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Sistema de creencias y valores

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Sistema de creencias y valores

21.10.10 - 00:45 -
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Este fin de semana tuvimos la oportunidad de mantener una interesante conversación con el hijo de unos amigos que han pasado mucho tiempo fuera de España, viviendo en un cercano país europeo con el que nos unen muchos vínculos históricos y culturales. El joven se quejaba de la dificultad real de encontrar en estos tiempos un marco global de referencias ideológicas y culturales que, más allá del consumo y el 'dolce far niente', ayudaran a la juventud a tener ilusión por y proyección en la vida. En un momento concreto de la tertulia, el veinteañero pronunció una frase que nos impactó profundamente: «Si aprendo de mis experiencias probablemente tendré éxito en mi vida». A él y a toda una generación de jóvenes que sí quieren desarrollarse positivamente y contribuir a forjar con su esfuerzo un mundo mucho mejor que el que tenemos actualmente les dedicamos esta columna.
La inteligencia emocional es la capacidad para comprender a los demás para poder trabajar de manera cooperativa con ellos, a la par que nos ayuda a discernir y responder adecuadamente frente al humor, la forma de ser y los deseos de los demás, pero sobre todo es la clave para el autoconocimiento a través del manejo de los propios sentimientos y emociones para poder guiar la propia conducta de manera adecuada.
El vehículo de la inteligencia emocional es la verbalización. Es decir, cómo verbalizamos nuestras propias emociones y sentimientos. A través de la verbalización le damos fuerza al pensamiento y convertimos en sonido nuestras ideas. La palabra es tremendamente poderosa. Lo podemos comprobar en cada uno de los momentos de nuestra vida, prestando atención a nuestra forma de hablar, a cómo nos comunicamos con los demás y a lo que decimos en la comunicación.
Sin embargo, no somos realmente inteligentes (y eso va más allá de cómo expresamos nuestras emociones), si sustentamos nuestra realidad y, por tanto, nuestra emocionalidad, en un falso sistema de creencias y valores. Ciertos valores como la justicia, el amor, la libertad y la salud, a los que podemos denominar 'valores primarios' designan lo que es más importante para nosotros, es decir, lo que queremos alcanzar en nuestra vida. Estos valores son los que deberían dirigir realmente nuestra vida porque siempre, de una manera u otra, van a tener una influencia tremenda sobre el desarrollo de nuestras capacidades. ¿Por qué? Simple y llanamente: porque nos indican que esos mismos valores son los únicos que merece la pena alcanzar y defender. Ya lo predijo Erich Fromm en 'Ser y Tener' al decir que no es que los valores hayan cambiado, sino que se nos ha impuesto la cultura del 'tener', del consumismo, del pelotazo, del ganar dinero fácil, la preocupación por la apariencia, por la imagen externa, por las recompensas sociales fáciles, sin esfuerzo&hellip todos estos 'televisivos valores' constituyen una forma de narcisismo postmoderno que se refleja en el interés por la ropa, las marcas de los productos, las modas corporales, por salir en la televisión a cualquier precio&hellip, ¿Os suena...verdad?
Probablemente muchas de esas personas tienden a pensar que sus creencias son universalmente ciertas y esperan que los demás las compartamos también. No se dan cuenta que el sistema de creencias y valores es algo exclusivamente personal y en muchos casos muy diferente del de los demás. Nuestras creencias se forman a partir de ideas que confirmamos o creemos confirmar a través de nuestras propias experiencias personales.
Nuestros intereses se fraguan en el peso específico que conferimos a determinados valores que utilizaremos continuamente para juzgar lo que está bien y lo que está mal. Son etiquetas que utilizamos para indicar diferentes niveles de placer o dolor, afecto o desprecio, apego o desarraigo&hellip Al final lo más peligroso de una creencia viene determinado por la ferocidad de sus creyentes. La ironía de las guerras es que generalmente se justifican en la destrucción de determinados sistemas de creencias y valores que producen opresión y esclavitud moral utilizando armas más mortíferas que las de los enemigos. Por encima de quien se salga con la suya, hay valores como la tolerancia y la justicia que siempre deberían formar parte del eje 'querer-pensar-sentir' que fundamenta cualquier sistema de creencias y valores, con independencia de la cultura a la que se pertenezca, porque son los pilares maestros que dan coherencia y compromiso a las elites que lideran y orientan los grandes cambios generacionales de los que sin duda serán protagonistas nuestros jóvenes, especialmente aquellos que creen que aprendiendo de sus experiencias tendrán éxito en la vida, conscientes de la dificultad que implica abordar esta necesidad de una manera amplia y no solamente desde un punto de vista consumista.
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