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Gospel del desierto

En este vocalista y virtuoso del laúd árabe se hermanan la música sufí y otras corrientes de sonidos místicos con el jazz contemporáneo

26.07.10 - 00:28 -
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El grito de Dhafer Youssef satura el alma. Asusta escucharlo de cerca, porque te apremia de pronto ese pánico instantáneo de sentirse acariciado allá donde no llegan los dedos, como quien ve acercarse a alguien con todas las llaves que abrirán todas las puertas sin que nada puedas hacer. Y eso acojona. Uno no se desnuda en la primera noche, delante de un tipo tunecino sin pelo, por mucho que tenga las llaves, la contraseña de tu corazón blindado, las claves cifradas del alma. En este vocalista y virtuoso del oud, el laúd árabe, se hermanan la música enraizada en la tradición sufí y otras corrientes de sonidos místicos con el jazz contemporáneo. Cómo incorpora este instrumento ancestral, lleno de cadencias evocadoras y resonancias misteriosas al dúctil esqueleto jazzístico es para verlo, mejor dicho para escucharlo y sentirlo. La cumbre expresiva de su música llega con la vocalización de esas plegarias de sonido largo que resuenan en el corazón, con la voz de Youssef, sobrenatural en todos los registros, unos lamentos contenidos que alcanzan agudos prodigiosos capaces de cruzar el desierto sobre las dunas. Sobrecogedor cuando, en los momentos de máxima introspección, hace temblar el alma como el reflejo de una luna en el agua, y hace los momentos raramente ingrávidos. Una música llena de misticismo que nos toca de lleno a la familia mediterránea, que comparte sonoridades y pasado. Parte de su creatividad le ha llegado al tunecino del norte, ya que se relacionó con músicos de jazz noruego, que le aportaron nuevas corrientes del jazz europeo.
En el ecuador del segundo tema, cuando ya el auditorio había sucumbido a esa extraña magia de Dhafer, una explosión dejó el recinto sin luz y al cuarteto desenchufado. Sin amilanarse, terminaron en 'unplugged' el tema 'Suraj', una composición hermosísima de un disco anterior, 'Electric Sufí'. Cuando quiso Santa Iberdrola, el mágico cuarteto volvió para mostrar unas perlas del último disco, 'Abu Nawas Rhapsody', dedicado al poeta árabe de origen persa. Perlas como 'Odd Elegy', 'Khamsa' y 'Les ondes orientales'. En todos, la simbiosis del oud con ese pianista armenio de dotes privilegiadas, es una experiencia que deja huella. El joven pianista, torsionado sobre el teclado como si escuchara de su interior, establece auténticos diálogos consigo mismo, reconcentrado y sutil como una fina lluvia. Sus evoluciones en solitario se convirtieron en otra joya de la noche, fascinante al unísono con el tunecino. Hay quien se marchó antes de que empezara el segundo concierto, con la esperanza de que su hondo grito y la belleza de su música les envolviera como un aura el resto de la noche.
Aún quedaba la fiesta. Un Luís Coloma en estado de gracia, que supura boogie woogie espídico y reconstituyente, con su banda española, encantadores y carismáticos, frente a frente con un auténtico pianista de blues de Chicago, Barrelhouse Chuck, vinculado a las grandes leyendas del piano. Coloma, como perfecto anfitrión, comenzó alternándose al piano y al órgano al compás del veterano bluesman, ya en clásicos como el 'Pinetop´s Boogie Woogie', el tema de Clarence Smith que dio nombre al género en los alocados veinte, o en las profundidades del blues. Coloma, que ya había comenzado a comerse musicalmente al de Chicago, se quedó solo para ofrecer un recital de genio, desde Rimski Kórsakov hasta el clásico romántico 'Harlem Nocturne', versionado con garra por el saxo. Un caudal inacabable de notas, guiños, fraseos velocísimos, sentido del humor y frenético ritmo es Lluis Coloma, arropado por su magnífica banda. Su mano derecha se independiza de la izquierda con total soltura, en una lección magistral de virtuosismo. Después volvió el de Chicago, para hacer aún más evidente la supremacía del catalán.
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Dhafer Youssef durante su actuación en Jazz San Javier. :: EDU BOTELLA/AGM

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