La Audiencia Provincial de Albacete ha condenado a un hostelero de la provincia por un delito continuado de abusos sexuales sobre una trabajadora de su establecimiento, aunque le absuelve de la acusación de otra trabajadora.
La Audiencia considera probado que el ya condenado, tras ofrecerle un trabajo, se dedicó a tocarle los pechos y el cuerpo cada vez que una de sus trabajadoras, que apenas estuvo en el establecimiento tres semanas, pasaba a su lado y a realizarle proposiciones de índole sexual. El propietario de este establecimiento también fue denunciado por otra de sus trabajadoras por abuso sexual.
Según la denuncia que ésta presentó, el acusado le ofreció un trabajo e incluso que se alojara en su vivienda. Ella aceptó el trabajo, remunerado con 1.500 euros mensuales, y la habitación que le ofrecía el que iba a ser su jefe.
Tres días después de que se fuera a vivir con él, el ahora condenado le dijo que quería tener relaciones sexuales con ella, relaciones que se repitieron hasta que abandonó la vivienda y el trabajo casi cuatro meses después.
No se puede probar
Aunque considera probado que existieron relaciones sexuales, la sentencia asegura que no se puede probar si existió algún tipo de fuerza física en las mismas, o si se llevaron a cabo mediante amenaza. Asegura que ambos tenían capacidad de juicio suficiente y que la víctima tenía capacidad para entrar y salir cuando quería tanto de la vivienda como del establecimiento.
El tiempo transcurrido hasta que presentó la denuncia (más de cuatro meses desde que comenzaron los supuesto abusos) y el hecho de que no existan datos objetivos de que sufriera algún tipo de maltrato, ni hay testimonios que corroboren su relato de los hechos, hacen pensar a la Audiencia Provincial que no hay abusos sexuales por lo que decide absolver al acusado por este delito.
Por el otro delito, la Audiencia Provincial le condena a dos años y dos meses de prisión (ya ha pasado uno en la cárcel), le prohibe acercarse a menos de 300 metros durante al menos tres años y deberá resarcir a su víctima con 1.000 euros por los daños morales ocasionados. En el transcurso del juicio el acusado negó haber abusado de ninguna de sus empleadas e incluso negó que había mantenido relaciones sexuales con aquella que residía en su propia casa y las acusó a ambas de tratar de cobrar las deudas que tenía con ellas tras acumular varios meses sin recibir su sueldo.