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REPORTAJE

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02.05.10 - 01:45 -
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La fe no entiende de fronteras. Cuando una persona decide dedicar su vida a la oración, en el convento o en la parroquia no miran el color de su piel sino que ponen a prueba su alma. Si la inmigración ya representa un 14% de las realidad de las aulas de la provincia, no es de extrañar que ahora asome tímidamente al sacerdocio y a los conventos de clausura. Cientos de feligreses de la provincia ya escuchan la homilía de la misa dominical con acento suramericano. De momento, la Diócesis sólo tiene dos sacerdotes extranjeros, pero quizá sean ellos quienes acaben paliando la crisis de vocaciones y el envejecimiento de los presbíteros.
En los conventos de clausura la inmigración ya está presente en el 20% de las nuevas vocaciones. Las Franciscanas de Alcaraz han acogido dentro de su vida de clausura a Isabel y Ángela, que vienen de Kenia, y a Sor Isabel María, que llegó hace trece años de Perú.
El colombiano Dilson Rafael Acosta es ahora el cura de Viveros y el padre Fabián, argentino de Arrecifes, predica entre Riópar y Molinicos. Ellos representan sabia nueva para una Diócesis en la que dos tercios de sus sacerdotes superan los sesenta años. Desconocían dónde estaba Albacete, pero ahora no se arrepienten del giro que han dado a sus vidas.
El padre Fabián ya se mueve como pez en el agua por las tortuosas carreteras de la sierra albaceteña. En realidad, él no quería acabar en la provincia. Pidió el traslado a España, desde Buenos Aires, para acabar su doctorado en Derecho Canónico. Su intención era instalarse en Barbastro, pero la 'providencia' iba a desviar su camino bastante más de lo previsto. El 25 de febrero del año pasado llegaba a Albacete y ahora este sacerdote argentino se pasa el día entre Riópar, donde vive, y Molinicos, El Pardal, Los Collados, Cañada del Provencio, La Vegallera o La Alfera.
Todoterreno
Ni las nevadas y heladas de este invierno han frenado el ir y venir del cura argentino por las aldeas y pedanías. Ahora no cambiaría su destino por ningún otro, tanto es así que está esperando la visita de su madre, a quien alojará en la casa parroquial «lindísima» de Riópar.
El padre Fabián acudía a su cita con este diario de negro y con alzacuellos, imagen poco frecuente entre los sacerdotes de la Diócesis. No obstante, según reconocía, la indumentaria para él es lo de menos, pero confesaba con humor que ha podido comprobar que la Guardia Civil no para a los curas. «Me da igual ir en bermudas o en sotana, depende de la ocasión».
El padre Fabián estuvo de marzo a septiembre en Viveros, donde, como en Riópar, lo acogieron con los brazos abiertos. Y es que la llegada de la inmigración a las parroquias de la sierra está revolucionando a unos feligreses acostumbrados a la monotonía. El solo hecho de la novedad se ha convertido en la excusa perfecta para ir a misa. Además, a los riopenses les hace gracia el acento argentino.
Para él, como sacerdote, el cambio ha sido como de la noche al día. Ha pasado de una tierra cada vez más fría en el terreno religioso, como es Buenos Aires, a una provincia en la que vírgenes y santos están totalmente ligados a la cultura. No puede disimular su satisfacción cuando ve la iglesia llena, algo que no pasaba en su tierra. Si en Argentina el entierro se resume a una oración en el tanatorio, el padre Fabián no se lo podía creer cuando comprobó que aquí «acompañamos al fallecido hasta el cementerio».
Este sacerdote de 45 años se ha valido de su don de gentes para revolucionar Riópar, movilizando a los jóvenes y a las amas de casa. Tan pronto está oficiando misa como dando un curso de cocina argentina. Además, su vocación no comenzó como un deseo infantil. El padre Fabián se ordenó con 28 años. No comulgó ni hizo la comunión como el resto de los niños, pero a los 20 años no tenía duda de que quería hacer la carrera sacerdotal. Desde que llegó a Albacete, no hay día que esta provincia no le sorprenda.
No lo tenía pensado
Dilson Rafael Acosta fue quien cogió el testigo del padre Fabián en Viveros. «Lo mío fue lo más extraño de la vida. Nunca pensé en venir a España, pero una amiga me dijo que buscaban sacerdotes aquí y aquí acabé». Al padre Dilson le pasa lo que al padre Fabián, le delatan su atuendo, el acento y, en su caso, una cartera con el escudo del Real Madrid. Y es que la fe no está reñida con la afición al fútbol.
De todas formas, cuando le informaron de que su destino en España iba a estar en Albacete, concretamente entre Viveros y Povedilla, el padre Dilson tuvo que buscar en Internet porque no le sonaba ni en la comunidad de Castilla-La Mancha.
Cuando llegó, el sacerdote se encontró con parroquias más pequeñas que las que había tenido en Colombia y con una situación muy diferente. «La fe en mi país está mucho más viva». El padre Dilson pensaba que como su país fue evangelizado por los españoles aquí el fervor iba a ser mayor. Además, en su parroquia colombiana, la de San Sebastián, hubo un párroco español que ahora es santo, San Luis Beltrán, por lo que no le decepcionaron ni el paisaje ni sus gentes, pero sí la falta de jóvenes en las iglesias.
A este sacerdote le llamó la atención, como a su compañero argentino, que la provincia tenga procesiones y romerías multitudinarias y que esa misma avalancha de gente no vaya a misa. «Hay mucha religiosidad, pero religiosidad popular», explicaba.
Destino temporal
El padre Dilson llegó el 10 de agosto del año pasado y tiene un permiso de tres años para estudiar en España. En este tiempo le gustaría trasladar a Viveros las costumbres de su tierra, donde hay misa para niños y jóvenes. Él se ha encontrado con que en su parroquia hay mucha gente mayor, sin embargo «la juventud es apática». «Aunque en Colombia estamos invadidos por las sectas, hay una sed de búsqueda de Dios. La gente está volviendo a la Iglesia y cada vez hay más sacerdotes y más jóvenes, lo que da sensación de cercanía», explicaba.
Dilson Rafael Acosta está bien en la provincia de Albacete y contento, porque ha conseguido reunir a una veintena de jóvenes que acuden a la parroquia cada quince días.
Ya tiene asumido que España es así: «en misa veo poca gente, pero a las romerías acuden como avispas». Después de visitar el periódico, el sacerdote quiso aclarar, con humor, que aunque llevara una cartera del Real Madrid le tira más el Barça por el albaceteño Iniesta.
Sor Isabel María
La historia de estos dos sacerdotes nada tiene que ver con la de Sor Isabel María, ya que ella llegó a la provincia para pasar el resto de su vida en el convento de las Franciscanas de Alcaraz, dedicada a la vida contemplativa. Allí, convive con las religiosas españolas y con las jóvenes postulantes Isabel y Ángela, keniatas de 23 y 27 años.
Y es que, sin duda alguna, para vivir en un convento de clausura no basta con llamar a la puerta, la postulante tiene un año para que tanto ella como las hermanas puedan comprobar que su fe es tan fuerte como para la clausura. Así, llegó una hermana de Nicaragua que al final tuvo que regresar a su país, pero Sor Isabel entró para quedarse.
Esta franciscana nació en Perú en el seno de una familia numerosa educada en las religiosas del Sagrado Corazón. Ella supo desde los 8 años que su camino era el que sigue ahora en Albacete, pero llegar hasta el convento de Alcaraz no fue nada fácil.
Empezó trabajando en Perú como secretaria y no viajó a España hasta que tuvo todos los papeles en regla. Llegó como una inmigrante más y, como la mayoría, estuvo un año trabajando por horas con una familia de Madrid. Aún así, ella no abandonaba su idea y pidió a un párroco que mediara para entrar en la vida de clausura. Un día, este sacerdote la montó en el coche y, sin decirle cuál era el destino, la llevó hasta la puerta del convento de Alcaraz, para que la conociera la abadesa. A los tres años, hacía los votos perpetuos. Hoy es feliz disfrutando de la libertad que da vivir con la conciencia tranquila, dedicada a la oración.
¿Explicación?
No hay explicación terrenal para la clausura, para que 75 mujeres, el 20% de ellas inmigrantes, se pasen el día rezando en los conventos y monasterios albaceteños.
Ellas transmiten una paz interior que no es sino reflejo de lo que viven a diario. Ven cómo hay más problemas espirituales que materiales y rezan para que el mundo recapacite y se centre más en el querer que en el tener. Son las Carmelitas Descalzas de Albacete y Villarrobledo, las Franciscanas de Alcaraz, las Clarisas de Hellín y Villarrobledo y las Cistercienses.
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