegado a estar varias semanas sin TDT. Algo incluso tan básico como es la electricidad en el día a día tampoco escapa a esos problemas.
Así señalan que los cortes de electricidad, de varias horas, suelen ser bastante usuales. «En invierno cuando nieva si un pino se cae y toca una línea ocasiona grandes problemas», dicen. Aunque no cambiarían el lugar que han elegido para vivir así como para desarrollar su profesión.
Y es que el suyo es un trabajo vocacional. Ambos tuvieron claro desde el primer momento que su futuro en el instituto armado pasaba por su incorporación al Seprona.
Como en cualquier otro punto de España, cada zona de la provincia tiene su cruz medioambiental, aspectos que deben controlarse más. En unos lugares es el furtivismo en la caza, en otros el vertido de residuos y en otros tantos las construcciones en parajes protegidos.
En el caso del ámbito de acción de la patrulla de Riópar, en los últimos años aseguran que lo que más ha crecido son las actuaciones en materia de control de las construcciones urbanísticas en terreno rústico. «Centra gran parte de nuestra actividad», señala el cabo Julio Jiménez.
«Al principio, como en toda España, era algo a lo que tampoco se le daba demasiada importancia. La gente iba construyendo, era una actividad más o menos para no abandonar las zonas rurales. Pero desde 2003 ya empezamos más seriamente a controlar todas las construcciones que se hacen en terreno rústico», subraya.
De hecho hay varias actuaciones, según confirma, que ya se encuentran en los juzgados en vía penal. Así hay incluso varias construcciones que tienen «en primera instancia» una orden de demolición. Aunque hay que tener en cuenta que se trata de procedimientos administrativos y judiciales, con sus preceptivos recursos, que pueden llegar a alargarse bastante en el tiempo.
Cada construcción que se encuentran en sus constantes recorridos o cada obra de la que tienen constancia, es controlada por el Seprona para comprobar que tiene las licencias oportunas o que, por ejemplo, el trabajo que se lleva a cabo se corresponde con lo autorizado. Y es que casetas para aperos agrícolas no pueden acabar siendo un chalet, por ejemplo.
Evitar incendios es otro de los caballos de batalla del Seprona. Encender fuego en el monte o en el campo en Castilla-La Mancha está prohibido y para hacerlo, para quemar residuos agrícolas por ejemplo, tienen que contar con un permiso especial de la administración que incluso regula la hora hasta la que se puede llevar a cabo.
Tampoco se permite que una misma persona controle dos hogueras a la vez o que se enciendan sin respetar una determinada distancia una de otra. También deben alejarse las hogueras al máximo de la zona forestal y tienen que contar con medios al alcance para poder sofocar el fuego en el hipotético caso de que se les descontrolase.
En su periplo diario los agentes de la patrulla del Seprona de Riópar se acercan a cuantos fuegos se encienden para comprobar que se respetan estas obligaciones y que cuentan con el preceptivo permiso. Y es que lo primordial es prevenir.
El exceso de confianza, exponen Jiménez y Segado, está detrás de muchos de los incendios que ellos han visto aquí. «En un momento dado se les va de las manos por cualquier motivo, aunque nunca antes les haya pasado», indica Segado recordando casos de algún agricultor mayor al que le ha ocurrido.
Y cuando lo peor ocurre, cuando se declara un incendio, también realizan posteriormente la investigación de las causas ya que cuentan con la formación necesaria para ello.
Pesca en Arroyo Frío
A escasos kilómetros de Cotillas se encuentra Arroyo Frío. Este enclave se creó junto al nacimiento del río Frío y constituye una pequeña laguna de aguas gélidas de color turquesa en la que no falta una presa. Hasta allí se desplaza periódicamente la patrulla de Riópar para comprobar que se cumple con la normativa de pesca escrupulosamente.
Arroyo Frío es un coto especial de pesca. Ayer, en base a la orden de Agricultura y Medio Ambiente, se abrió el periodo de pesca en esta zona donde sólo se pueden extraer truchas arco iris. En caso de que el pescador capture una trucha común debe devolverla de nuevo al agua. Asimismo hay que respetar el tipo de anzuelo establecido para la pesca en este lugar.
«El problema que tenemos aquí y en otros cotos es que entre los juncos nos meten sedales durmientes y es complicado detectarlos», indica Jiménez. Se trata de un cebo con un sedal, muy fino, que se mete entre la maleza. Las truchas pican y posteriormente las piezas son recogidas. Una práctica que provoca que en muchas ocasiones cuando empieza la temporada de pesca apenas si haya ejemplares.
Éste no es el único coto objeto de la vigilancia de esta patrulla de la Guardia Civil. Controlan un total de tres cotos tanto de baja como de alta montaña. Mantener el caudal ecológico es una de las prioridades.
En el desarrollo de l trabajo que llevan a cabo en esta patrulla, como en el resto de las que componen el Seprona, la coordinación con agentes medioambientales, Fiscalía de Medio Ambiente, forestales y personal de extinción y prevención de incendios es fundamental.
También es esencial seguir reciclándose ya que la normativa en materia medioambiental avanza muy deprisa. Y por supuesto se requieren condiciones físicas ya que tienen que trabajar en lugares cuyo acceso no es fácil, o estar habituados a conducir una moto de campo por escarpadas pistas forestales.
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El cabo Julio Jiménez en una visita rutinaria a Arroyo Frío. :: ESPARCIA


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