El primer alcalde de Al-Basit se llamaba Wahb Allàh. Su nombre aparece en el pergamino de la carta de una venta que hizo este 'qa'id' al Concejo de Alcaraz, fechada el 6 de mayo de 1306. Es un interesante documento que se encuentra en el Archivo Histórico alcaraceño y que dio a conocer en la revista 'Al-Basit' de 1979 el investigador Juan Antonio Pacheco Panagua, en un ensayo titulado 'Sobre la etimología árabe de Albacete', texto que contiene curiosas anotaciones en cuanto al asentamiento musulmán en nuestro territorio y la terminología de la época.
Alcaldes desde el siglo XX
Desde Gabriel Lodares Lossa, que ocupó el sillón de la Alcaldía en febrero de 1900, hasta Carmen Oliver Jaquero, actual presidenta de la corporación albaceteña, casi centenar y medio de alcaldes han regido los destinos de la ciudad en etapas políticas muy diversas y en una sociedad cambiante cuyo crecimiento ha sido intenso en los últimos tiempos y desde luego impensable en los primeros años del siglo. Una característica común entre todos los regidores fue la escasa duración de sus mandatos, a veces tan exigua que hubo alguno que sólo estuvo al frente del Ayuntamiento poco más de un mes, como es el caso de Antonio Sánchez Martínez, que tomó posesión a finales de agosto de 1923 y el 1 de octubre abandonó su puesto. Hasta 1924 se sucedieron veinte alcaldes, Jacinto Fernández Nieto permaneció seis meses, los mismos que Enrique Rubio Gómez; siete, Fructuoso M. Fernández-Rodríguez Nieto, y ocho Miguel Panadero López-Guerrero. José Cabot Jubany estuvo cuatro meses, de enero a abril de 1910. En 1927 nombraron a Manuel Falcó, de abril a octubre. Y después hay que citar, sucesivamente, a Dionisio Yánez, Estanislao Sánchez Ródenas, José María Blanc Rodríguez -desde abril de 1930- Virgilio Martínez Gutiérrez -que volvería a serlo en 1936- Juan López Jiménez y Aurelio Romero. El paréntesis de la guerra civil interrumpe la relación. El historiador prefiere ignorar esa etapa -«por elegancia, saltemos al año 1939», escribe-, así que en esa fecha encontramos a José María Martínez dirigiendo la vida municipal; a éste le seguirán Pedro Lamata Mejías, padre del político actual del partido socialista, Fernando Lamata. Manuel Lodares Alfaro, Eduardo Quijada Pérez, Juan Silvestre Miñana y Fulgencio Lozano Navarro. De 1950 a 1999, los primeros ediles serán Luis Martínez de la Ossa, Carlos Belmonte González, José Gómez-Rengel, Gonzalo Botija Cabo, Ramón Bello Bañón, Abelardo Sánchez Moreno, mientras que Salvador Jiménez abre el período democrático, y le suceden José Jerez Colino, Carmina Belmonte Useros, Juan Garrido, Manuel Pérez Castell y Carmen Oliver. Hay una relación amplísima de personajes, desde el comienzo de siglo, con nombres como los de Abelardo Sánchez García -que creó el Parque-, José Legorburo Oriola, con grandes aportaciones a la Feria, como Eduardo Quijada en su tiempo, y otros destacados albacetenses. Cada uno dejó un rasgo personal en el desarrollo urbano, y si a Cuervas-Mons le cabe la responsabilidad de la reconstrucción de la ciudad, Valerio Camino Peral, que era comandante de Infantería, asume el 19 de julio de 1936 un gobierno difícil y efímero. La gestión de Gabriel Lodares en la traída del agua fue decisiva, aquel alcalde recibió a Alfonso XIII en 1905, construyó el Pasaje, durante su mandato se hizo el Gran Hotel; le nombraron con toda justicia hijo adoptivo. Miguel Panadero López-Guerrero-«tenía un aire franciscano», dice el cronista -firmó un empréstito que permitió el desarrollo local. A Andrés Zamora se debió en 1909 el alcantarillado, y Virgilio Martínez fue el primer alcalde republicano. Por cierto, le cambió el nombre de una calle a Carlos IV, que había garantizado la supervivencia de Albacete, anegado por las aguas creando el Canal. El rótulo callejero se lo dio a Dionisio Guardiola, como ya contamos en estas páginas retrospectivas.
Lo demás está muy próximo, al alcance de la mano y de la memoria. Sierra Procomunal, Estadio, más saneamiento, otra reforma del edificio ferial, el Parque Lineal, el nuevo Ayuntamiento, el gran colector, el campus universitario, el Tribunal Superior de Justicia, Es fácil reconocer a sus promotores, y resaltar el esfuerzo y la ilusión por un Albacete mejor de los alcaldes de cada momento, en cuyo mandato ocurrieron siempre cosas extraordinarias. Aun estamos en ello.
Toda esta historia de alcaldes, maceros, varas de mando, tapices y reposteros y demás parafernalia municipal, constitucional o no según iban los tiempos, tuvo tres casas como aposento, la primera de todas en el siglo XVI, pasando más tarde el Concejo a la Casa Lonja de la Plaza Mayor en 1817; de allí se trasladaría el Ayuntamiento en 1879 al Altozano, a una finca del XVIII, propiedad de la familia Cortés Alfaro, que unos años después sería reformada. El proyecto fue de Martínez Villena, arquitecto de una generosidad extraordinaria. Era 1902 y entretanto se habilitó un local en el número 53 de la calle Mayor, que acogía las oficinas del Municipio. En julio de 1912 quedó terminado el nuevo edificio, con un aspecto que sufrió algunos cambios posteriormente -entre ellos la fachada de ladrillo cara vista- y que serían definitivos con una remodelación moderna y el aspecto interior que presenta en la actualidad, ya convertido en Museo Municipal. Fue el adiós a un inmueble entrañable, felizmente rescatado. La construcción del nuevo Ayuntamiento, en los jardines de la plaza de la Catedral, y en terrenos donde estuvieron la Casa de Socorro y el Parque de Bomberos, es la última imagen de una Casa Consistorial -con el Auditorio Municipal anejo- presidida por un gran reloj del que se eliminó su sonería.
Allí trabaja una corporación que tiene los meses contados, porque su mandato depende de la renovación prevista en el calendario electoral. Los últimos comicios fueron el 27 de mayo de 2007 y los próximos serán de marzo a mayo de 2011. Eso si no se produce el adelanto que relama con ansiedad el principal partido de la oposición. En todo caso será la cita para el hombre o mujer heredero de un alcalde moro, el primero de una vieja y apasionante historia.