E xisten dos circunstancias en la vida de todo hombre que generalmente le suelen llevar a perder los papeles. Una, cuando actúa como novio primerizo. Dos, cuando actúa como padre de la novia. Bill Clinton, pasado el ecuador de su vida, se encuentra ahora en el segundo supuesto. Su hija, su única hija, se casa mañana. Y él, como Steve Martin en esa famosa película (hasta se parecen en lo blanco del pelo), está dispuesto a tirar la casa por la ventana. Así que ahí tenemos al bueno de Bill dándolo todo, igual que en su día tuvimos a Aznar: poniendo toda la carne en el asador y removiendo Roma con Santiago para que a su niña el día de la boda... 'Que no le farte de ná, que no, que no'. Porque si toda hija es para su papá una princesa, toda boda de una hija debe de representar para el orgulloso padre y padrino una auténtica boda real. Y da igual que éste sea demócrata o republicano, progre o conservador. Al padre de la novia, si es para su niña, todo le parece poco. Porque el padre de la novia, sea quien sea ( y total ya metidos a gastos), siempre acaba funcionando como un nuevo rico.
De modo que mañana, sábado 31 de julio, una fecha que a partir del año que viene ya sólo recordarán los novios (o volverá a dar la vuelta al mundo, en caso de divorcio), Chelsea Clinton, a la que hemos visto crecer, aquella tímida criatura que era todo rizos y aparato, se nos casa en una versión deVersalles, a la americana. La boda en sí es secreto de Estado (hasta en eso se han puesto estupendos Hillary y Bill), pero todo apunta a que se celebrará en la mansión Astor Courts del pueblecito de Rhinebeck, en plena campiña neoyorquina (que haberla hayla) y con 400 invitados como testigos. En términos machistas y retrógrados (todas las bodas lo son un poquito), se puede decir que Clinton casa 'muy bien' a la nena. Porque Chelsea, de 30 años, va a unir su destino al banquero experto en inversiones Marc Mezvinsky, de 32. Que el padre del novio haya estado unos añitos en la cárcel por fraude es sólo una pequeña mancha (y de eso Bill sabe mucho) en el expediente de los Mezvinsky que más vale no tener en cuenta. Porque si empezamos a rascar...
La mansión fue construida en realidad como casino y se encuentra actualmente en venta (lo está desde hace un montón de tiempo), pero no acaba de encontrar un comprador. ¿Una antigua casa de apuestas y encima en venta? Francamente, tal como están ahora mismo los sectores financiero e inmobiliario no concibo una metáfora mejor. Ya se ha filtrado que a la boda no irá Obama, pero sí Spielberg y Barbra Streisand. No.
A Liza Minelli creo que no se la espera. Aunque, tal como aseguran en 'Sexo en Nueva York II', si hay una concentración de 'gays' suficientemente grande... Tal vez se aparezca.