El robo de animales es algo que se ha producido desde que se domesticaron las primeras reses de ganado, sin embargo y aunque no es un fenómeno nuevo, las operaciones realizadas en los últimos tiempos por la Guardia Civil, han sacado a la luz el robo de los animales empleados para la caza o relacionados con ella. Si en 2008 la operación Harry de la Guardia Civil puso en el punto de mira el robo de galgos, con una actuación a escala nacional, con gran repercusión en Albacete, donde se detuvo a 19 personas, se practicaron 29 registros y se recuperaron 113 perros. Este año, la operación realizada por la Benemérita en la calle Juan de Toledo, el pasado 21 de enero, que se saldó con la detención de dos personas y la recuperación de 34 palomos deportivos sustraídos, ha puesto de manifiesto la existencia de mafias dedicadas al robo de estas aves. El robo de palomos deportivos es una práctica conocida desde hace tiempo por la Guardia Civil, ya que en la misma Operación Harry se recuperaron algunas aves de éste tipo. El por qué de los robos de estos animales, se debe al elevado precio que pueden alcanzar y es que por un galgo campeón se puede llegar a pagar más de 30.000 euros y más de 18.000 euros por un palomo. Aunque su precio es mucho menor, ya que ronda los 100 euros, últimamente también se ha unido a éste triste club de animales de caza robados el hurón.
Resultados
El pasado año en la provincia de Albacete se sustrajeron un total de 180 palomos, en diez robos diferentes. La operación realizada el pasado 21 de enero en la calle Juan de Toledo, llevada a cabo por el equipo de investigación de la 2ª Compañía de la Comandancia de Albacete, permitió que se esclarecieran siete de estos robos, sin embargo sólo se lograron recuperar 34 aves.
Los robos esclarecidos tuvieron lugar en Albacete, Santa Ana, Motilleja, Pozohondo, Corral Rubio y en la localidad alicantina de Villena. Esto hace pensar a los miembros del equipo de investigación de la Benemérita que existe una mafia que roba y distribuye este tipo de aves.
En lo que se refiere a los galgos, tras la operación Harry y la operación Clavijo, no cabe duda de que hay mafias dedicadas al robo de perros, que trabajan por todo el país, lo que complica enormemente la recuperación de los canes. Sin embargo, gracias a estos operativos los robos de galgos han descendido enormemente, como asegura el cabo 1º del equipo de investigación de la segunda compañía. «Desde que se realizó la Operación Harry, el robo de galgos ha descendido un 50%».
Los hurtos de palomos, según la Guardia Civil, se producen principalmente en el ámbito rural y los delincuentes no dudan en acercarse a provincias cercanas como Cuenca, Toledo, Alicante o Murcia para perpetrar los robos. Los autores de estos hurtos fuerzan cerraduras, candados, puertas, ventanas o mallas para acceder a los lugares en los que se guardan las aves, aunque a veces también optan por el escalo. Para trasladar a estas aves y huir del lugar, utilizan furgonetas o vehículos de grandes dimensiones. En el 90% de los casos actúan de noche.
En lo que se refiere a los galgos y según lo averiguado en operaciones como Clavijo o Harry, los integrantes de estas organizaciones cuentan con intermediarios que seleccionan a los mejores animales y se desplazaban a los puntos donde se celebran ferias, concursos o mercados, para intentar conseguir perros con excelentes cualidades para la competición.
Seguimiento
Una vez seleccionado el objetivo, intentan comprarlos y si los propietarios se niegan, realizan un seguimiento, con el fin de sustraerlos. Para cometer el robo se aprovecha la ausencia de los dueños del lugar y tras forzar cerrojos y puertas se hacen con los animales. Estos delincuentes suelen ser más agresivos, ya que si la vivienda o el lugar donde están los animales está siempre ocupado, no dudan en asaltar a sus dueños en plena salida e intimidarlos y amenazarlos para que no denuncien los hechos. Para evitar robos y extravíos, los pichones son anillados a los quince días de nacer con un material que combina aluminio y plástico, que no se puede quitar sin romper, ni volver a poner. Dicho anillo lleva una numeración, que se corresponde con una placa que posee el propietario legítimo. Esto hace imposible que un palomo robado pueda participar en competiciones, puesto que con el anillamiento sería rápidamente localizado.
Por otra parte, los palomos son pintados de colores muy llamativos por todo el cuerpo, con el fin de ser identificados con facilidad. Por todo esto, los ladrones lo primero que hacen al robar uno, es quitarle la anilla y repintarlos, para evitar su identificación. Al no poder competir con ellos sin anilla, los palomos son utilizados para entretenimiento de los delincuentes, ya que en la mayor parte de los casos son aficionados a la colombicultura. En los casos en que son vendidos, puesto que su valor es elevado, son utilizados para la cría de futuros campeones.
Identificación
La única identificación obligatoria de los galgos es el microchip, para anularlo los delincuentes realizan un corte en el lugar en el que está implantado, que es fácil de localizar, puesto que lo más común es que esté en el cuello y se procede a la extracción del mismo. Hacerlo pasar después por un perro adquirido legalmente es fácil, simplemente basta con implantar el microchip de otro perro legalmente adquirido, pero con escasas cualidades para la competición, con lo cual pueden venderse sin problemas o usarse para competir, puesto que los ladrones suelen ser aficionados. Los perros no aptos se sacrifican, se abandonan o se usan de 'sparring' para entrenar perros de pelea.
En la operación Harry también se descubrió que se usaban intermediarios, que facilitaban a los ladrones lugares donde ocultar los animales un tiempo prudencial, a cambio de parte de la descendencia de los mismos.