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La Felicidad de Ernestina

REPORTAJE

La Felicidad de Ernestina

20.03.10 - 00:41 -
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Compartir piso está a la orden del día. Los jóvenes se independizan cada vez más tarde. Estudiantes, inmigrantes, incluso ex parejas conviven en la misma vivienda con la intención de reducir gastos. Pero si los compañeros son un universitario y un mayor de 65 años que no se conocen de nada, la pareja resulta algo peculiar. En Albacete no es extraño, ya que el Ayuntamiento de la capital promueve desde hace más de 17 años un programa de convivencia alternativa por el que se han creado verdaderos lazos familiares.
Felicidad, con tan solo 18 años decidió «vivir una experiencia diferente» y rápidamente se puso en contacto con los asistentes sociales de la capital para participar en el proyecto. «El interés en un principio es económico, pero Ernestina ya es como mi abuela», explica Felicidad. Y es que para los estudiantes, el programa propone una alternativa de alojamiento en la ciudad. «En principio les suele mover la dotación económica, pero con el tiempo muchos afirman que se crea una verdadera familia», afirma la concejal de Igualdad, Maya Caulín.
Mediante este programa de convivencia, los estudiantes tienen la posibilidad de compartir piso con una persona de avanzada edad, o discapacitada, durante el curso escolar. Estos compañeros de piso tan especiales se prestan ayuda mutua, «los mayores que participan suelen necesitar compañía así como sentirse útiles, mientras que los estudiantes encuentran una familia y un alivio económico» explica la concejala de Igualdad, Maya Caulín. Hasta el momento, las subvenciones que se les proporciona oscilan alrededor de los 120 euros.
Experiencia enriquecedora
Desde el pasado mes de septiembre Ernestina y Felicidad comparten piso en Albacete. Ernestina, de 72 años de edad, salía de una depresión cuando cayó en sus manos la información acerca del programa de Convivencia Alternativa. Ernestina no lo dudó y se acercó hasta el Ayuntamiento, donde los servicios sociales encargados del proyecto le ayudaron a cumplimentar toda la información. «Mis hijos me animaron por que sabían que yo me sentía muy sola, y quería compañía», explica. Tras dos años de soledad, Ernestina afirma que se encuentra muy contenta desde que llegó Felicidad, «cuando se va los fines de semana la echo mucho de menos».
Las tareas del hogar se pactan antes de comenzar la convivencia, «nosotras lo hacemos todo a medias como si fuéramos abuela y nieta», apunta Ernestina.
En época de exámenes, por ejemplo, Ernestina se encarga de la comida, mientras que Felicidad se ocupa de que se cumplan los horarios. «Las personas mayores en ocasiones se dejan, y se olvidan hasta de comer, si tienen esto como una obligación se obligan a cumplir una rutina», explica Felicidad.
Felicidad permanecerá en casa hasta que finalice su curso escolar. Por el momento, Ernestina no piensa en el momento en que Felicidad tenga que abandonar su casa, pero lo que sí tiene claro es que el próximo año repetirá.
De este modo, la Concejalía de Igualdad pretende favorecer la permanencia de personas mayores o con capacidades reducidas en su propio domicilio, con el fin de prevenir la soledad y el aislamiento que como Ernestina, en muchas ocasiones sufren. «Incluso en los últimos meses, muchos mayores se han visto obligados a abandonar sus casas por motivos económicos o incapacidades, este programa puede ser una solución enriquecedora», comenta Caulín. Entre los requisitos para poder participar, el programa obliga a ser mayor de 60 años y tener una autonomía suficiente para las tareas cotidianas, mientras que en el caso del estudiante, tan solo es necesaria la voluntad para convivir y participar en el día a día, «pactando, eso sí, las tareas antes de compartir piso».
Gran aceptación
La pareja formada por Ernestina y Felicidad es tan solo un ejemplo ya que, cada vez son más las personas que deciden participar en ese proyecto. En esta ocasión un total de 27 participantes, 11 mayores y 16 estudiantes, convivirán hasta junio como cualquier otra familia. Muchos de los estudiantes son procedentes de otros países, «su familia se encuentra lejos y estas personas los acogen como hijos, mientras que consiguen reducir gastos», explica Maya Caulín.
Pese a esto, los estudiantes suelen ser más reticentes a la hora de solicitar esta ayuda. «A mis amigos se les hace raro, todo tiene sus pros y sus contras pero yo creo que repetiría», afirma Felicidad.
Para este curso 2009-2010 muchos mayores de 60 años se quedaron sin compañía por no cumplir alguno de los requisitos. «El 100% son mujeres, viudas y con una media de edad de 79 años», apunta la concejala. Mientras que por el momento no se a llevado a cabo con ningún discapacitado.
La relación de ayuda supone que la persona mayor comparte su vivienda a cambio de compañía, apoyo en determinadas tareas, en los gastos extra de la casa, como puede ser luz, agua y gas, incluso la seguridad que supone estar acompañado de una persona joven.
Del mismo modo, los estudiantes se benefician del alojamiento de manera gratuita y recibe una compensación económica en forma de beca. Se les ofrece 120 euros mientras que la persona mayor pueda valerse por sí mismo, si el apoyo por parte del estudiante es más intenso, la cantidad asciende a 180 euros. El Ayuntamiento de Albacete invierte en este proyecto un coste total de 29.400 euros, de los cuales la mayoría se destina a la concesión de becas.
Proyecto
Desde 1993 el Ayuntamiento de Albacete puso en marcha este proyecto intergeneracional. El fin es promover la solidaridad integral de diferentes sectores de la población, «poner en contacto a personas de que de otro modo no se suelen relacionar, es un programa muy bonito, se crean lazos muy fuertes entre los participantes», afirma la concejal de Igualdad. Durante el tiempo de convivencia el Ayuntamiento de Albacete realiza funciones de supervisión, mediación y acompañamiento para asegurar una buen convivencia. Pese a que hasta el momento ningún discapacitado se ha beneficiado de este programa, la concejal reconoce que en un futuro esperan muchas más solicitudes.
Los mayores y los alumnos Erasmus son los que más solicitan esta experiencia. «Los estudiantes muchas veces creen que les quitará tiempo, pero los mayores que no cumplen ciertos requisitos de autonomía se quedan fuera del programa, por lo que la edad no entorpece la convivencia, esperamos que el boca a boca siga funcionando entre los jóvenes», afirma Maya Caulín.
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