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El Museo del Niño cierra sus puertas por la insostenible situación de su infraestructura

16.03.11 - 00:45 -
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El cierre del Museo del Niño no tiene nombre, es casi ya incalificable. Dejadez, desidia, abandono, desfachatez..., cualquiera de estos calificativos se queda corto para adjetivar la crónica de una muerte anunciada. Aunque todos deseamos una pronta recuperación o resurrección de este recurso único en Castilla-La Mancha, de momento ha tenido que cerrar sus puertas porque la multitud de problemas que arrastra ya son inaguantables, insoportables e insuperables. Y es que, desde hace más de diez años, este denominado oficialmente Museo Pedagógico de la Infancia de Castilla-La Mancha no levanta cabeza y no deja de tropezar en la misma piedra. ¿Cuál? La que le pone constantemente la Consejería de Educación, Ciencia y Cultura, a cuyos responsables les va a salir tortícolis de tanto mirar hacia otro lado.
La situación de la infraestructura de este Museo del Niño y Centro de Documentación de la Escuela no para de agravarse. Desde hace más de un año, tres de sus cuatro salas de este centro están inhabilitadas y repletas de antiguos objetos y documentos, todos ellos pertenecientes a la historia de la educación en Albacete, provincia y Castilla-La Mancha, que no pueden ser expuestos al público por las condiciones de inseguridad e insalubridad que reúne el Museo en toda su extensión.
Ante esta situación y por el temor al deterioro de los fondos del Museo, el Ayuntamiento se involucró, junto con la dirección del centro museístico, en la búsqueda de un local para trasladar todos sus fondos de forma provisional. Sin embargo, como ha explicado a este diario el director del Museo del Niño, Juan Peralta, «vimos hasta el chalet del paseo de Simón Abril, donde antiguamente estaba la Policía Nacional, pero costaba mucho dinero adecuarlo». Fue entonces cuando la delegación provincial de Educación decidió habilitar un nuevo almacén, tabicando una pequeña parte -unos 200 metros cuadrados- del sótano del colegio público Benjamín Palencia, justamente al lado de este recurso educativo y pedagógico. La culminación de este nuevo almacén ha obligado a la dirección del Museo a cerrar sus puertas, puesto que la existencia de una sola sala dedicada a exposición, se une la falta de personal encargado de atender a las visitas: «Yo solo no puedo con todo», explica Juan Peralta, que está siendo apoyado por un maestro jubilado en las tareas de traslado de los fondos del Museo al nuevo almacén, al objeto de desocupar las tres salas y recuperarlas como espacio expositivo.
Causas del cierre
Para justificar este cierre, Juan Peralta enumera tres causas principales: la primera de ellas, la inseguridad que provoca una infraestructura por la que no se puede circular convenientemente, la segunda, la falta de personal que atienda las visitas de una forma adecuada; y la tercera, la ausencia total de presupuesto por parte de la Junta de Comunidades, propietaria de este Museo del Niño de Albacete. «Llevamos más de un año sin dinero alguno; dos de las cuatro salas del Museo llevan cerradas cinco años y necesitan una reparación para reabrirlas al público, pero no tenemos ni un solo euro», asegura Juan Peralta. Todo ello a pesar de que este Museo es propiedad de la Junta de Comunidades, que en 2003 recibió la cesión de todos sus fondos. Sin embargo y hasta el pasado año, ha sido el Centro de Profesores y Recursos (CPR) de Albacete el que se ha hecho cargo de los gastos anuales de este recurso cultural, al que dedicaba entre 10.000 y 18.000 euros anuales.
Ahora, con la crisis y la reducción de los presupuestos, el CPR no se puede hacer cargo de este presupuesto, por lo que el Museo sobrevive gracias a los 30 euros de cuota al año que ingresan su medio centenar de socios y al 'bolsillo' de su director, puesto que desde la delegación provincial de Educación sólo se han colocado algunas estanterías para al almacén, unos cuantos tubos fluorescentes y se ha comprado algo de droguería. «Ayer tuve que comprar raticida para el almacén y lo pagué de mi bolsillo; y el maestro jubilado que colabora conmigo se ha tenido que traer la estufa eléctrica de su propia casa, porque pasamos mucho frío».
Hasta la fecha, la delegación se ha hecho cargo de la pintura de la sala de proyecciones, reconvertida en oficina y archivo para la atención del público.
La lamentable historia que arrastra tras de sí el Museo del Niño hace que su director se muestre ya muy cansado e impacientado hasta afirmar que para la administración pública «el Museo no existe; todo son buenas palabras, pero los hechos hablan por sí solos. Envié una carta a Barreda y me contestó su secretaria diciéndome que habían recibido mi queja y le daría trámite».
Es cierto, su voz suena cansada y reconoce haber pecado de prudente: «Si no fuera por los socios y por los voluntarios, el Museo habría desaparecido, no hay nadie para atender las visitas o alguna urgencia, ¿qué pasaría si caigo enfermo?», se pregunta preocupado.
Por ello insiste en que la urgencia es un decreto del Museo que determine su funcionamiento y organización para garantizarle un futuro mucho más prometedor.
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