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«Viví para ver cómo se levantaba el Giner de los Ríos y ahora lo veo caer»

Albacete

«Viví para ver cómo se levantaba el Giner de los Ríos y ahora lo veo caer»

11.03.10 - 00:37 -
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Con chaqueta, camisa blanca, corbata celeste y pañuelo en el bolsillo. Herminio Picazo Bermejo recibe al periódico en el despacho de su casa. Con el pelo cano y sin bigote, pero Don Herminio aún conserva el porte imponente de antaño, de cuando era presidente de la Diputación. Sabemos que tiene 94 años porque la fecha de nacimiento figura en la página web de la Diputación, pero una simple mirada basta para calcular que el físico responde al de una persona, si acaso, recién jubilada. Pero si sorprendente es su aspecto, más aún resultan su lucidez y su increíble memoria. Fue vicepresidente de la Institución provincial con Manuel Lodares y estuvo en la presidencia entre 1949 y 1955.
Su carrera política fue breve, por «desavenencias» con el gobernador civil Rodríguez Acosta, sin embargo, Albacete debe a su empeño el internado de los capataces agrícolas, un pabellón de infecciosos, el conservatorio, la maternidad del Hospital Provincial y el Internado Benéfico Provincial, lo que hoy se conoce como Giner de los Ríos, en proceso de demolición.
Herminio Picazo recuerda que su cargo le supuso una lucha diaria, porque había un ministro murciano que siempre barría para casa. Tenía que sortear a este señor, porque no quería para Albacete lo que se pudiera llevar hacia Murcia, pero al final se las ingeniaba para conseguir lo que quería.
En aquella época, en plena posguerra, los niños, los enfermos mentales y las personas mayores compartían los mismos espacios y él se empeñó en separar a la infancia de aquel panorama. «Había que hacer algo. Ver a aquellos niños me encogía el alma», recordaba ayer a este diario. El caso es que no paró hasta conseguirlo. Sacó el dinero de donde pudo, encargó el proyecto a Baldomero Pérez, arquitecto de la Diputación, y dos meses después de que lo cesaran abría sus puertas el Internado Benéfico Provincial.
«Viví para ver cómo se levantaba el Giner de los Ríos y ahora lo veo caer», decía ayer. Hizo hincapié en el verbo «vivir» porque el hecho de ser militante de Falange Española le llevó a estar a las puertas de la muerte. Aún hoy se pregunta agradecido quién sería el personaje anónimo, seguramente republicano, que intercedió por los presos de Quintanar de la Orden. Mataron a su tío y a su padre, pero cuando les llegó el turno a su hermano y a él, la historia dio un giro y acabaron en el penal de Chinchilla. Allí pasaron todo tipo de penalidades; en Chinchilla se helaban hasta los vasos de agua, pero contaban con un alcalde contrario a los fusilamientos, por lo que tenían garantizada la supervivencia. Recuerda de aquella época el hambre, el frío y, sobre todo, la incertidumbre.
La amenaza
Herminio Picazo no ha olvidado la Guerra Civil. No guarda rencor, aunque reconoce que se siente incapaz de perdonar. Cuando estalló la contienda tenía 21 años y su hermano 19, lo que no impidió que fueran considerados «peligrosos». Sufrió los asesinatos de su padre y de su tío y vivió tres años bajo la constante amenaza de muerte, viendo cómo siempre se quedaba a las puertas. Herminio Picazo se siente orgulloso de que en su época los presidentes de la Diputación no cobraran. Es más, la cantidad que se recibía por asistir a las sesiones se daba a las monjas, ya que eran quienes estaban más cerca de los pobres, del hambre de la posguerra. Además, no reniega de nada. Reconoce que «la dictadura tiene eficacia, pero se pierde libertad». De hecho, ayer aseguraba que «siempre he preferido la democracia». Este rodense se hizo de Falange «para oponerme a la dictadura del comunismo». Hoy reconoce que el Franquismo no llegó a aplicar toda la teoría de José Antonio.
Su edad y su experiencia le permiten analizar la situación de España desde una óptica diferente al resto. Herminio Picazo no habla mal de nadie. Recuerda que la Seguridad Social la levantó una dictadura y tiene la certeza de que no desaparecerá con la democracia. «Al final se buscarán las fórmulas que sean necesarias para que nadie pierda su jubilación». Y es que considera que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, «debe ser muy inteligente, pero está muy equivocado».
En la cárcel
La vida de Herminio Picazo durante la Guerra Civil fue, como el mismo reconoce, de película, aunque con un triste final para quienes más quería. Estuvo en la cárcel de La Roda, ciudad donde nació y donde le sorprendió la contienda, en Quintanar de la Orden, en el cuartel de la Guardia Civil de Albacete, en la cárcel de la capital, en el penal de Chinchilla y, finalmente, acabó haciendo trabajos forzados en Valencia. Llegó a comer raíces y hojas de árbol para matar el hambre. Al final, incluso guarda buen recuerdo de los guardas de asalto que lo vigilaron mientras picaba piedra. «Eran buena gente, nos decían que por Dios, que no nos escapáramos».
Su versión de las Brigadas Internacionales nada tiene que ver con lo que se ha publicado hasta el momento. Él cree que los primeros llegaron a España de corazón, defendiendo sus ideales, los del comunismo, sin embargo, tiene la certeza de que los que llegaron después eran personas de dudosa reputación y con un fondo bien distinto. Recuerda el caso de uno de ellos, al que se avaló para que el Régimen no lo tocara. Si no fuese porque murió en accidente de tráfico, Picazo tiene la certeza de que aquel brigadista habría montado una academia de alemán, que era lo que quería, y se habría integrado en el Albacete de la dictadura.
Terminada la guerra, lo único que quería este rodense era sacarse unas oposiciones y vivir tranquilo, ya que se licenció en Derecho por la Universidad de Madrid en 1935.
Sobrevivió a la Guerra Civil; fue juez de primera instancia a su pesar y miembro del Cuerpo Jurídico Militar; pasó página de su breve etapa política y, como aprobó las oposiciones de técnico de la Administración del Estado, Herminio Picazo dirigió las delegaciones del Instituto Nacional de Previsión de Zamora y Albacete hasta 1978, cuando se jubiló. Hoy vive tranquilo en su piso de Albacete.
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Herminio Picazo, ayer, viendo en papel lo que la página web de la Diputación publica de su etapa como presidente. :: LA VERDAD

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Imagen de archivo del Giner de los Ríos cuando aún funcionaba como colegio. :: LA VERDAD


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