La primera Feria Taurina de Albacete tras la prohibición de las corridas en Cataluña. Este hecho no podía pasarlo por alto el periodista albaceteño Pedro Piqueras, encargado anoche de pregonar la Feria Taurina del III Centenario.
De hecho comenzó haciendo un alegato en favor de la moderación, «ni el espectador de toros es un sanguinario, ni todos los antitaurinos son tan radicales», dijo, y abogó por huir del radicalismo, «no debemos dejarnos llevar por quienes malvada y conscientemente tratan de confrontar», y por dejar de «crear territorios hostiles».
«Hablar de toros en estos momentos de crispación es desnudarse un poco», confesó, y lanzó un «mensaje de afecto» a toreros, ganaderos, empresarios, «que por tan malos momentos están pasando, por ellos pregono esta feria taurina, un acontecimiento fundamental en mi queridísima Feria de Albacete». Pidió respeto para los distintos puntos de vista y ofreció el suyo. Como aficionado a la fiesta, quiso defenderla, pero apuntó la posibilidad de que los toros tengan que evolucionar, «no lo han hecho en mucho tiempo y quizás tengan que hacerlo». Buscar «salidas imaginativas e inteligentes» que permitan defender la fiesta del toro en una sociedad moderna, algo que no se ha hecho en Cataluña donde la prohibición de las corridas «no es consecuencia de un debate sobre el futuro de la tauromaquia, ni del sufrimiento animal», sino que se ha ligado a una «actitud política identitaria ligada al frentismo».
La figura de Sánchez Megías
En su pregón, el periodista quiso poner de manifiesto esa relación que esa «parafernalia corolista», al que definió como «espectáculo insólito», siempre han tenido con la cultura, «aunque se quiera negar». Y por eso evocó la figura de Ignacio Sánchez Megías, el célebre matador de toros, el escritor amigo de Lorca, autor de «una obra magnífica, como es 'Sinrazón'» y mecenas de la Generación del 27.
Las alusiones literarias estuvieron presentes en todo el pregón, tanto es así, que el periodista terminó con unos hermosos versos de Rafael Alberti sobre los bisontes de Altamira, mostrando su deseo de que los toros no terminen desapareciendo.
Los recuerdos taurinos de Pedro Piqueras se hunden en la memoria de su padre, seguidor de Pedrés, que fue el primero que lo llevó a ver una novillada a la plaza de toros de Albacete, cuando el periodista apenas tenía cinco años, «y aún lo recuerdo». Luego le llegaría la afición al mundo del toro de la mano de su mejor amigo de la infancia, Juanito Martínez, que terminó siendo torero, «el mejor torero de todos los tiempos».
No obstante, Pedro Piqueras confiesa no ser un «forofo del toreo», de hecho, perdió la afición, para luego después recuperarla.
«Soy un aficionado del tendido y he disfrutado con esta afición», declaró, mientras recordaba algunos de esos momentos en los que lo pasó bien en la plaza, «como una corrida de Asprona donde mi amigo Juan Martínez toreó muy bien». Y faenas como una de Paquirri en la que cortó dos orejas bajo la lluvia, los «redondos eternos» de Dámaso González, la «sabiduría» de Caballero y hasta el malogrado Chocolate, el espontáneo corneado en Albacete.
Porque Albacete siempre está ahí para Pedro Piqueras. Nunca falla y este año tampoco.
Los albaceteños respondieron a Piqueras llenando el Auditorio Municipal. La Banda de Pozohondo, un año más, puso los pasodobles.