El alumnado inmigrante lleva más de una década integrándose en las aulas de la provincia de Albacete, partiendo de la desventaja emocional que supone dejar la tierra materna y sorteando barreras como el idioma o la precariedad laboral de sus padres. Aún son extranjeros de primera generación; no han olvidado que en su país de origen permanecen familiares y amigos. Además, muchos de ellos arrastran en sus expedientes una vida nómada que les ha llevado por colegios de media España.
Si en el año 2005 la provincia de Albacete tenía a 3.500 alumnos matriculados, este curso son más de 5.500, el 14,9% del total, según los últimos datos publicados por la Consejería de Educación. Por tanto, en un lustro el número habría aumentado un 57%. Sólo en las aulas de Castilla-La Mancha habría niños de más de cien nacionalidades diferentes, de zonas tan remotas como Brunei, China, Bangladesh, Costa de Marfil o Jamaica.
La inmigración no ha dejado de aumentar en las aulas desde finales de los años noventa, aunque ahora se trata de un crecimiento paulatino. Si durante el curso 2008-2009 se matricularon 5.269 alumnos inmigrantes, en el 2009-2010 han llegado 5.573 a las aulas de la provincia de Albacete.
La mayoría de este alumnado abandona los estudios una vez terminada la Enseñanza Secundaria Obligatoria o cuando cumple los 16 años. Y es que, aunque no lideran ni el fracaso ni el éxito escolar, estos estudiantes afrontan dificultades económicas y sociales que marcan una diferencia. A lo largo de la última década, la Consejería de Educación ha tratado de igualar a estos alumnos con el resto a través de apoyos y refuerzos, como los ya desaparecidos equipos de apoyo lingüístico, sin embargo, estos recursos siempre han sido considerados insuficientes por los cinco sindicatos que conforman la Junta de Personal Docente.
El Plan de Igualdad en la Educación, el Plan de Atención a la Diversidad, actividades de mediación y coordinación, programas de interculturalidad y cohesión social o la edición de diccionarios para afrontar alfabetos diferentes, como el básico de Castellano-Árabe, son algunas de las herramientas con las que estudiantes y docentes tratan, no sin dificultades, de alcanzar la igualdad real en las aulas y, en el futuro, fuera de ellas. En la provincia de Albacete el alumnado inmigrante se ha concentrado históricamente en la capital, en los centros de la periferia y viejos barrios, en Hellín, Almansa, Villarrobledo, La Roda, Casas Ibáñez, Caudete y Tobarra. Es ahora, con la crisis económica, cuando se ve una cierta tendencia a abandonar la ciudad en busca del trabajo en el campo. Colegios como el Severo Ochoa, situado en la calle Pedro Coca, casi en la Circunvalación, han pasado de un 13% a un 8% de alumnado extranjero.
Escolarización
Eso sí, el proceso de escolarización es complicado. Estos alumnos pueden llegar a medio curso con un importante desfase curricular, lo que lleva a los centros a dejarlos en un aula acorde a su edad aunque no a su nivel. Con el fin de que el niño se integre mejor, se le saca de su clase para las asignaturas troncales, sin desligarlo de los de su misma edad.
Directoras, como Marilina López, del colegio público Severo Ochoa, aseguran que el sistema público tiene recursos suficientes para ayudar a estos estudiantes. Además, barreras como la del idioma, que para un adulto pueden resultar prácticamente insalvables, estos niños las superan en un solo trimestre. Colegios como éste de Albacete, con 398 alumnos, tiene 32 extranjeros, la mayoría de habla hispana, pero de zonas tan dispares como Colombia, Argentina, Paraguay, Perú, Bolivia, Bulgaria, Rumanía, Marruecos, Ucrania, Mali, Mauritania, Uruguay, Ecuador, Brasil, Cuba o Venezuela.
Marilina López aseguraba ayer a este diario que un alumno inmigrante es uno más en su colegio, donde no hay ni problemas de racismo ni estudiantes realmente conflictivos o complicados. Con apoyo, todos los estudiantes pueden subirse al carro del día a día sin grandes dificultades. Las aulas son un reflejo de la sociedad y, por tanto, la inmigración forma parte una realidad plenamente aceptada.
Un colegio del Centro de la ciudad, donde el precio de viviendas y alquileres es más caro, no tiene el mismo porcentaje de inmigrantes que los de la periferia o los de barrios como el del Ensanche, con edificios de cinco alturas sin ascensor. De todas formas, en la provincia de Albacete no se dan casos como los de las periferias de las grandes ciudades. En general, las aulas de los colegios públicos son heterogéneas. Y es que docentes como Marilina López ven en la inmigración una ventaja para el resto de los compañeros, para que aprendan a convivir con las diferentes culturas, religiones y costumbres. De hecho, su colegio celebra una semana de la inmigración donde los alumnos extranjeros enseñan a los demás lo que consideren más interesante de sus países de origen.