Si un juez no lo remedia en el último momento, este 26 de marzo el senegalés Salif Sy, rey Baltasar de la última cabalgata de Reyes, no podrá casarse con María, una villarrobledense, con la que lleva viviendo un año y medio.
Y lo más grave, denunciaron anoche sus amigos, es que una vez en Senegal no podrá volver a pisar territorio español en cinco años. «Queremos pedir por favor que no lo expulsen, su situación no es igual que la de otros sin papeles y aunque haya cometido algún error, que es humano, Salif ha trabajado mucho por las demás personas y está muy integrado, tanto que dice sentirse un manchego negro».
Este alegato salió por boca de Tiemoko Dembele, que junto a otras 150 personas, entre amigos y representantes de oenegés como Asamblea de Cooperación por la Paz, Alianza Hispano-Africana y la Asociación Senegalesa, así como de IU y CC OO, se manifestaron en el Altozano clamando contra su expulsión.
Salif Sy lleva más de una semana en el centro de internamiento para extranjeros de Aluche, temiendo ser subido en uno de estos aviones que el Gobierno español fleta para extraditar a compatriotas suyos 'cazados' en situación ilegal en España. Su vida de Salif, como la de muchos 'ilegales' llegados a España, no ha sido fácil. Sólo que este senegalés tiene la fortuna de haber encontrado buenos amigos, como María, Paqui y Alfonso, que han querido contar quién estaba detrás de ese disfraz de rey Baltasar.
Salif es uno más dentro de una familia numerosa y pobre de la provincia senegalesa de Casamance, una zona empobrecida, hasta hace pocos años azotada por la guerra y actualmente en un situación algo inestable, «no se debería extraditar a nadie a esta región», opinó Diemoko.
Hace cinco años, en noviembre de 2006, se embarcó en un cayuco para escapar de la pobreza extrema de una región donde la esperanza de vida no supera los 45 años. Tuvo la fortuna de desembarcar en Canarias y tras pasar por un centro de internamiento, fue trasladado a Madrid donde deambuló hasta que aprendió a ganarse la vida en España, casi siempre trabajando en el campo.
Ahogados en un cayuco
Un mes después de la travesía de Salif, sus primos y hermanos siguieron sus pasos, con la desgracia de que su cayuco naufragó antes de que la marina senegalesa pudiese rescatarles. Dos de sus hermanos y ocho primos murieron ahogados, sólo cuatro de sus primos sobrevivieron. Sobre Salif cayó la responsabilidad de asegurar la alimentación y los gastos médicos de la familia, su situación se hacía entonces más desesperada.
La angustiosa situación de un senegalés sin permiso de residencia y trabajo en España, le llevó a cometer un «error». Una «burda» falsificación de un carné, se limitó a colocar su fotografía en la fotocopia del carné de identificación que le cedió un compatriota, para poder trabajar como traductor de wolof, poular, bambara, mandinca...
Eso fue en 2008, entonces Salif vivía en el campamento de La Dehesa y su primer trabajo fue acompañar a un senegalés a la Comisaría de Policía. De inmediato, los agentes se dieron cuenta de que el carné era falso e iniciaron contra él un procedimiento judicial por falsedad documental, con lo que se ponía en marcha la orden de expulsión administrativa, ya que Salif había entrado de forma irregular.
Por este «error» fue condenado en noviembre a seis meses de prisión y 540 euros de multa, sentencia que recurrió alegando que si colocó esa fotografía fue por «la imperiosa necesidad de sobrevivir» y atender a su familia.
Alega, además, que durante el tiempo que usó esa documentación saldó la deuda con la Seguridad Social que tenía el dueño de los papeles y cotizó a su nombre. En la sentencia, explica Alfonso, no se dicta la orden de expulsión al tenerse en cuenta «su situación personal y su arraigo social en Albacete».
Pero la orden administrativa ha seguido su curso. El 7 de febrero, a las tres menos cuarto, agentes «de paisano» se presentaron en su casa «diciéndole que venían de la Subdelegación a realizar unas comprobaciones», cuando Salif les entregó su pasaporte, fue detenido. Aunque pidió que no lo esposaran, «le daba vergüenza, porque en el barrio todos le conocen», tras un «forcejeo» le pusieron las esposas.
Cuando su novia regresó a casa y viendo que Salif, sus amigos empezaron a buscarlo hasta que lo encontraron tres horas después en el calabozo, «nadie desde comisaría nos informó sobre su detención, ni le permitieron hacer llamadas». Con la ayuda de una letrada amiga, han interpuesto un recurso para frenar su expulsión, mientras sus amigos se preguntan por qué no lo detuvieron cuando salió de rey Baltasar.