Albacete no es una ciudad. Es muchas ciudades. Igual que un ser humano, alberga en su interior infinitas personalidades. A veces es Nueva York, como aventuró algo temerariamente Azorín, pero a veces es un pueblón manchego lastrado por prejuicios y convenciones que le impiden crecer. Albacete es una ciudad libre, símbolo internacional de la lucha contra el fascismo, pero también puede ser una trampa para personas que buscan vivir libre y dignamente.
Dos acontecimientos han venido a recordarnos ese carácter bipolar. El primero de ellos, la conferencia, programada por la Concejalía de Cultura, que ofreció Javier Rioyo el pasado jueves en la José Saramago. Rioyo, realizador de algunos de los mejores documentales de nuestra cinematografía, como Extranjeros de sí mismos, habló del Albacete cosmopolita, creativo, abierto al mundo por los cuatro costados. Recordó que, durante la guerra civil, nuestra ciudad albergó posiblemente la mayor concentración de jóvenes idealistas, escritores, intelectuales y artistas por metro cuadrado de todo el planeta, y se centró sobre todo en la presencia de, ¡ni más ni menos!, que Errol Flynn. En su autobiografía, Memorias de un vividor, el galán de Hollywood cuenta su paso por Albacete. Aquí sufrió un accidente por el que llegaron a darlo por muerto y que le obligó a permanecer hospitalizado un buen tiempo, y aquí se enamoró perdidamente, como mandan los cánones. Errol Flynn, que amaba la vida en todos sus extremos, que frecuentó tanto la gloria como el infierno, no deambuló por una simple capital de provincia, sino por la Babel de La Mancha, la capital del sueño igualitario, la capital de la lucha por la libertad.
Pero otro acontecimiento nos enfrentó al perfil oscuro de Albacete. En efecto, nos enteramos por una nota de prensa de IU de que Salif Sy había sido detenido y trasladado al Centro de Internamiento de Aluche. Salif, al contrario que Errol Flynn, no es famoso, aunque llegó a ser rey, el rey Baltasar de la última cabalgata. Llegó a España hace más de cuatro años en patera, o sea, que no acudió ninguna autoridad a recibirlo. Se encontraba plenamente integrado en la sociedad albaceteña. Colaboraba con Asamblea de Cooperación por la Paz, la Asociación de Senegalenses y la Alianza Hispano-Africana. Últimamente había aparecido en los medios reclamando alternativas para los inmigrantes que habían tenido que abandonar el campamento de La Dehesa: resulta difícil ignorar la extraña coincidencia entre sus declaraciones y su detención. Tan integrado estaba que incluso tenía fecha para su boda. Pero ahora, tras años de incertidumbres y esfuerzos indecibles, todo se ha venido abajo. El gobierno ha descubierto que meterle caña a los inmigrantes más vulnerables proporciona réditos electorales. Así, el pasado lunes 7 dos policías, cumpliendo con la estrategia marcada por los responsables de Interior, llamaron a su puerta y, una vez en la calle, lo detuvieron 'con lo puesto'. No tuvo tiempo ni de organizarse un pequeño petate o coger un dinerillo. Intentaron esposarlo como a un malhechor, pero él se negó porque nunca le había hecho mal a nadie, y al final se organizó un montaje policial absolutamente desmesurado. Durante larguísimas horas, su gente no supo nada de él porque no pudo ni llamar por teléfono. Si nadie lo remedia, le espera la deportación. En su desesperación, hace unos años Salif cometió un 'terrible' delito por el que se le deniega el arraigo: utilizar un carnet toscamente falsificado para poder trabajar y poder comer, insólito vicio que suelen tener estos exóticos africanos. Su caso raya la vulneración de los derechos humanos más elementales y muestra que nuestras actuales leyes migratorias son, perdón por la expresión, una mierda, porque Salif era (es) un albaceteño más. Su círculo de amistades ha organizado un acto de protesta para hoy mismo, a las 20:00h, en el Altozano. Todos los que rechacen este modelo de ciudad hostil y persecutoria deberían sumarse a ellos, por Salif y por todos los que, como él, quizá no tengan la suerte, al contrario que otros, de que los jueces asignados a sus casos pidan traslado o de que sus 'delitos' prescriban misteriosamente.