Salif Sy se deshizo en agradecimientos, pero también tuvo reproches. El senegalés que hizo de Baltasar en la cabalgata de reyes, ha podido recuperar algunas de las fuerzas que se dejó en sus ocho días de encierro en Aluche, «sabía que tenía un pie en España y otro fuera», admitió ayer, consciente de que si ha conseguido frenar su repatriación ha sido «gracias a Dios y a los amigos». A ellos les dio las gracias en público, «sé que en estos ocho días no han podido ni comer, ni dormir, pendientes de saber cómo estaba Salif en Aluche», centro de internamiento donde según este senegalés no se trata como es debido a los extranjeros, «somos personas, no animales».
También se mostró agradecido con los albaceteños que se han solidarizado con su causa manifestándose en el Altozano el pasado jueves y con organizaciones como Amnistía Internacional, Izquierda Unida o Comisiones Obreras que han arrimado el hombro, «era difícil, pero gracias a ellos estoy aquí».
La historia del Baltasar albaceteño es de sobra conocida. Su salida en cayuco desde Senegal en 2006, su llegada a Madrid desde Canarias, su desorientación hasta que aprendió a ganarse la vida trabajando en el campo, hasta que recaló en Albacete, en el campamento de La Dehesa. Salif era un 'sin papeles' más, encerrado en ese círculo vicioso de sin papeles no hay contrato y sin contrato no hay papeles.
Y en estas que cometió el «error» que casi le ha costado la repatriación al Senegal del que huyó en cayuco, colocó su fotografía en la fotocopia de una tarjeta de identificación de otro compatriota y con esta burda falsificación se presentó en la comisaría para trabajar como traductor.
Su detención
La policía se percató de inmediato y la justicia lo condenó a seis meses de prisión y 540 euros de multa. Y lo peor, se puso en marcha un proceso para extraditarlo que a punto estuvo de culminar el día 7 de febrero, cuando fue detenido y en días trasladado al centro de internamiento de Aluche. Su siguiente destino iba a ser un avión, de esos que algunos miércoles fleta el Gobierno español para extraditar a senegaleses que se han atrevido a venir sin permiso.
Su compromiso matrimonial, se casará el 26 de marzo con María, una villarrobledense con la que mantiene una relación desde hace año y medio, y su arraigo en la ciudad, demostrado entre otras cosas por su implicación en oenegés como Asamblea de Cooperación por la Paz y la Alianza Hispano-Africana, le han salvado.
Salif ha podido conmutar la repatriación por una multa de 500 euros y ha conseguido un plazo de dos meses para regularizar su situación, unos papeles de legal que conseguirá una vez que se case con su novia, aunque también un contrato de trabajo o por la vía del arraigo podría conseguir esta regularización. «Soy un senegalés manchego, aquí tengo ya a mi media familia, aquí me casaré y si me dejais espacio me quiero quedar con vosotros», proclamó ayer.
El jueves firmó los papeles que le daban la libertad y lo que debería haber sido un momento de alegría, se tornó triste. Contó ayer que coincidió con Rosana, una boliviana que llevaba diez años en Albacete, donde vive con sus dos hijos, «la iban a repatriar dejando a sus dos hijos aquí», dijo alarmado Salif, tras quince días en Aluche fue liberada al mismo tiempo que Salif, «juntos cogimos el autobús de regreso a Albacete y mientras me contaba su historia olvidé mi situación».
Y es que, según contó el coordinador de Asamblea de Cooperación por la Paz, Alfonso Ponce, organizaciones como Amnistía Internacional les habían hecho llegar que en los últimos tiempos estaban aumentando las «repatriaciones masivas» de inmigrantes con cuyos países tiene España convenio de extradición, como es el caso de Senegal, «nos dicen que hay más casos y que en las grandes ciudades la Policía Nacional está pidiendo documentación en las bocas de los metros y en las paradas de autobús».
Ponce opinó que en estos tiempos de crisis, en lugar de recortar a la sanidad y la educación, deberían ahorrarse gastos como los que supone fletar tres aviones en un mes a Senegal para expulsar a ilegales, «creo que tenemos otras necesidades».
Salif hizo un llamamiento a las autoridades: «nosotros somos un vecino más de Albacete, que lo sepan» y se comprometió, igual que hicieron los representantes de Asamblea de Cooperación por la Paz y la Alianza Hispano-Africana a velar porque se respeten los derechos de los inmigrantes.