Aunque parezcan situaciones y hechos más lógicos de los años de la Inquisición y de la esclavitud, han sucedido en plenos inicios del siglo XXI, en una capital como Albacete y en bares donde es habitual tomarse unas copas. Y en ocasiones han sido permitidos y no excusados por empresarios hosteleros que cuentan con la admiración social.
En los últimos meses y al menos que se tenga constancia, se han presentado hasta seis denuncias por delitos de discriminación racial en algunos locales de copas de Albacete, que bien han impedido la entrada a jóvenes de color o le han recriminado actitudes que al resto de clientes no se les recriminan.
Ante estos hechos, el Colectivo de Apoyo a Inmigrantes de Albacete, apoyado por otras organizaciones y personas a título individual, ha iniciado una campaña para denunciar estos «actos xenófobos» que se están sucediendo en los bares y pubes de la capital, algunos de ellos hasta con violencia.
En la presentación de la campaña 'Aquí cabemos todos. ¡Albacete por la inclusión!', el portavoz del Colectivo de Apoyo a Inmigrantes, Javier Marcellán, informó de que ya son cinco o seis las denuncias presentadas ante la Fiscalía por estos hechos xenófobos, contra los que el CAI se presentará como acusación particular. «Sabemos que la Fiscalía se está tomando estos casos con mucho interés», dijo Marcellán, que aseguró que ya se están produciendo las primeras declaraciones. En cuatro de las denuncias presentadas, Marcellán explicó que en dos episodios se produjo un trato de exclusión «más o menos» pacífico por ser negros, mientras que en otras dos sucedieron acontecimientos violentos con agresiones físicas que requirieron de asistencia médica y han dejado hasta secuelas en una pierna y hematomas en el rostro que ahora le impiden trabajar en los planes especiales de empleo del Ayuntamiento para los que fue seleccionado.
Colectivos vulnerables
El portavoz del CAI insistió en que la nueva campaña no solo está centrada en la defensa de los inmigrantes sino en todo tipo de colectivos más vulnerables que se sientan excluidos y discriminados por el hecho de no ser iguales a la mayoría. Por ello se ha abierto una cuenta en Faceebock para conocer todos los casos y episodios que la gente y acompañantes quieran denunciar.
En su primera fase, esta campaña contra la xenofobia en Albacete ha editado un díptico que informa sobre las claves del derecho de admisión y los abusos discriminatorios que se cometen por este Real Decreto.
En este sentido, Javier Marcellán explicó que, al cometerse un delito de discriminación racial, se puede presentar una reclamación en cualquier oficina de información al consumidor (Omic), que la elevará a la Junta de Comunidades, al Defensor del Pueblo y a la delegación provincial de Industria. Será la Administración regional la que decida si la exclusión es un delito penal y, si es así, lo ponga en manos de la fiscalía.
Por su parte, Emilia Parreño, adherida a la campaña a título particular, lamentó que en estos tiempos se esté asistiendo a un retroceso en la tolerancia con actitudes que «hay que frenar ya», no sólo porque perjudique al colectivo de inmigrantes, sino porque estos actos también han afectado a usuarios de sillas de ruedas, ciegos con perros guía y a personas que, por su estética, les han prohibido la entrada a los bares de la zona.
Por ello, el CAI se ha puesto en contacto con asociaciones de gitanos, jóvenes y discapacitados, entre otros, para que se adhieran a una campaña que lleva por logotipo una puerta abierta para lanzar el menaje de que «aquí cabemos todos».
Héctor García, de la Asamblea de Cooperación por la Paz, quiso manifestar «todo su apoyo» a los jóvenes que se sientan excluidos de los bares y consideró muy importante que éstos sepan que existen mecanismos y cauces para denunciar actitudes de este tipo, denuncias que se ponen en conocimiento de la Policía para que investigue la responsabilidad.
Finalmente, el excoordinador provincial de Izquierda Unida, Luis Ángel Aguilar, quiso precisar que todos los casos de xenofobia se han producido contra negros y por razones «bastante arbitrarias» en las que los clientes han sido expulsados del local hasta con agresiones verbales y físicas. Incluso «se produjo otra agresión racista soterrada de ponerle a un joven la excusa de que no podía entrar en el bar porque ya había suficientes negros dentro».
También se ha dado el caso de cobrarles 2 ó 3 euros más por una consumición cuando van a los bares a ver los partidos de fútbol.