El comercio con solera, muchos ya de tercera generación, desafía a esta crisis que causa estragos anclados en los bajos de la calle Marqués de Molins, donde mayor número de joyas arquitectónicas resistieron a la piqueta de la especulación.
Si es cierto que dos franquicias, Benneton y la gallega Purificación García, una de las últimas firmas de prestigio atraída por el centro, reciben a quien llega desde el Altozano. Pero a continuación, entre oficinas de bancos (hasta 10 sucursales hay en toda la calle Ancha) está Jaque, tienda de moda regentada por Lorenzo López cuyo padre ya vendía textil en esta calle, o Yagüe con dos establecimientos en escasos metros. Calzados Sevilla y Gaes, del mismo propietario, las dos tiendas de cuchillería Simón o la joyería Mompó, por citar algunos, dan fe de que ésta ha sido siempre la calle comercial por excelencia.
Mompó, la primera joyería
Casi un siglo en Marqués de Molins
Vicente Mompó García no lo dudó en 1919 cuando dejó el pueblo valenciano de L' Ollería y el oficio de su padre, viajante de pieles, para cumplir en Albacete su «sueño» de ser joyero. Se asentó en el 15 de Marqués de Molins, y ahí sigue, al frente ya su nieto, Ignacio Mompó.
Su primer slogan: 'todo lo que usted deja hoy, lo puede recoger mañana', les dio «el prestigio de seriedad y formalidad que hoy conserva», eso sí, «en los primeros años, mi abuelo apenas dormía, la noche la dedicaba a hacer las composturas que le encargaban». Sólo había entonces en la ciudad un relojero y un grabador, por tanto, Mompó puede decirse que fue de los primeros joyeros que hubo en la capital.
Hoy, sólo en la calle Ancha hay cuatro joyerías, la última en abrir en 2005 fue la firma catalana Tous, de la mano de la ex mujer de José Bono.
De Cuba a Albacete
Setién, el óptico pionero
Pionero también fue Donato Setién, un cántabro que anduvo por Cuba y se instaló en Albacete con su Óptica Americana, «le indicaron que no había ópticas y aquí se estableció el 10 de mayo de 1926». Hoy, sólo a lo largo de la calle Ancha, se pueden comprar gafas en tres establecimientos.
Hubo un tiempo en que el negocio se rotuló como Óptica Setién, por la prohibición de utilizar el término 'americana', pero ya con su marca original sigue funcionando en el mismo local, regentado por la tercera generación del fundador. «La calle sigue siendo la principal, pero ahora comercial es toda la ciudad, montar aquí un negocio ya no es una apuesta segura como antes», opina Fernando Setién, que alaba la «fama» que cosechó el comercio local, «de ser uno de los mejores de España, por su seriedad y calidad».
De librería a papelería
Un local con historia
A su lado, sobrevive también la Papelería Roberto, que abrió en 1951 Laureano Gallego y hoy regenta su nieto, Juan Pedro. El negocio se ha adaptado a los nuevos tiempos, «antes se vendía mucho material de oficina y papelería, ahora vendemos más escritura y artículos del Quijote», incluso por Internet. El personaje literario está presente en una reliquia de esta tienda, su decoración que se mantiene casi intacta, y que heredó de la Librería Cervantes, fundada por el periodista Francisco del Campo Aguilar, en los 40 en ese mismo local.
El cierre de Legorburo
Ni Inditex, ni H&M
Todos se quejan de tener enfrente a Legorburo cerrado, pues si tuviese actividad saben que sería una auténtica locomotora comercial para la calle. «Legorburo fue un comercio que marcó pauta», rememora Fernando Setién, que no oculta la «rabia» que siente al verlo cerrado, «es una de las vergüenzas de Albacete», mantiene. Ignacio Mompó también se queja «amargamente» de este abandono «que ha marcado ya una década de la historia la ciudad». Dice que ya no sabe cómo pedir a las autoridades que medien para que estos dos bajos comerciales, propiedad de los herederos de José Legorburo, sean recuperados, y eviten que el centro de la ciudad termine despoblándose, «las ciudades que lo han consentido, lo han pagado bien caro, porque su centro es el de una ciudad fantasma». En el Ayuntamiento argumentan que sólo pueden intervenir por seguridad, pero no por razones estéticas.
Es difícil explicarse cómo un local situado en la mejor esquina de la ciudad puede estar tantos años cerrado. Que su ubicación es inmejorable lo demuestran los 'novios' que ha tenido, primero, en el 2001, la cadena Inditex, al parecer con su marca Massimo Dutti, trató de ocupar este bajo que hoy presenta un estado decrépito. Problemas en las obras de reforma dieron al traste con la operación, de hecho el asunto terminó en los tribunales que ordenaron la protección del inmueble.
Años más tarde, en 2007, el gigante sueco de la moda H&M lo intentó de nuevo, planteándose incluso ocupar el vecino edificio de Belda que no está protegido, pero terminó 'huyendo' del centro de la ciudad para instalarse en la galería comercial de Albacenter al no cuajar la operación inmobiliaria.