Hace 23 años, ocho oenegés formaron en Albacete la Comisión 0,7, para exigir que ese porcentaje de los presupuestos públicos se destinasen a cooperación. Hoy, la Comisión 0,7, de la que forman parte 17 organizaciones no gubernamentales mantiene su vigencia. Su nuevo portavoz es Alfonso Ponce, de Asamblea de Cooperación por la Paz.
-Dos décadas de lucha para conseguir que firmasen el 0,7 en el Ayuntamiento, y ahora no se cumple.
-Nos hemos encontrado con una crisis económica y financiera y de recorte de las partidas de cooperación en todas las instituciones. En 2010 ya no se cumplió con el 0,65% que se tenía que destinar, con lo cual dudamos mucho que en este 2011 alcancemos ese 0,7% comprometido. Somos conscientes de la situación actual, pero a la Comisión 0,7 nos gustaría que a la cooperación y educación al desarrollo se le diera la importancia que tiene.
-A nivel autonómico, ¿cuál es el compromiso con el 0,7?
-Estamos contentos porque en Castilla-La Mancha estamos muy cercanos ya al 0,7%, el compromiso de la Junta de Comunidades ha sido apostar por la cooperación, y es de las pocas comunidades autónomas que en 2010 no recortó en solidaridad, junto con Navarra y Euskadi.
-¿Cómo y con qué criterios se reparte el 0,7 del Ayuntamiento?
-Una comisión técnica valora los proyectos. Algunos tuvieron que quedarse fuera por falta de financiación, no porque la ayuda que planteaban no fuese necesaria en esos países. Se tienen en cuenta los resultados esperados, número de beneficiarios y zonas geográficas prioritarias.
-¿En qué países creen que es ahora prioritario invertir?
-Vienen definidos por el plan director de la Agencia Española de Cooperación y lamentablemente se decide en función de los intereses que tiene España, en lugar de por razones humanitarias. Si vemos el mapa de África, las zonas prioritarias son de las que tenemos mucha inmigración o las costeras. Eso nos hace pensar que son prioritarias porque tienen bancos de pesca y permiten a empresas españolas participar ahí. Por ejemplo, Marruecos es considerado prioritario, cuando es un país con un desarrollo importante pero mal distribuido por su rey. Sin embargo, luego hay países subsaharianos con una pobreza brutal, pero que no tienen oro, ni coltán, ni intereses de empresas españolas... que se quedan fuera; entonces allí lo que hacen las oenegés tiene que ser sin subvenciones institucionales de la Agencia o de la Unión Europea, con otros recursos.
-¿Recursos que también habrán caído con la crisis?
-Sí, ha bajado todo, la ayuda oficial, pero también las aportaciones de particulares, empresas, fundaciones y cajas de ahorro, en 2010 sufrimos un duro golpe que previsiblemente se mantendrá.
Catástrofe
-Vivir en este primer mundo, ¿nos hace ser un tanto inconscientes?
-Siempre que hay una crisis las políticas sociales en general son las primeras en sufrir recortes. Se nos olvida que vivimos en un mundo en el que hay países, en el África Subsahariana o en América Latina, que llevan décadas en crisis, donde los derechos mínimos como el acceso a la sanidad o a la educación no están garantizados. Debemos pensar en un mundo globalizado, esas personas no han hecho nada para provocar esta crisis, pero se están viendo seriamente afectadas por estos recortes.
-Sin embargo, luego corremos a dar donativos cuando hay una catástrofe, es como si laváramos nuestra conciencia y luego nos olvidásemos de que los pobres siguen ahí, ¿no?
-Sucede que en cuanto desaparecen las imágenes del televisor, se nos olvida la tragedia. Un ejemplo lo tenemos con Haití, en las primeras semanas la sociedad civil se volcó en paliar los efectos del terremoto y tratar de que las víctimas tuvieran alimentos, tiendas de campaña, útiles de cocina... pero los efectos de una catástrofe en estos países duran varios años. No debemos olvidarlos, tenemos que seguir informados y exigir a las instituciones que esa ayuda inicial del principio la mantengan en el tiempo.
-¿Qué actitud debe tener alguien que se considere solidario?
-Hay que ser consciente del mundo en el que vivimos, estar informado de lo que ocurre en otras zonas del mundo, ver que en muchos sitios no hay procesos democráticos como los que tenemos en otras. Pero también hay que tener un consumo responsable, darse cuenta de los alimentos y productos en general que consumimos, ser cuidadosos con el medio ambiente...
-¿Es frecuente que les digan que no hay que ir al Tercer Mundo para ayudar a los pobres, que también aquí al lado hay gente necesitada?
-Cuando hablamos del 0,7, lo que estamos pidiendo es 'pobreza cero', más políticas públicas para amparar a personas que lo están pasando mal. Según un informe que manejamos de hace apenas unas semanas, un tercio de los castellano-manchegos tiene dificultades para llegar a fin de mes. Cuando hablamos de reducir la pobreza y de actitudes solidarias, no sólo lo hacemos por los países que lo están pasando mal, sino también por lo que ocurre aquí.
-Si dejasen de intervenir en cooperación al desarrollo, ¿qué ocurriría?
-La pobreza se haría máxima. Vemos con preocupación que en estos momentos de reducción de presupuestos y de carestía de alimentos básicos como el trigo, hay muchas personas que tienen dificultades para subsistir. Hay que ayudar por una cuestión de justicia social, porque la riqueza está mal distribuida, ya que la producción mundial de alimentos es suficiente para atender la demanda que hay y si hay pobreza es por una cuestión política. Si nuestros políticos y la sociedad civil organizada de los países del norte se pusieran de acuerdo y quisieran acabarían con ella.
-¿Porque entonces nunca entra en la agenda política?
-Hay muchos intereses económicos. Los mismos que impiden que se cree un impuesto del 0,05% sobre las transacciones financieras internacionales, sólo con este pequeño impuesto se solventarían muchos problemas de falta de educación, sanidad, acceso a agua potable en muchos países. Pero los que más tienen no se involucran y si ese pequeño impuesto no se pone a nivel global no funcionará, las fortunas se irán de un sitio a otro mientras no se supriman los paraísos fiscales.
-La propuesta del 0,7, ¿sigue siendo válida?
-El 0,7 es una propuesta de los años 80 y hoy, en el 2011, aún no se ha cumplido, sólo dos o tres países destinan a cooperación el 0,7% de sus presupuestos. Seguimos pensando que sí, que con el 0,7 se podrían cumplir los Objetivos del Milenio que se plantearon en el año 2000 con la meta de alcanzarlos en el 2015 y que hoy, en el 2011, sabemos ya que no se van a cumplir.
-¿No dan ganas de tirar la toalla?
-Hay que seguir ahí. Cuando la población civil se organiza y manifiesta de forma pacífica se pueden conseguir cosas, lo hemos visto con el caso de Salif Sy en Albacete. Somos más las personas que reivindicamos una sociedad más justa, lo que debemos hacer es movilizarnos y salir a la calle a pedir a nuestros políticos más respeto con los compromisos que adquieren.